Lacalle Pou imagina un gabinete multicolor
El candidato presidencial por el Partido Nacional se defiende de las críticas
T ermina hoy para el candidato blanco Luis Lacalle Pou una de las semanas más duras de la campaña electoral. Vivió “en carne propia” la dificultad de tener que “desmentir mentiras”, como dijo ayer en Paysandú. Al bisnieto de Herrera las críticas le llegan de frenteamplistas pero también de colorados. Ha tenido que andar explicando sus dichos y propuestas, después de ser interpretadas con intencionalidad política para llevar agua a molinos ajenos. Sin embargo el postulante nacionalista prefirió masticar la bronca y seguir por su camino “por la positiva”.
Junto a su compañero de fórmula Jorge Larrañaga iniciaron ayer una gira por el litoral oeste, que los llevó por Río Negro y Paysandú, y que continuará hoy en Salto y mañana en Rivera. En esas recorridas pidió a sus seguidores responder con “silencio atronador” a los dardos, aunque Larrañaga confesó que se viene “un tiroteo” en los 50 días, y que a él le gusta “el olor a pólvora” y “la lucha”.
Lacalle Pou insistió con la idea del “equipo” para gobernar y también con su convicción de elegir a los “mejores” para los cargos ejecutivos. En Fray Bentos les dijo a sus militantes que los blancos deberán tener la “madurez” para entenderlo, porque de acceder al Poder Ejecutivo deberá negociar para formar gobierno. “En el futuro no se sorprendan que algunos no sean del Partido Nacional, pero sí van a ser los mejores”, aclaró, y más de una vez trajo el ejemplo de Azucena Arbeleche, su candidata a ministra de Economía, que si bien es blanca nunca integró una lista ni fue a un comité. La mayoría parlamentaria, dijo, podrá lograrla con negociación. Y esa negociación implicará abrir espacio a otros partidos. Ante una consulta puntual ayer en la capital sanducera, aseguró que algunos ministerios tendrán colores partidarios diversos. De todos modos aclaró que él tendrá “derecho a veto” de las personas que otros partidos propongan para cargos ejecutivos en medio de la negociación de una coalición.
En diálogo con El Observador agregó que de ser presidente mantendría la participación multipartidaria en las empresas públicas, porque a su juicio ha sido una buena experiencia.
Las señales de acercamiento y diálogo hacia otros partidos no quedaron allí. También habló de convocar a todo el espectro para controlar las licitaciones públicas. Larrañaga repitió que la coyuntura política del próximo gobierno requerirá mucha negociación, y por ello se imagina largas jornadas de diálogo en el Parlamento.
Al final de la recorrida, que fue en Quebracho (Paysandú), Lacalle Pou ironizó con los roles de cada partido en la campaña.
“Esta campaña es rara. El manual dice que el gobierno habla de sus logros, y la oposición lo critica. Pero acá vemos que el gobierno se frenó y le pega a la oposición, mientras el que va segundo no habla del gobierno”, dijo. Luego contó que algunos blancos se le acercan para pedirle sangre. “Dales palo”, repiten, pero él, según dijo, les responde que se van a quedar con las ganas, porque va a responder con tranquilidad ante las críticas.
María Teresa Porcheta tiene 57 años y desde hace 35 trabaja como funcionaria judicial en Paysandú. Ayer, cuando la fórmula blanca visitó la capital sanducera, se vistió de fiesta para recibir al candidato. Ubicada bien adelante en el acto y mientras hablaba Lacalle Pou, María Teresa se besaba el crucifijo que tenía colgando de una cadena. Se persignaba, miraba al cielo y parecía rezar. Cuando terminó el acto se le acercó para regalarle un rosario celeste. Le dijo que con eso iba a poder ganar la elección. Lacalle Pou la miró de reojo, la saludó y siguió su camino.