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Las campañas de difamación como la de Haití contra nuestras FFAA ya las vivimos en el Congo.

Generalmente responden a intereses políticos locales, alentando a la población a denunciar actos aberrantes, acorde su cultura, buscando algún resarcimiento económico, que generalmente no se comprueban, aunque el daño a la moral y la reputación de la fuerza es muy grave.

Pero también es cierto que estas campañas se potencian, afirmadas lógicamente en inconductas exageradas a través de la prensa, cuando hay algún otro interés o animosidad interna dentro la fuerza de Paz o la propia ONU.

En el caso del Congo, un pobre manejo del lobby a todos los niveles, empezando por nuestra misión en Nueva York, aunados a una conducción equivocada del contingente en momentos críticos, alentaron una ola de acusaciones, investigaciones e injusticias inaceptables, estimuladas por la propia fuerza de ONU, que hasta ahora el País nunca reclamó vigorosamente.

La permisividad de Uruguay frente a esta ola de alegaciones, fue una de las causas por las que se relevó la brigada integrada y comandada por uruguayos por una de India y otra de Pakistán.

Desde Uruguay nadie percibió esta maniobra estratégica alentada desde potencias representadas en el mando de ONU, con el fin de desplegar en la zona contingentes de países afines con sus objetivos estratégicos en la región.

Hubp sanciones, repatriaciones y publicaciones difamatorias hacia nuestros miembros en la prensa nacional e internacional, a pesar que menos del siete por ciento de las alegaciones pudieron ser sustanciadas, es decir, contaban con algún elemento serio que siquiera justificaran una investigación.
Nunca se comprobó una acusación grave.

En mi libro “Soldados en el Congo” hice un alegato en favor de nuestro contingente en ese período critico (2004-2005), informando esta situación, aunque no contó con el apoyo de las autoridades que prefirieron mirar para el costado y hasta intentaron censurarlo.

En este caso de Haití, no debemos olvidar que hay intereses políticos y grupos de corrupción locales interesados en desprestigiar a la Fuerza de Paz, aunque una reformulación de la misión de nuestros compatriotas de la Armada se hacía imperiosa desde hace tiempo para ajustar su actuación a los objetivos reales de nuestra presencia en el área, así como también mejorar su reputación y evitar dar argumentos a los detractores.

También hay que tener presente que se esta en un momento de reducción de las fuerzas desplegadas en la isla y existen intereses de potencias como los EEUU en retirar a Uruguay antes que a Nepal o Jordania, en función de intereses estratégicos en otras regiones.

Quitarle crédito a los nuestros, que son mas profesionales, también puede ser un objetivo para estos intereses. Todos juegan fuerte y la guerra sicológica es un arma a la cual siempre se apela en forma sutil pero implacable.

Es muy conveniente que la Armada reclame responsabilidades por estas acusaciones a propios y ajenos. Quienes violaron los códigos de conducta que paguen las consecuencias, pero no debemos dejar a los nuestros a merced de variables políticas ajenas como se hizo con el contingente del Congo, ni aceptar tan pacíficamente esta campaña que por sus repercusiones han dado lugar a declaraciones de rechazo del mismo gobierno de Haití, al que nuestras fuerzas han estado asistiendo por largos siete años.

Pero en todo caso hay un denominador común que de una vez por todas debe corregirse: Nuestras representaciones frente a ONU, tanto en Nueva York como en las áreas de Misión deben ser elegidas por su capacidad profesional, experiencia y vocación verdadera. No por amigocracia.

Esta nueva crisis ya presentaba algunos síntomas, pero mientras no tengamos representaciones diplomáticas acordes al compromiso enorme de tener desplegadas tropas en territorios tan volátiles, volveremos a quedar en medio de este tipo de crisis una y otra vez, en el mejor de los casos a la defensiva, ante una prensa internacional y la burocracia de ONU que tienden mas a explotar estas campañas acorde a sus intereses que a resolverlas.

(*) Cabrera fue comandante por el Ejército en varias misiones de paz en el exterior.

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