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Finalizando el año se acostumbra a realizar el balance de lo sucedido, columnas listando los aspectos positivos y negativos. Esto nos permite proyectar nuestras acciones futuras en base a los logros y aprender de los tropiezos.

Muchos de los objetivos que no se alcanzan son objetivos sobre los que perseveramos y nuevamente programamos año tras año. Sin embargo, si una y otra vez ocurre, los objetivos van volviéndose inalcanzables y lentamente se transforman en sueños.

Si observamos el camino recorrido por el sector ganadero hay un sinnúmero de aciertos, de logros que han generado valor y posicionado al país. Pero también ha sido testigo de esfuerzos estériles a lo largo de los años, como ser el aumento sostenible del rodeo y la mejora de las relaciones entre los actores.

Quizá estemos tentados a concluir que estamos ante un equilibrio, dónde existen fuerzas contrapuestas que no nos permiten movernos. Si esto es así, debería demostrarse que hay una fuerza contraria y superior a las ganancias que se generarían por incrementar el rodeo. O bien, que no es factible arribar a una forma más eficiente de relacionamiento que la actual entre productores e industria, o dicho de otra forma, esta es la forma más eficiente de relacionamiento.

Indaguemos lo siguiente; ¿la industria puede absorber mayor cantidad de ganado?... parecería que sí, al menos estamos hablando de un 30% de capacidad adicional. ¿Los campos resisten engordar más animales?... hay quienes aseguran que el actual uso de los recursos naturales lo permite. ¿Los campos resisten la producción de mayor cantidad de terneros?... siempre se ha hablado que la limitante es el precio y que la tecnología está disponible.

Entonces, o nos estamos haciendo trampas al solitario o hay algo que no vemos o que no queremos ver.

Existe un indicador interesante en el campo de la contabilidad financiera; el Ciclo de Conversión de Caja. Este indicador, para quienes no somos contadores, nos atrae por la estrecha relación con el sentido común. En pocas palabras mide el tiempo transcurrido entre las inversiones en materias primas con el propósito de producir un bien y el momento en que nos hacemos efectivamente del dinero de las ventas. En resumen, mide los días de circulación del efectivo en una empresa, y eso, aunque no significa rentabilidad, implica hablar de la capacidad genuina de hacer frente a las obligaciones y la cantidad de capital a inmovilizar.

¿Cuánto tiempo suponemos que transcurre entre invertir un peso y cobrarlo en la cría, la invernada y la industria frigorífica? Parecería que los tiempos son distintos, y por tanto, son situaciones distintas para los actores de una misma cadena.

Comúnmente se dice que el tiempo es dinero, pero también puede verse como un lapso de exposición a cambios en el entorno, es decir, podemos asimilar el tiempo a una magnitud de riesgo. Pero, ¿cuál es el verdadero riesgo?... invertir bajo una promesa de precios que no se cumple tiempo después. Éstas son las famosas señales, que no son sólo respecto al precio en sí mismo, sino respecto al precio que efectivamente ocurre una vez transcurrido el tiempo hasta la venta del producto.

¿Cómo se cubre una empresa de este tipo de riesgo? Si puede lo traslada a otro actor en la cadena, o bien sino puede, dimensiona el negocio de tal manera de resistir eventuales adversidades.

Entonces cabe preguntarse; ¿cuán relevante es el tiempo en el caso de un criador, de un invernador y de un industrial?, ¿qué herramientas tienen para cubrir estos riesgos?, ¿cuál sería la conducta esperada en cada caso?, ¿cómo operan estás diferencias dentro de una misma cadena? Simplemente cada actor busca maximizar los ingresos y minimizar el tiempo de exposición. Sin embargo, quien tiene menores alternativas de incidir sobre este tiempo es quien debe tomar mayores medidas de salvaguarda, y estás generalmente, refieren a la dimensión del negocio.

La primera paradoja de todo esto es que la dimensión del negocio de la cría define la dimensión del negocio de toda la cadena. La segunda paradoja es que la conducta de los actores refuerza esta situación. Parecería que no se trata sólo de precios, sino de cómo generar certidumbre para lograr escapar de “la trampa del tiempo”.

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