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La alegría, y la tristeza, va por barrios y no se conforma el que no quiere. Estos dos dichos populares bien pueden aplicarse a los sentimientos que campean en el Partido Nacional tras una jornada electoral en donde las pérdidas y las ganancias no son tan sencillas de medir para Luis Lacalle Pou (Todos) y Jorge Larrañaga (Alianza Nacional).

En el caso de Lacalle Pou, cuando mira hacia el interior del país, se siente bastante conforme ya que sus candidatos retuvieron las cuatro intendencias que estaban en su poder (Florida, Flores, San José y Durazno). Sin embargo, se le escapó una victoria que se daba por segura en Artigas en caso de que, como ocurrió, triunfaran los blancos. En vez de ganar el favorito Julio Silveira (Todos), la intendencia quedó en manos de Pablo Caram (Alianza Nacional).


En Montevideo, la primera de las impresiones del renovado Herrerismo –y particularmente de su líder- tiene el sello de la derrota. La jugada que hizo Lacalle Pou al bajarle el dedo a la candidatura de Jorge Gandini (Alianza Nacional) para impulsar primero a Sebastián Bauzá –que se bajó por decisión propia- y luego a Alvaro Garcé resultó, en un sonoro fracaso.
El aparato lacallista en Montevideo no alcanzó para detener el avance incontenible del independiente Edgardo Novick que, con unas pocas semanas de campaña electoral, se quedó con la mayoría del Partido de la Concertación.

Novick no solo captó el voto colorado sino también el de muchos nacionalistas descontentos con la forma en que se manejaron las cosas en la interna de esa colectividad.
Pese a ese revés, en el grupo blanco Todos se consuelan festejando la victoria en los municipios CH y E –que, mayormente, comprenden barrios costeros- y resaltan que la presencia de los nuevos alcaldes blancos en Montevideo es una de las más llamativas novedades en esta elección.

A la otra ala del Partido Nacional la votación en el interior del país le deparó una sorpresiva alegría y una evidente tristeza. Larrañaga mantuvo el poder en ocho de las intendencias del interior del país dejando por el camino las de Paysandú y Río Negro, y rescatando las de Maldonado y Artigas.
La derrota en Paysandú fue un golpazo para Larrañaga, un hombre oriundo de ese departamento del que fue dos veces intendente. Pese a que presentó tres postulantes de su grupo para rastrillar la mayor cantidad de votos posibles, el Frente Amplio se quedó con “la heroica” por menos de dos mil votos.

Larrañaga tampoco pudo mantener a un intendente de su grupo en Río Negro pero se impuso imprevistamente en Artigas. Sin embargo, la victoria más festejada por los dirigentes de Larrañaga fue la de Enrique Antía en Maldonado quien, pese a que no pertenece al cerno de Alianza Nacional, estuvo de ese lado en las pasadas elecciones internas.
En Montevideo, los integrantes de las listas de Larrañaga siguieron la elección con muy poco entusiasmo dada la ausencia forzada de Gandini.

Sí se jactan de haber obtenido dos de los cuatro ediles que ganó el Partido Nacional en la capital donde el lacallismo fue mayoría en octubre. Los blancos recién comenzaron a analizar informalmente la suerte electoral corrida en las municipales. Con el paso de las semanas seguramente se reunirán para comprender qué se hizo bien y qué se hizo mal en los 19 departamentos del país.

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