La versión contundente de Peñarol lo impulsa en el Clausura hacia una campaña histórica
Peñarol cambió la opaca versión mostrada ante Deportivo Maldonado y ante Montevideo City Torque, fue contundente contra River Plate y tiene por delante dos finales para cerrar ya el Clausura y el Uruguayo: Liverpool y Nacional
Cambió Peñarol. No fue esa versión anodina que jugó ante Deportivo Maldonado ni esa frágil expresión del comienzo ante Montevideo City Torque donde luego reaccionó y lo dio vuelta a impulso anímico. Contra River Plate apareció un equipo contundente, sólido, intenso y solidario. El equipo candidato a quedarse con el Campeonato Uruguayo.
¿Cómo hizo para cambiar? Primero, Darío Rodríguez metió mano en el equipo. Sacó a Maximiliano Olvera, que ante City Torque jugó un pésimo partido, metió a Hernán Menosse que luce muy firme cada vez que le toca actuar, le devolvió la titularidad a Lucas Hernández saliendo Ignacio Sosa y a último momento apostó por Sebastián Cristóforo en el medio en lugar del lesionado, en el calentamiento, Damián García.
Con Camilo Mayada y Valentín Rodríguez como extremos, el equipo tuvo profundidad y ambición para llegar por afuera.
Y con Sebastián Rodríguez, por los callejones centrales, este Peñarol siempre tiene recursos para generar. Y más desde la llegada de Franco González.
Entonces, con la consigna de mantener el cero en el arco primero, el equipo de Darío genera a medida que le toma el pulso a los partidos y tiene con qué llegar al gol.
Esta vez ese plus del gol se lo regaló con moño incluido River. Con una mala decisión en el juego de pies del golero Rodrigo Formento en salida y un resbalón de Jonathan Barboza, el Cepillo abrió fácilmente el camino del triunfo.
Es tan riesgoso salir jugando por abajo desde el área propia como pegarle de punta y para arriba. Es fácil criticar al que se come un gol en el intento de construir juego desde el área propia. Pero en este caso el error principal estuvo en la lectura de la salida. Formento debía abrir con Gonzalo Viera a la derecha y no jugar al vértice de Barboza que estaba rodeado entre tres agentes de presión aurinegros.
Después de ese gol, River tuvo un par de intentos para empatar. Pero se encontró con un Guillermo De Amores muy firme y sólido en sus respuestas.
Cuando cayó el segundo gol, en una conexión entre los extremos Valentín-Mayada, el telón le cayó prematuramente al partido.
River fue una tibia expresión de juego en el tiempo restante del primer tiempo y en todo el complemento.
Y Peñarol lo cerró a voluntad.
En el segundo tiempo, Arezo se escapó en tres cuartos y remató con amplias franquicias dadas por la respuesta defensiva de Santiago Brunelli. El remate se desvió en Valentín Rodríguez y terminó adentro.
Otra vez Arezo volvió a ser una figura importante, más allá de que el que juega y hace jugar, el mejor jugador de este equipo y del campeonato (aunque falte mucho) es Sebastián Rodríguez.
Al DT le dio tiempo de mover piezas, sacar titulares y dosificarles minutos. Y aún así estuvo más cerca del cuarto que River del descuento, más allá de un casi gol en contra de Menosse, totalmente salido del contexto.
Peñarol está para campeón. Por plantel, por la calidad individual de sus piezas, por su racha ganadora, por el equilibrio que encontró el entrenador en un equipo que, ojo, está lejos de brillar y ser un deleite al paladar.
Pero ahora se le vienen Liverpool (local) y Nacional (visitante). Pruebas de fuego que va a encarar con la ventaja que le da la tabla y sin la presión de tener que correr de atrás a nadie.
Liverpool es un mayor reto futbolístico. Nacional es un mayor reto emocional.
Si Peñarol supera esos escollos se corta solo para ganar el Clausura y tras haber conquistado el Apertura se encaminaría a ganar el Uruguayo por primera vez en su historia (desde que existe el formato Apertura-Clausura) sin jugar finales.
Es el gran candidato. Pero ahora llega el momento de tener que demostrarlo en cancha y ante los peso pesados.