ver más

En Estados Unidos, todo setiembre marca el inicio de una nueva temporada televisiva. Y con ella, la posibilidad de decepcionarse con series de corta vida que fueron canceladas o programas que, tras una increíble primera temporada, no logran ser renovados.

En un encuentro de la Asociación de Críticos de Televisión estadounidense, varios ejecutivos del rubro discutieron cómo manejan las nuevas fuentes de ingresos de sus programas y cómo deciden qué perdura en las pantallas. "Yo veo estas decisiones así: mi equipo tiene un voto, los expertos tienen otro y la audiencia el tercero", explicó el presidente del canal FX, John Landgraf, en la reunión. "Dos votos pueden renovar un programa, pero podemos superar una votación de 2 a 1 en nuestra contra si creemos que la audiencia o los expertos van a cambiar de opinión debido a la calidad del programa. Lamentablemente, ambos están tan abrumados por la cantidad de productos televisivos que es difícil lograr que le den un segundo vistazo a algo que ya han rechazado".

Los ejecutivos de las grandes cadenas de televisión comercial revelaron cálculos más complejos. Cuando el copresidente de Fox, Gary Newman, fue interrogado sobre la atención que recibía el programa Sleepy Hollow en las redes sociales y su impacto a la hora de mantenerlo al aire, el jerarca apeló a la fuerza de las retransmisiones y sugirió que el respaldo internacional de la serie le dio un colchón a la cadena para encontrarle un mejor horario.

Por su parte, la presidenta de CBS, Nina Tassler, señaló que su cadena puede permitirse mayor flexibilidad en los casos en los que el programa es producido por ellos y no comprado a otro estudio. "No tenemos una ecuación per se, porque cada programa es monetizado de manera distinta en relación al modelo de negocios. Solo sabemos que, al final del día, una de las claves de nuestros horarios y nuestras renovaciones es ser dueños de los programas. No hay una fórmula fija, más allá de que esa propiedad sobre las series nos pone en una posición privilegiada en lo que respecta a la monetización".

Los cálculos cambian en el caso de Netflix y Amazon, que no amasan sus fortunas por las publicidades en streaming, sino por las suscripciones. Eso implica despertar la pasión del público para lograr convertirlos en fanáticos y que compren una suscripción para acceder a ese programa exclusivo. "No nos planteamos cuál es la cantidad máxima de gente que podemos tener mirando cada capítulo, sino cómo convertimos al programa en el predilecto de alguien", señaló el jefe de la división de comedia de Amazon, Joe Lewis.

Y agregó: "No sé si lográs medir eso solo considerando la cantidad de gente que hay al arrancar una serie. Cuando hablo de feedback implícito, hablo de cuánta gente vuelve a mirar los episodios, cuánta gente completa el programa que está mirando, cuánta gente habla sobre él en las redes sociales. Ninguno de nosotros está intentando hacer que su programa sea el tercero en la lista de preferidos de determinada noche a la semana. Estamos tratando de crear el favorito de alguien".

Si su programa favorito no es creado o distribuido por alguna de estas cadenas, igual hay chances de que pierda un programa que ama. Pero mientras el negocio de la televisión cambia a un ritmo acelerado, una de sus ventajas es que las cadenas pueden beneficiarse del entusiasmo individual, sin importar cómo se lo exprese.
Temas:

Televisión Netflix Amazon

Seguí leyendo