ver más

Hasta que no se le pague al último no desocupamos la empresa”. Esa fue la postura que mantuvieron los empleados de la panificadora La Sin Rival, quienes tomaron la fábrica desde noviembre hasta el 22 de diciembre de 2011. Eso fue así hasta que un nuevo inversor –quien prefirió mantenerse en el anonimato por cuestiones de estrategia– quiso comprar la firma.
Según contó a Café & Negocios el nuevo gerente general de La Sin Rival, Marcelo Ríos –quien también gerencia la Unión de Vendedores de Carne del Uruguay y es el contador de la Cámara Nacional de la Alimentación–, el antiguo director y fundador, Enrique Baruch, ya no pertenece a la firma. Sin embargo, acompañará el proceso de recuperación.

“La situación era insostenible. La firma llegó a una crisis de cesación de pagos y no pudo afrontar su deuda con múltiples sectores por una amplia gama de motivos, que pueden ir desde una mala gestión y un mal manejo administrativo, hasta inadecuadas políticas comerciales”, aseguró Ríos. Según el nuevo gerente general, todo esto llevó a que la compañía entrara en una bola de nieve de la que no pudo salir. “El 2011 fue el año que dilapidó a la firma pero ya desde hace un tiempo las cosas venían mal”, dijo Ríos.

El 20 de diciembre el inversor –junto con su abogado de confianza y principal nexo con la empresa, Pablo Durán– le comentaron a Ríos que se manejaba la posibilidad de adquirir La Sin Rival. El 21 de diciembre los empleados acordaron con el Ministerio de Trabajo que si se les pagaba la deuda al contado y el 25% del aguinaldo en efectivo, levantaban la ocupación. Dada esta oportunidad, el inversor le pidió a Ríos que fuera el nuevo gerente general.

“Me quedé sorprendido porque fue todo muy rápido. El 22 de diciembre fui con el dinero y le pagué a cada uno de los empleados”, recordó el nuevo gerente , quien se excuso de brindar el monto de la operación. Cuatro días después se volvió a prender el horno y a emprender una nueva “aventura”.
Un trabajo en equipo

“El abogado fue quien negoció con la firma y tuvo una gran preponderancia para destrabar el conflicto. Nos está ayudando a renegociar la deuda con los proveedores”, explicó el gerente general.

De acuerdo a Ríos, la situación ha sido positiva, ya que la empresa mantiene un gran prestigio en plaza y puede generarse un buen diálogo con el personal .
“El personal se ha portado de mil maravillas con nosotros. Habiendo escasez de empleados –porque algunos decidieron cambiar de trabajo– le están metiendo con mucha fuerza, voluntad y disposición al diálogo”, subrayó Ríos.

Según cuenta el ejecutivo, ni bien asumió su rol, hizo hincapié en romper cualquier situación de tensión con el personal y en comunicar que la filosofía del inversor es que no existen rivalidades entre el sindicato y los directivos.
“Me focalicé en trabajar en equipo. Quiero que la persona que trabaje aquí esté cómoda y a gusto. Ellos quieren seguir sus actividades y en su mayoría, aunque no tengan un buen recuerdo de la anterior gestión, tienen un gran sentimiento por la empresa”, aclaró Ríos.

Como pan caliente

El gerente general entiende que en un mes se han hecho milagros, ya que de diciembre a esta parte pasaron de producir 2.000 panes por día a 4.500. De todas formas, es consciente de que es insuficiente y “queda mucho por hacer”.
“Tenemos mucho para acomodar, corregir y mejorar en todos los aspectos –desde las ventas hasta la producción, distribución, el trato con el personal, etc–. Pero creo que tenemos cimientos muy firmes y fuertes”, aseguró.

Ríos contó que en el período de ocupación la marca desapareció de las góndolas y dio lugar al surgimiento de nuevas marcas.
Hoy prefiere no hablar de una competencia y posicionarse como una marca que ofrece productos diferentes al resto. “A la competencia no puedo obviarla pero nosotros tenemos un mercado que, por ejemplo, Bimbo no lo explota. Creamos productos tradicionales con recetas caseras y diferentes a las demás y eso el cliente lo valora”, aseguró. Según explicó, el principal diferencial de La Sin Rival es que es una empresa de capitales nacionales.

Con un ojo afuera

La Sin Rival opta por ir paso a paso en su reapertura pero sin “ponerse un techo” en el volumen de producción.
“El público está consumiendo de nuevo a la marca; sin embargo, estoy siendo cauteloso en ampliar la cartera de clientes, no quiero apresurarme”, aseguró el empresario.
Aunque a niveles muy bajos, la firma logró exportar algunos de sus productos a Miami y quiere mantener esa producción a modo de tener otra salida.

“La Sin Rival exportaba hace algunos años con mucha fuerza, pero después de la crisis en la que cayó empezó a reducir la frecuencia. Hoy estamos enviando algunos de nuestros principales productos a la cadena WalMart en Miami, pero cubrimos simplemente a los efectos de mantener la ventana abierta. Actualmente tengo otras prioridades que afrontar”, aseguró Marcelo Ríos.

La nueva conducción tiene buenas expectativas y grandes proyecciones del futuro de la empresa.
“Hoy no puedo decir que somos rentables porque no estamos produciendo lo que deberíamos. Pero si todo sale como lo pensamos podremos incluso llegar a remunerar mejor a toda la cuadrilla de empleados”, señaló Marcelo Ríos.
Con respecto a Enrique Baruch, Ríos aseguró que el ex director acompañará el crecimiento de la empresa, “dado que es el fundador de la firma y no podemos dejar de reconocerlo”, dijo el nuevo gerente general.

Reposicionarse. La Sin Rival logró que sus antiguos clientes dejaran ingresar su mercadería a las góndolas de las mayores cadenas de supermercados. En 30 días volvió a estar presente en Disco, Devoto y Tienda Inglesa.

Insumos. A largo plazo la panificadora planea incorporar nueva maquinaria y moldes a su fábrica y llegar a lanzar nuevos productos. Hasta el momento, sigue trabajando con los tradicionales de la marca, siendo su vedette el pan Granetti, las vainillas y los merengues.

Seguí leyendo