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Matalo!", le gritan al boxeador desde las primeras filas frente al ring. "¡Meta hueeevo, que hoy hay que ganar!", canta la hinchada de la tribuna popular para alentar a su equipo. Por alguna razón, esos "hinchas" confían que con ese empuje lograrán la meta.

El grito de "matalo" es del hincha que exige el knock out inmediato, pero el boxeador sabe que su meta es ganar, no es arriesgar todo en una trompada para terminar perdiendo, no es descargar bronca contra su rival; es "trabajar" el combate para salir victorioso, tanto por tirar al adversario a la lona, como para ganar por puntos. El boxeador sabe que el combate tiene determinados rounds y que la victoria no la logra cuando quiere, sino cuando puede.

Los cantos de las "barras" futboleras son reclamos exigentes de gol a su equipo, pero el DT del club y los jugadores saben que el partido tiene 90 minutos, y que los goles no llegan en el momento que uno desea, sino que son producto de una combinación de toques hacia al arco rival.

Los que están en el ring, o en la cancha, deben moverse con racionalidad para ganar, mientras que las hinchadas son irracionales, y se mueven por el deseo de ganar, sin la responsabilidad de pensar una estrategia adecuada para ello.

En las relaciones políticas hay algo de todo eso, lo que ahora se hace más visible por efecto de "las redes sociales", que aunque se mueven dentro de micro climas que no comprenden a toda la opinión pública, son potenciadas a través de medios de comunicación.

La protesta impulsada por productores rurales de Paysandú y Río Negro, que tuvo contagio inmediato y fuerte en todo el país, permitió a ciudadanos opositores al gobierno encontrar un ámbito para expresar los sentimientos que tenían atragantados.

La queja por altos costos de producción que reducen o eliminan ganancias en negocios rurales expuso malestar de sectores de la sociedad que están en contra del gobierno, pero que también están disgustados con la oposición y con las gremiales empresariales.

Con el gobierno, porque discrepan con sus políticas; con la oposición, porque sienten que son blandos contra la administración Vázquez o porque no se juntan para ser mejor alternativa; y con las gremiales, porque entienden que exigen poco y son demasiado pacientes.

"¡Que se vayan!", "¡Hay que sacar al Frente del gobierno!", "No se banca más esta gente en el poder", son algunas de las expresiones que recorren los grupos de Whatsapp. No es lo que dicen los líderes de "los autoconvocados", pero es lo que dice gente común que aprovecha ese espacio para desahogarse.

Los que piden el fin del gobierno del Frente Amplio no reparan en que la mayoría de los uruguayos vota desde 1989 para que la izquierda gobierne Montevideo, y desde 2004 para que lo haga en todo el país, incluso con mayoría propia en ambas cámaras legislativas. Y que eso puede cambiarse pero a través del voto y en la fecha establecida por reglas constitucionales.

La oposición podrá ser más fuerte o más suave, pero sabe que el ciclo político no termina cuando alguien quiere, sino al cumplir el quinquenio, y que la convivencia democrática tiene sus reglas.

Las gremiales empresariales tienen sus límites para el reclamo y, a diferencia de los sindicatos de empleados, no pueden apelar a medidas distorsivas duras como presión para ser atendidos.
Los productores que armaron esta movida fueron cautelosos al hacer su lista de reclamos al gobierno y se expresan desde la angustia de sus negocios amenazados. Pero de alguna manera, este fenómeno hizo ver un sentimiento de rechazo a las organizaciones, a la política, a los dirigentes políticos.

Por otro lado, entre los que defienden al gobierno, también salieron respuestas despectivas, insultantes, agresivas, con una prepotencia del que siente que llegó al poder para quedarse para siempre, y que los otros ni tienen derecho a esperar la rotación partidaria.

Es como un ensayo general de campaña, como un anticipo a una batalla electoral ríspida, fea, en la que el riesgo es que pese más el descalificativo del otro que la exposición de ideas y propuestas.
Un caso es el del reclamo de los productores; otro es el de la crispación del enfrentamiento partidario y otro es el fenómeno antipolítica.
La reunión de ayer entre el presidente Tabaré Vázquez y los líderes del movimiento de productores ayuda a distender el clima. El lunes presentará ante las gremiales rurales una serie de medidas, alivios fiscales, y luego abrirá un espacio de diálogo entre el ministerio del sector y la representación de productores.

Fue un acierto de un político con olfato, desacomodó a todos, mostró espacio de diálogo.
Pero la crispación política seguirá con otros temas, y en eso hay tareas para todos los partidos.

El tercer punto, el de la "antipolítica", es preocupante y exige a la dirigencia partidaria una reflexión y una acción; entenderlo primero, y actuar después.

Los dirigentes responden a su gente, pero deben liderar. La hinchada reclama el gol o el KO con pasión y con impulso irracional. La dirigencia piensa, planifica y actúa racionalmente. Si en lugar de eso, se deja llevar por el viento que sopla desde la tribuna, todo se desdibuja, por lo que una de las principales tareas será frenar la ira de los hinchas que gritan y empujan.
Temas:

Frente Amplio Gobierno oposición Empresariales Tabaré Vázquez

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