La tecnología es amoral, porque es el hombre el que la utiliza a su voluntad. Lo que empezó siendo una protesta pacífica por la muerte de un joven en el barrio londinense de Tottenham el domingo se transformó en grandes disturbios, focalizados primero en ese mismo barrio, pero rápidamente replicados en saqueos e incendios en otros barrios de la capital inglesa.

La concentración inicial frente a la comisaría de Tottenham se produjo a través de Facebook, y según el diario The Guardian, en pocos minutos unas 7.500 personas realizaron algún comentario sobre el evento.

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Pero según sitios especializados en tecnología como Tech Crunch parece que no fue esta red social la que enhebró y canalizó las protestas y los mensajes violentos de quienes se enfrentaron a la Policía y saquearon e incendiaron tiendas, sino los mensajes a través de los teléfonos BlackBerry.

Estos teléfonos, muy caros por estos lares pero muy comunes entre la juventud inglesa, tienen la ventaja comparativa –frente a otros dispositivos como Twitter y Facebook– de manejar un sistema de mensajería interno, privado y exclusivo de los usuarios de BlackBerry (BB).

Además, estos mensajes no son captados tan fácilmente por sistemas de seguridad digital ni por frecuencias policiales. Su dificultad para rastrearlos ya había quedado demostrada en las protestas de Bahréin y Emiratos Árabes (ver recuadro).

La facilidad en el acceso es fundamental. Compañías telefónicas como Vodafone ofrecen promociones para que el usuario tenga su BB hablando como quiera y cuanto quiera, desde 10 a 30 libras. La O2 tiene promociones desde 40 libras, los que los hace muy populares. Según una encuesta de la empresa de medios Ofcom, el 37% de los jóvenes británicos que tiene teléfono posee uno. En octubre de 1985, la Policía mató a una joven antillana en Tottenham y provocó la ira de mucha gente que arengando a los vecinos a base de megáfonos se alzó contra la fuerza pública provocando la muerte de un policía. Veintiséis años después, en el mismo barrio, es una aplicación de teléfono celular la que produjo muchas de las concentraciones que conmovieron a Londres este fin de semana.
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