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Por estos días, como cada año, el centro de gravedad de Uruguay se desplazó violentamente hacia las playas del sur y el este: desde Colonia hasta la frontera con Brasil. La estrella es el área de influencia de Punta del Este: un arco que se extiende entre Punta Ballena y José Ignacio, dentro del que ahora se hallan más de 300 mil personas de altos ingresos. Pero casi no hay costa que no esté ocupada, incluso las de los grandes ríos interiores y limítrofes.

Uruguay, que siempre fue una potencia exportadora de alimentos, en las últimas tres o cuatro décadas también se convirtió en un pequeño gigante del turismo receptivo. Es por lejos el primer país de América del Sur en número de turistas recibidos en proporción a su población, señaló un informe del Instituto Uruguay XXI.

En 2016 visitaron el país 3.328.450 personas, lo que representa el 98% de sus habitantes, y este año la proporción rozará el 120%. Le sigue, muy lejos, Chile, con un volumen de turistas que equivale al 25% de su población. Algunas potencias turísticas del área, como Brasil, apenas reciben un flujo de extranjeros similar al 3% de su población. El caso de Uruguay es comparable al de Francia o España, países que reciben más turistas que el total de su población.

El turismo significó el 7,1% del producto bruto (PBI) de Uruguay en 2015 y sostuvo cerca de 110 mil puestos de trabajo, principalmente en restaurantes, bares, hoteles y medios de transporte.

Más del 70% de los turistas proviene de Argentina, incluidos los uruguayos residentes allí, el 15% arriba desde Brasil y el 5% desde Europa. No es extraño entonces que el número de viajeros ingresado a Uruguay a través de la historia guarde una estrecha relación con la suerte política y económica de Argentina.

Entre 1946 y 1955 los gobiernos de Juan Domingo Perón impusieron diversas trabas a la compraventa de moneda extranjera y a las salidas al exterior, por lo que languidecieron Punta del Este y otros balnearios uruguayos. De 1955 a 1956, después del derrocamiento de Perón, el ingreso de turistas a Uruguay saltó de 31 mil a 210 mil. Los visitantes extranjeros superaron el medio millón en 1959; el millón en 1979, un año de dólar "barato" en Argentina; los dos millones en 1993, tras el éxito inicial del plan de "convertibilidad"; y los tres millones en 2011, en pleno auge de la exportación de materias primas.

En 2017 los turistas ingresados a Uruguay fueron cerca de cuatro millones, por lo que es previsible que esa barrera se supere este año. El número de viajeros argentinos aumentó casi 20% en lo que va del verano, sostuvo el subsecretario de Turismo, Benjamín Liberoff.

Pese al salto en la cotización del dólar a fines de año –y la consiguiente depreciación del peso argentino–, la confianza de muchas familias argentinas parece haberse redoblado después del triunfo oficialista en las elecciones legislativas de octubre, que confirmó una línea económica más abierta e integrada al mundo.

Los principales atractivos de la costa uruguaya son la belleza general, la seguridad y el glamur: ver y hacerse ver. El auge inmobiliario y comercial es el mayor de la historia.

"Desde los años de 1990 que no se vivía una temporada igual, aunque entonces Punta del Este no estaba tan desarrollada y la oferta era más acotada", comentó una agente inmobiliaria al diario porteño La Nación.

Los turistas extranjeros gastaron en Uruguay más de US$ 1.800 millones en 2016, un año de recuperación, todavía lejos del pico de US$ 2.200 millones logrado en 2011, que sí se superará este año. Ese dinero, unido al arribo de capitales, suele compensar cualquier desequilibrio que padezca la balanza comercial. Claro que los uruguayos también viajan: más de dos millones cada año, pero el saldo de la balanza turística sigue siendo ampliamente superavitario.

El dinero que deja el turismo receptivo, que es una forma de exportación de servicios, supera el monto de las exportaciones de carne bovina, que ascendió a casi US$ 1.500 millones en 2017; al de la celulosa, que llegó casi a US$ 1.300 millones; y al de la soja, que significó otros US$ 1.100 millones. De todos modos, las agroindustrias en conjunto realizan el grueso de las exportaciones nacionales.
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