Un edificio en pleno Pocitos con agua potable: un exportero descubrió un manantial y en 2017 se desconectaron de OSE

Esta es la historia del exRambla Hotel y cómo se abastece en plena crisis hídrica
14 de julio 2023 - 16:13hs

Juan Barrios vive en el sótano del exRambla Hotel. Trabajó años como portero y cuando se jubiló los copropietarios le dieron su propio espacio en las entrañas del edificio. Desde allí conoce la salud de todos los órganos: el pozo séptico, las bombas de agua, la cañería.  En 2016, notó que un caño perdía agua y llamó a OSE. Tuvo varias reuniones.

—Esto no nos pertenece a nosotros —dijeron, aunque le señalaron una advertencia— Si revienta, no hay con qué parar el agua.

En la última reunión, un trabajador de OSE se le acercó.

—Yo te voy a decir algo: ¿vio esa gente que en la campaña hace pozos? Tiene que ir a ver a uno de ellos. En la Ciudad Vieja hay varios.

"Por ahí conseguí uno", cuenta Barrios a El Observador. Arreglaron el caño, y descubrieron algo más: el agua que salía era de un manantial, pura, de la roca. 

Desde 2017, la fuente de agua que descubrió el exportero abastece a todo el edificio. Y durante la crisis hídrica, mientras todo Montevideo tiene agua salada saliendo de la canilla, quienes viven en el exRambla Hotel se bañan en agua potable.

Leonardo Carreño Hace seis años que usan agua potable sacada del manantial

El hotel frente a la plaza Tomás Gomensoro fue inaugurado en 1935. El consagrado arquitecto Mauricio Cravotto hizo un diseño innovador para la única torre, junto a El Mastil, que tuvo durante años Pocitos. 

Según narra esta nota de El Observador, el edificio contaba originalmente con 250 habitaciones, terrazas, solarium, piscina, casino y comedor con vista al mar. Además tenía un gran salón de baile, donde se realizó una fiesta de inauguración, a beneficio del Asilo y Taller Pro Hogar de la Sordomuda. 

En los años sesenta dejó de ser un hotel. Las habitaciones se volvieron apartamentos.

Hoy la fachada tiene vidrios rotos y un local de Viasono. Ya no alberga los "bailes del Rambla" pero, en plena crisis del agua en Montevideo, cuenta una buena historia.

Mateo Piaggio Juan Barrios, el exportero que descubrió el agua subterránea

Nadie sabe de cuándo data

"Tiene esa perforación histórica que nadie sabe de cuándo data", dice a El Observador el presidente del edificio, Miguel Lezama, en referencia al caño que se comunicaba con el manantial. "Suponemos que es del hotel".

Mateo Piaggio Potabilizadora en el sótano del edificio

Cuando llegó a su puesto en 2016, "las comisiones que estaban en ese momento ya estaban en proceso de conseguir una empresa que pusiese una potabilizadora". Se hizo un análisis que "dio muy bueno" y consultaron a una empresa que instaló una potabilizadora. Mientras los vecinos la pagaban, durante cuatro años.

"Cada tres meses intentamos hacer un testeo y lo publicamos en cartelera. Lo hace la empresa de la potabilizadora y cada tanto nosotros", añade.
De todas formas, el agua del manantial es potable. En 2017 se desconectaron de OSE. Barrios asegura que fue la empresa estatal la que pidió que instalaran una potabilizadora para habilitarlos. El exportero señala unos tubos blancos como los filtros que ya se sacaron:"Agua pura, no precisa la máquina".

Lezama dice que con la crisis hídrica, el agua en el edificio no cambió nada. "La gente está contenta y los familiares vienen a llevarse bidones", cuenta riendo.

Enamorada del edificio

"Según mis amigas hay una gran diferencia, pero yo no conozco el otro lado", dice una vecina del edificio. Se llama Alma Sosa, está jubilada, y vive allí desde hace 18 años.

"Empecé alquilando y me enamoré del edificio", asegura. "Yo me estaba preparando para hacer una compra y teniendo el dinero no me decidía a irme, porque estaba fascinada con el edificio. No es porque sea Pocitos, la rambla, sino por algo. ¿Viste cuando sentís que un lugar es tu hogar?".

Cuando la dueña del apartamento decidió venderlo, Sosa festejó. "Los que eligen comprarlo y vivir es porque sienten esa vibra, ese afecto al edificio. Lo he hablado con mucha gente y todos repiten lo mismo", afirma.

Sosa se crio en una chacra con un aljibe. Que se descubriera el agua subterránea en el viejo hotel "fue impactante". "Por el hecho de saber que teníamos en nuestros cimientos un manantial, eso fue lo impactante. Porque este edificio tiene cimientos muy profundos, dos sótanos, y que más allá de eso haya un manantial", sostiene Sosa. "Más cuando tenés un mar salado ahí", dice en referencia al Río de la Plata, separado del edificio por unos metros.

En ese momento "se trajeron bombas del exterior", recuerda. Dice que "durante dos años" cada uno de los habitantes pagó $ 500 mensualmente. Ahora, solo deben pagar luz y los gastos comunes que, para Sosa, no son muy caros. En su apartamento, que tiene 35 m2 y es de los más grandes, paga $ 3.500 de gastos comunes.

Un mono ambiente en el rambla, según ofrece un aviso en la cartelera de la recepción, cuesta $ 18.500 con gastos comunes incluidos.

Leonardo Carreño Archivo, 2021. Recorrida por el edificio

Para Sosa, que no paguen el agua "abarata mucho". Pero más allá de lo económico, con la crisis del agua, ser independiente de OSE tiene otras ventajas. Las amigas de Sosa "se llevan botellones de agua para dos cosas: para enjuagarse el pelo, porque les está quedando duro, y para regar las plantas porque se les están muriendo".

Además, ella le da agua a su exmarido. Es hipertenso y el agua de la empresa estatal tiene mucha sal.

Sosa dice que "la gente que vive en casa debería buscar vetas de agua". "Eso se dejó de hacer en este país y este país tiene muchas vetas de agua. Si por lo menos no es potable para beber, les serviría para regar, lavar coches".

Un buscador

"Tomá. Tomate tu tiempo", dice Juan Barrios y trae un vaso de agua para El Observador. No tiene gusto a nada. Él fue la primera persona en comprobarlo. "Me entusiasmaba tomar lo que yo había descubierto", recuerda.

Si bien le dieron su propio hogar en el edificio cuando se jubiló tras quince años de portero, él se mudó allí 65 años atrás. Tenía un negocio cerca que fue "agarrado dos veces por la tablita". Tras los golpes de las crisis de 1982 y 2002, su negocio quebró y pasó a ser portero en el edificio. 

Hoy en día, allí viven personas como él, como Alma Sosa, pero también jóvenes que recién se independizan, parejas sin niños, extranjeros.

Según Barrios, se acerca una nueva época para el edificio. En los primeros días de junio se terminó un pleito entre los copropietarios: de los primeros cuatro pisos y los de los otros nueve –donde están los apartamentos–."Dentro de un año, por fuera se va a ver mejor. Todo nuevo".

El exportero recorre el segundo sótano, debajo del piso donde vive, y dice que "está en obras". En las entrañas del edificio, entre las paredes sin revestir, está el pozo séptico, la potabilizadora, el cadáver de una vieja máquina para hacer hielo en las épocas del hotel, el tubo con 19 metros de profundidad hacia el manantial.

Barrios, que recién cumplió 86 años, se considera "un buscador". "Estamos buscando de tampoco pagar luz eléctrica, poner paneles allá en el piso 13, vamo' a ver qué pasa".