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Jacques Charmelot, AFP. Miles de peregrinos se hicieron cortes en la cabeza con espadas este sábado para rendir homenaje al martirio del Imán Hussein, un ritual que transformó las procesiones piadosas de la Achura en desfiles sangrientos por la ciudad iraquí de Kerbala.

Kerbala, donde se encuentra el mausoleo del imán Hussein, asesinado a la entrada de la ciudad santa en el año 680, está invadida por cohortes de hombres y mujeres vestidos de negro que acamparon noche y día en su corazón.

El sábado, último día de las conmemoraciones, las trompetas y tambores resonaron de madrugada alrededor de las mezquitas del Imán Hussein y de su medio hermano Abbas, para anunciar el inicio de una nueva jornada de procesiones y plegarias.

Y tan pronto como el resplandor del alba iluminó las cúpulas doradas de las dos mezquitas de Kerbala, empezaron a bailar al son de los tambores golpeándose la parte superior de la frente con la hoja de un cuchillo.

"Hago esto para rendir homenaje al imán Hussein", explicó Hassan. Este ritual expiatorio me alivia, asegura este fontanero de Kerbala, con la cara manchada por sangre reseca. "Lloro lágrimas de sangre y de amor por quien se sacrificó", agrega.

Desde entonces, Hussein simboliza la lucha de la justicia contra la tiranía, del bien contra el mal.

Las procesiones se sucedieron durante varias horas en la vasta explanada que comunica la mezquita de Abas con la del imán Hussein.

Este fervor no suscita unanimidad en la comunidad religiosa mayoritaria de Irak. Y es que muchos estiman que esta práctica confiere una imagen violenta y retrógrada al chiismo.

"Cada vez más jóvenes practican el tatbir, no es cosa buena", afirma Ahmad, un conductor de ambulancias que hace guardia frente a la puerta principal de la mezquita Hussein.

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