La Copa América tiene particularidades que la hacen distinta. Esto es América y su simple mención destila ese aire de amateurismo. Por esta parte del mundo todavía se sigue compartiendo un taxi con algún ciudadano desconocido. Se viaja en un baúl acondicionado con dos asientos rumbo al hotel de Uruguay como sucedió en Venezuela. Se tolera la bocina de cada rincón de la desconocida Chiclayo (Perú). Se habla del increíble trato de los bolivianos que lo llaman por el nombre antecedido de la palabra “Señor”. Cada pueblo tiene su particularidad. Y las diferencias con el super profesionalismo europeo quedaron siempre marcadas. Allá las charlas con los jugadores son en conferencia de prensa, acá es mano a mano en el lobby de un hotel. Allá el técnico es una figura poco menos que imposible de ubicar; acá se lo puede entrevistar luego de la práctica. Pero claro, muchas de las prácticas del extremo profesionalismo europeo se fueron adoptando por estas latitudes.
La Copa América de la seguridad
Uruguay concentra en un hotel con extremas medidas de control