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España, lejos de los sainetes políticos latinoamericanos, es una democracia madura, que goza del reconocimiento internacional por el respeto a todas las libertades fundamentales, que tiene un funcionamiento armónico de los poderes constitucionales y un sólido Estado de derecho.

Es por eso que al politólogo Scott L. Greer, profesor en la Universidad de Michigan, le llama mucho la atención el desaguisado del reino y no sale de su asombro por cómo un estado miembro de la Unión Europea pudo enredarse en el conflicto de Cataluña y terminar en una crisis política inédita en por lo menos cuatro décadas.

El académico estadounidense está alarmado por la seguidilla de "acontecimientos sin precedentes" en la política española: referéndum (ilegal) a favor de la secesión catalana con la policía bloqueando a los votantes; declaración de independencia; posterior suspensión del gobierno autónomo por parte del gobierno español; marchas en las calles de Barcelona en contra de la independencia; arresto de los líderes secesionistas acusados por sedición y rebelión...

A los que podría sumarse, sin distorsionar la opinión del politólogo, la brutal represión policial contra los sublevados.

El octubre negro español se explica por una pésima gestión de la política de parte de Madrid y de Barcelona, sin desconocer que la ley está del lado del gobierno de Mariano Rajoy.

Los políticos centralistas como Rajoy y los secesionistas como Carles Puigdemont –que carga con la pesada mochila de la irresponsabilidad– deberían aprender de los buenos oficios de la canciller alemán Angela Merkel en la gestión de la política, y leer con cuidado algunas reflexiones del expresidente Felipe González.

El socialista español escribió hace cuatro años, en un libro sobre el liderazgo, que "la política es el arte de gobernar el espacio público que compartimos todos", que, naturalmente, es "un espacio común conflictivo".

Y uno de los aspectos problemáticos es precisamente el de los sentimientos de pertenencia como los de Cataluña.

"Seguimos discutiendo qué es España, qué somos (...) y seguimos liados en ese enredo infinito de los sentimientos de pertenencia más o menos excluyentes", escribe González.

Y esos sentimientos de pertenencia –como el catalán, vasco, gallego, andaluz– "atañen al mundo de lo no racional y sobre los que hay que gobernar".

El Partido Popular ha gobernado el sentimiento de pertenencia de Cataluña con más políticas recentralizadoras que han agravado el problema secesionista y así lo reflejan los estudios de opinión pública.

Aunque sería muy ingenuo creer que las elecciones autonómicas del 21 de diciembre son una solución al conflicto independentista, pueden ser una buena oportunidad para cambiar la pisada.

Depende de si las dos partes aprovechan el escenario electoral para conducir una negociación que encuentre una respuesta razonada a las quejas catalanas sin poner en juego lo que es España.

Aunque hoy parece imposible, el politólogo Greer recuerda una larga historia de acercamiento pragmático entre España y Cataluña.

Los gobernantes nacionales y regionales tienen una oportunidad excepcional para retomar poco a poco el camino de la normalidad.
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Cataluña democracia conflicto España Carles Puigdemont

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