Kirchnerismo se resigna a la idea de que Scioli será su candidato
El gobernador de la provincia de Buenos Aires ha sido, en los últimos años, un “enemigo íntimo”
Muchos comentan en Argentina que Daniel Scioli debería ser un caso de estudio para las facultades de ciencias políticas. A lo largo de su difícil convivencia con el kirchnerismo –primero como vice de Néstor Kirchner, luego como gobernador de Buenos Aires durante la presidencia de Cristina– se ha ganado fama de poseer un atributo infrecuente entre los políticos: ser incombustible. El núcleo duro del kirchnerismo nunca lo vio como uno de los suyos, y siempre ha pesado sobre él la sospecha de la traición. En parte por su pasado menemista, en parte por cultivar una política de conciliación y diálogo, en abierto contraste con el gusto kirchnerista por la confrontación y las luchas épicas.
Lo cierto es que en los últimos años Scioli ha sido objeto de un continuo intento de esmerilamiento por parte del gobierno, sin que ello haya logrado nunca mellar su popularidad. Scioli gobierna la provincia más conflictiva del país, con sus 15 millones de habitantes y una permanente crisis de financiamiento, además de un violento y pauperizado cinturón conurbano alrededor de la capital. En consecuencia, su dependencia financiera respecto del gobierno central es fuerte. Esto lleva a Scioli a soportar estoicamente insultos y desplantes sin amagar nunca con gestos de rebeldía.
Aun así, hay momentos en los que el gobierno lo empuja a situaciones límite, como cuando la provincia se quedó sin fondos para pagar aguinaldos a los estatales o para dar una mejora salarial a los docentes en huelga y el gobierno central se negó a darle auxilio. Fue allí cuando nació su fama de incombustible: para capear el temporal, Scioli debía recurrir a aumentos de impuestos con los cuales financiar las mejoras salariales, pero las encuestas demostraban que la gente no lo responsabilizaba a él sino al gobierno de Cristina Fernández.
Algo similar ocurrió con casos de desastre natural, como las recurrentes inundaciones con su saldo trágico de muertos y miles de evacuados. Son situaciones en las cuales queda al desnudo la severa falta de inversión pública en infraestructura. Pero, también en este caso, la opinión pública “disculpa” a Scioli y dirige sus reproches hacia el gobierno nacional.
En las últimas semanas circularon encuestas donde el gobernador vuelve a liderar, con 26% de intención de voto, y superando a Sergio Massa y Mauricio Macri, quienes, hasta entonces, parecían favoritos para pasar al balotaje.
El copamiento como plan B
Ante semejante comprobación sobre la capacidad de supervivencia política de Scioli, y también ante la evidencia de que ninguno de los candidatos del “cristinismo puro” termina de despegar en las encuestas, empezaron a notarse síntomas de que el kirchnerismo se resignará a que Scioli sea el representante oficialista en las elecciones de 2015.
Por lo pronto, mañana, cuando se cumpla el día del militante peronista, habrá un acto conmemorativo que el ámbito político ve, en realidad, como un lanzamiento informal de la candidatura de Scioli en representación del peronismo. Están invitados muchos gobernadores que habitualmente aparecen como alineados con Cristina, una situación que los analistas han interpretado como un intento de “poner un límite” a la presidenta. Es en ese contexto que el “núcleo duro K” –en particular el ala de intelectuales de izquierda y la agrupación juvenil La Cámpora–, que desconfía de la lealtad de Scioli, empieza a discutir cómo lograr que, ante la eventual llegada del gobernador a la Presidencia, mantenga la impronta del kirchnerismo, sin dar por tierra sus reformas estatizantes.
Y, sobre todo, se especula con una fórmula a la que Cristina ha recurrido en otras oportunidades: ante la imposibilidad de evitar su triunfo electoral, llenarle la lista de candidatos con “inflitrados” que lo controlen desde dentro. Así ocurrió en 2011, cuando la presidencia le impuso a Scioli un candidato ultra K para vicegobernador: Gabriel Mariotto, quien antes había estado a cargo de impulsar la polémica ley de medios. Evitar esa maniobra sin pelearse con Cristina es uno de los grandes desafíos de Scioli.
“Le van a poner el vice, los diputados, le van a querer comprometer ministerios, y le van a poner, si pueden, hasta el chofer y la secretaria. Pero Scioli es un milagro. Es un milagro que entre tanto esmerilamiento haya llegado hasta acá”, observa el analista político Jorge Asís.
En estos días, hasta se ha especulado que en las charlas de la residencia de Olivos se maneja la eventualidad de una fórmula Scioli-Kirchner, en la cual la vicepresidencia sería para Alicia Kirchner, hermana del fallecido Néstor, que responde ciento por ciento a Cristina. También se barajó la posibilidad de imponerle a Scioli una vicepresidencia del actual ministro de economía, Axel Kicillof. Aunque, claro, ello está condicionado a que el año próximo se supere la recesión y la inflación esté bajo control, para lo cual será necesario alcanzar un acuerdo con los fondos “buitres”.
El hecho es que, con mayor o menor grado de intervención e infiltración por parte del kirchnerismo, en las filas de Cristina ya se están haciendo a la idea de que su “enemigo íntimo” será el candidato cuyo nombre terminarán introduciendo en la urna.