Larrañaga débil, una debilidad de Lacalle
Varios caudillos se distanciaron de Alianza y generan enojos y dudas en el Partido Nacional
El conductor de
Alianza Nacional,
Jorge Larrañaga, sufre ahora los juegos peligrosos de los que alguna vez fueron y tal vez vuelvan a ser sus señores de la guerra. El jefe del ala wilsonista del Partido Nacional confirmó en forma explícita su intención de volver a postularse en las elecciones internas en pos de la candidatura presidencial única, algo que le fue esquivo en las dos últimas oportunidades.
Ese movimiento, en vez de solidificar su movimiento, generó dudas y dispersión. Por un lado, un conjunto de intendentes –Cerro Largo, Tacuarembó, Treinta y Tres y Lavalleja- vienen manteniendo reuniones con el objetivo explícito de buscar una alternativa electoral diferente a Larrañaga, que, sin embargo, no aparece. No es la primera vez que caudillos departamentales intentan forjar un movimiento nacional.En todos los casos han chocado con las mismas dificultades.
Los intereses propios impidieron en el pasado –igual que en el presente- que uno de ellos sea ungido con el apoyo político necesario para formar una corriente nacional poderosa capaz de amparar al conjunto. Dicho de otro modo, no hay lugar para todos en una lista común al Senado y la base electoral de los intendentes lo sabe, algo más determinante que los eventuales intereses personales.
Por otro lado, la senadora Verónica Alonso hace rato que se viene distanciando de Larrañaga con la intención de formar una tercera vía, en realidad una autopista, llena de obstáculos y baches, hacia la vicepresidencia. En realidad, la senadora quizás tuviese en mente la posibilidad de recibir el vital apoyo político de los intendentes aliancistas del Norte, algo que hoy está frío.
Alonso tiene incentivos para lanzar igual una pre candidatura presidencial en una interna partidaria aunque de mínima sea al efecto de consolidar un sector propio que la lleve al Senado. Además, los votos son los que mandan a la hora de elegir compañera de fórmula. El caso del intendente de Soriano, acusado de vender combustible a la intendencia que dirige, enfrentó en forma explícita a Larrañaga con
Lacalle Pou.
El primero defendió un leve apercibimiento partidario en tanto que el jefe de Todos pidió sin éxito una suspensión. La rispidez entre ambos también fue alimentada por el pase del intendente de Artigas desde Alianza hacia el grupo Lacalle Pou. Larrañaga consideró que una política de este tipo, de fagocitación interna, atenta contra la unidad partidaria.
El nivel de molestia es alto. El debilitamiento de la figura de Larrañaga no es bueno para él ni para los blancos, algo que Lacalle Pou sabe perfectamente y por eso, no alienta y, en todo caso frena, los pases internos. Aunque los intendentes del Norte en grupo o en forma individual recompongan con Alianza Nacional, su retirada hacia los márgenes horada al liderazgo de Larrañaga, el exponente con mayor peso del ala wilsonista.
En el sector Todos dirigentes de primera línea consideran posible y deseable un escenario sin interna bajo el supuesto de un acuerdo sobre la candidatura de Lacalle Pou, una vice de consenso y varias listas al Senado con el perfil de cada uno, entre ellas la de Larrañaga. Eso es extremadamente difícil, casi imposible, aunque en política y entre los blancos –donde movimientos políticos poderosos han desaparecido de la noche a la mañana- todo puede pasar.
El deterioro del clima de interno y el debilitamiento de Larrañaga resta y genera enojos que al final le pegan al Partido Nacional en su conjunto y en particular a Lacalle Pou.
Si Lacalle Pou se fortalece a costa de Larrañaga, se debilita. El peligro está en que ese fenómeno se produzca en forma espontánea aunque ambos no quieran.