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"¡Alquilo paraguas!", se escuchó desde alguna ventana. "¡Oportunista!", fue la respuesta de un transeúnte que caminaba por las calles de la Ciudad Vieja en en el último día de 2004, ante los baldazos de agua y las montañas de papel picado que lanzaban desde los edificios.

En tanto, el agua que caía como chaparrones sobre los desconcertados transeúntes, y en algunos casos como fuertes chorros, pues los más avezados en vez de recurrir a baldes, estaban munidos de mangueras.

La gente caminaba con sumo cuidado y parapetándose bajo las cornisas de los edificios, y en general se mostraba divertida, en particular los turistas que sacaban fotos, pero algunos transeúntes lucían enojados.

"Es indignante. Primero me tiraron papeles, después agua. ¿A usted le parece? Son estos izquierdistas de mierda.", despotricó con un lenguaje para nada acorde con su aspecto, y en referencia a la victoria de Tabaré Vázquez, electo presidente en octubre pasado, que asumirá el gobierno el próximo 1 de marzo.

Se rió incrédula. "Bueno, hace calor", dijo divertida, y se fue corriendo junto a su pareja para evitar un segundo baño.

Varios ciclistas, en tanto, buscaban eludir los chaparrones, algunos con más éxito que otros.

Los niños aprovechaban para divertirse, pasando debajo de los chorros. En medio del espectáculo, un hombre tocaba la guitarra recostado a una fuente y entonaba una canción folclórica.

"Hoy va a ser un día de mucho trabajo. Somos 17 barrenderos que estamos en la zona", dijo mientras barría inútilmente y se ufanaba de que aún no había sido rozado ni por una gota de agua.

(AFP)

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