La voz de los libros
Mañana se festeja el Día del Libro, fecha que pueden disfrutar no videntes y discapacitados gracias a un extenso archivo de textos grabados. Muchos de ellos tienen la voz del recientemente fallecido Milton Schinca
Además de los trabajos que consignan todas las reseñas estos días, de su labor como periodista y conductor radial, y de su aporte como narrador, poeta y dramaturgo, Milton Schinca realizó durante buena parte de su vida otra tarea fundamental, y no precisamente silenciosa. Se dedicó con asiduidad, desde 1985, a colaborar con la Fundación Braille del Uruguay, grabando más de 500 libros en diferentes soportes de audio.
De Juan Carlos Onetti a Stendhal, de Jorge Luis Borges a Agatha Christie, de Isaac Asimov a Stephen King, Schinca prestó a lo largo de 20 años su persuasiva voz para que quienes no podían leer en tinta, no se perdieran esas maravillas de la literatura universal.
En la biblioteca de audio de la fundación, se pueden encontrar, por ejemplo, Cien años de soledad (Gabriel García Márquez) con la voz de Schinca en 13 casetes, o El principito, de Antoine de Saint Exupéry, en uno. Antes ni se pensaba en lo digital, y se grababa en cinta. Pero Schinca supo también dejar su registro con mejor calidad, en varios discos que hoy están disponibles e incluso en formato MP3.
Pero no solo se trataba de leer y darle al rec. Más que leer, Schinca interpretaba. Más que trabajar, sentía.Escuchando ciertos pasajes al azar de una grabación, se tiene la sensación de estar en la época de los viejos radioteatros que hicieron furor en Uruguay.
Más de 1.000 personas ciegas o con discapacidad motriz severa se han beneficiado con esta biblioteca de audio, que cuenta ya con un archivo de 4.000 títulos que abarca todos los géneros. Hay desde literatura fantástica hasta libros de semiótica.
Según Antonia Irazábal, responsable de la Fundación Braille del Uruguay, “Milton Schinca fue y es el locutor más querido. Era el preferido de la gente, que venía y pedía cualquier libro leído por él. Se pedía su voz”.
La parte humana es la que destacan todos en la institución. Su sentido del humor, su don de gente, su capacidad de trabajar con personas discapacitadas sin ningún problema. “Capaz de transmitir conocimiento de forma coloquial, sin hacer sentir nunca al otro una superioridad intelectual que evidentemente poseía”.
La colaboración de Schinca superaba lo meramente laboral, ya que pensaba que su tarea acercaba la cultura a los menos favorecidos, pues era una forma de equidad y que era prácticamente su obligación hacerlo.
Amaba los libros, y qué mejor homenaje a ellos que ser su voz. Los títulos que grabó provenían muchas veces de su propia biblioteca. Otras veces trabajaba a pedido. Se lo podía ver conversando con los usuarios del servicio y al final, siempre con una sonrisa, aceptar el particular y a veces insólito pedido.
A un día de que comiencen los festejos por el Día del Libro, la noticia de la muerte de Milton Schinca fue un duro golpe para la literatura local. No obstante, al conocer este enorme legado cultural que dejó, no se puede más que recordarlo con una sonrisa.
Para los fanáticos del libro clásico, en papel y con tapas, el trabajo de Schinca puede no resultar atractivo. Para todos quienes piensan que el libro es libro en tanto es palabra que dice algo a alguien, y no importa el formato, ni el soporte, el aporte de Schinca es invaluable.
Los libros leídos de Milton Schinca son un tesoro que por ahora solo tiene la Fundación Braille del Uruguay.Quizá en el futuro, siguiendo esa estela democratizadora que inició, cualquiera pueda acceder a ellos.