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Hay veces en que el libro se juzga por su tapa. Y el caso de los discos, no es la excepción.

El arte de los álbumes puede decir mucho sobre su contenido. Este ofrece la importantísima primera impresión, y de él puede depender el éxito comercial del disco. Un diseño atractivo tiene muchas más probabilidades de terminar en manos del fanático que uno con escaso sentido estético.

El diseño es además un indicativo para elaborar una idea sobre cómo el disco sonará. Por ejemplo, en 21, el exitoso álbum de Adele, la vemos a ella en un primer plano en blanco y negro, con una mirada melancólica. Con esta información fácilmente se puede deducir el tono del disco: definitivamente no vamos a encontrar allí la próxima canción del verano.

Sin embargo, todos los años se pueden ver tapas de discos que sorprenden, ya sea por la elección arbitraria del diseño, su extrañeza, o directamente, fealdad.

En 2011 muchos fueron los que se destacaron más por sus tapas que por la música en sí. Tanto la revista Billboard como el blog sobre música Pitchfork han elaborado listas que contean las peores tapas del año.

Encabezando el ranking se encuentra el sexto álbum de Limp Bizkit, Gold Cobra. El regreso a las canchas de los florindenses luego de seis años de silencio fue todo menos triunfal, y empeoró cuando develaron el arte. Se trata de una ilustración de tres chicas en bikini sacando la lengua en una aparente zona selvática, y junto a ellas una cobra gigante con postura amenazante. Para darle un cierre a la atmósfera extraña del arte, aparece un mono oliéndose el dedo.

Otro de los discos en la lista es Sorry for Party Rocking del dúo de música dance LMFAO. A pesar de que obtuvo el primer puesto en los rankings estadounidenses en su género, el diseño de su tapa es más que desafortunada. Allí aparecen las caras de los raperos contra el vientre desnudo de una chica, y el nombre del disco pintado sobre él. Colores fluorecentes y caras de desconcierto. El significado de este diseño quedará en duda.

Lulu, el disco realizado colaboración de Metallica y Lou Reed, recibió pésimas criticas y tampoco tuvo halagos por su diseño. Sobre un fondo blanco aparece un maniquí avejentado y sin brazos. Y sobre la imagen fue pintado el nombre del disco con lo que parece ser sangre.

Ni siquiera Lady Gaga pudo escapar de este conteo. En su segundo disco Born This Way aparece ella transformada en un híbrido entre mujer y motocicleta. Para empeorar, utilizó una tipografía con brillos en cromado, llevando con esto el kitch al extremo. Si esto fue realizado con reales intenciones de apostar al absurdo, lo consiguió.

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