Si hay que encontrarle una razón a un matrimonio –además de las que de por sí deberían tener todos– la de Sergio Miranda y Rodrigo Borda es la celebración de lo que es para ellos una conquista buscada por mucho tiempo. “Hace 20 años, por manifestarme como gay, me llevaban preso, hoy me puedo casar”, señaló Miranda a El Observador.

Miranda y Borda desean ser los primeros en anotarse en el Registro Civil y para ello estarán a las 7 de la mañana del próximo 5 de agosto, primer día de vigencia de la ley aprobada en abril de 2013 por 71 votos en 92 (ver claves), para estampar su firma en los documentos correspondientes luego de 14 años de convivir juntos. Ahí elegirán la fecha, pero la idea es celebrar la unión lo más pronto posible. Adrián Russo, representante de la Mesa de Turismo Friendly de Montevideo, en donde es compañero de Miranda, será uno de los testigos. En conversación con El Observador, Russo indicó que está dispuesto a acampar en la fría peatonal Sarandí, si es necesario, para asegurar el primer número del turno. Todos coincidieron en que, finalmente sean ellos u otros, es un “hito histórico”: el primer casamiento gay en Uruguay.

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El Observador supo de otras seis parejas que quieren casarse, y Miranda y Borda conocen a alguna otra, pero ninguna con planes en el tan corto plazo.

Es una celebración y un apoyo para el resto de las personas en una situación no tan feliz como la nuestra respecto a asumir su sexualidad y manifestarla”, apuntó Borda. Ninguno de los dos es activista, pero sí figuras reconocidas en el ámbito cultural y audiovisual y directores de la revista FriendlyMap. Ambos se presentaron como “seres humanos que simplemente viven su vida, tienen intereses y que trabajan”, pero que siempre han manifestado abiertamente su opción sexual, sin considerarla avergonzante, puesto que han contado con el apoyo de su familia. “Lo hacemos con orgullo”, afirmó Borda.

La naturalidad y al mismo tiempo la alegría que sienten y que transmiten fue lo que no los hizo dudar de hacer público su matrimonio. “Somos conscientes de que no es fácil para todo el mundo y creemos que haciéndolo visible colaboramos con eso. Nosotros contamos con el apoyo de la familia y queremos que eso se sepa para que la gente se anime, más que a casarse, a expresarse libremente”, dijo Borda a El Observador.

La unión concubinaria “es una decisión del juez”, pero el matrimonio “es nuestra decisión”. Así habló Borda sobre la diferencia sustancial con la ley de 2007 que, a su juicio, fue un “pseudoavance” en la garantía de derechos para los homosexuales. El concubinato –para personas de igual o distinto sexo– es la comprobación judicial de un hecho social que debe cumplir ciertos requisitos por lo que puede no ser aprobado; mientras que la pareja que decide casarse no debe realizar más trámite que la inscripción en el Registro Civil y la publicación del aviso en el Diario Oficial. “Es solo por voluntad de los contrayentes. Como debe ser”, afirmó.

Miranda y Borda no creen que la vigencia del cambio legal a partir del 5 de agosto signifique una concurrencia masiva de gays al Registro Civil –como no existe entre los heterosexuales–; al contrario, la situación que consideran más probable es que Uruguay recorra el mismo camino que Argentina. Allí se casaron 7.000 parejas en los últimos tres años, pero con un gran porcentaje de parejas similares a ellos, es decir, parejas ya consolidadas. El día que contraigan matrimonio ya habrán pasado 15 años de aquel 24 de agosto cuando se conocieron en una fiesta de la nostalgia.

Y la fiesta de casamiento será más grande. Russo contó que estarán invitados desde la embajadora de Estados Unidos, Julissa Reynoso, hasta la ministra de Turismo, Liliam Kechichián.

Borda expresó: “La ley genera un clima muy positivo de integración para lo social, lo laboral, hasta nos permite proyectarnos como familias”. Esta pareja confesó que, por el momento, el tema de los hijos no es su prioridad, pero sí han hablado de que, tal vez más adelante, puedan adoptar un niño. Por ahora es solo un deseo.
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