A diferencia de lo que ocurrió en Japón luego de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, que surgió una corriente literaria conocida como genbaku bungaku –algo así como la literatura de la bomba atómica–, escrita básicamente por los hibakusha, que es como se conoce a los supervivientes de este horror, en Estados Unidos todavía no se le ha puesto un nombre a la narrativa nacida del estremecimiento que causaron los atentados del 11 de setiembre de 2001, que tuvo como epicentro las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York.
La prepotencia tiene su lugar en la literatura
Los atentados del 11-S trastocaron hace diez años la manera de ver y entender el mundo, no dejando ajenos a los escritores que desde hace tiempo instalan en sus páginas los fuegos de un nuevo Apocalipsis