ver más

La Copa América tiene particularidades que la hacen distinta. Esto es América y su simple mención destila ese aire de amateurismo. Por esta parte del mundo todavía se sigue compartiendo un taxi con algún ciudadano desconocido. Se viaja en un baúl acondicionado con dos asientos rumbo al hotel de Uruguay como sucedió en Venezuela. Se tolera la bocina de cada rincón de la desconocida Chiclayo (Perú). Se habla del increíble trato de los bolivianos que lo llaman por el nombre antecedido de la palabra “Señor”. Cada pueblo tiene su particularidad. Y las diferencias con el super profesionalismo europeo quedaron siempre marcadas. Allá las charlas con los jugadores son en conferencia de prensa, acá es mano a mano en el lobby de un hotel. Allá el técnico es una figura poco menos que imposible de ubicar; acá se lo puede entrevistar luego de la práctica. Pero claro, muchas de las prácticas del extremo profesionalismo europeo se fueron adoptando por estas latitudes.

Y la primera sorpresa fue toparse con el hotel donde se aloja Uruguay en Mendoza. La Asociación Uruguaya de Fútbol tomó el Intercontinental. Alejado del centro, en una autopista y pegado a un shopping. “Disculpe señor, por acá no puede pasar”, encara un guardia de seguridad al periodista de El Observador. Cuando el comunicador le informa que va en busca de la acreditación indica el camino: “Vaya al final de las vallas y allí le indicarán”. Primer choque con una realidad que se vivirá en Argentina 2011. Seguridad al extremo.

La puerta del hotel en el que permanecerá Uruguay en Mendoza está vallada. ¿Y los huéspedes? Deberán ingresar por otra puerta. De todas formas, para llegar al centro de prensa es necesario ingresar al hotel donde lo esperará un seguridad de 2 metros de altura que lo derivará a la escalera mecánica evitando que pase al hall.

El técnico Tabárez ya había anunciado que ordenó tener un piso solo para la celeste (el octavo), ingresos especiales y medidas para aislar al plantel. Para colmo a la ex novia de Forlán se le ocurrió desfilar enfrente. Y será tema de conversación sin dudas.

El viernes El Observador vivió el primer choque con esta nueva realidad. Para entrar al centro de prensa de Buenos Aires los periodistas debieron pasar varios filtros. Primero: sin acreditación no se pisa la sala. Segundo: autorización al fotógrafo acompañado por un seguridad. En cada puerta de ingreso a una sala hay un seguridad. Para entrar a retirar la acreditación. Para adquirir las entradas. Para entrar a la sala de prensa a escribir. Para ingresar al estadio. Cómo cambian los tiempos. En cuatro años pasamos de hacer notas en los lobby de los hoteles a estas medidas extremas de seguridad.
Seguí leyendo