Generalmente viven en los cerros de Caracas y de otras ciudades del país, donde los delincuentes imponen sus reglas. Las redadas de las fuerzas policiales de las últimas semanas han empeorado la situación, porque allí "cae cualquiera", dice la propia gente.
Alfredo Padilla, director de economía popular del Instituto de Altos Estudios Sindicales de Venezuela, explica a El Observador cómo en el país rige el "sálvense quien pueda".
El dirigente político es un curtido abogado que a lo largo de su trayectoria encabezó movimientos para la defensa del patrimonio familiar y el emprendimiento de los trabajadores.
Este año fue designado coordinador del área social de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Si algo caracteriza a Padilla, es su actitud de remangarse y "subir cerro" (como dicen en Venezuela) para tomar el pulso de los barrios.
No tiene pelos en la lengua al decir que allí se vive con el corazón en la boca y esquivando las balas.
A continuación, una síntesis de la entrevista con El Observador.
¿Cuál es la situación en los barrios populares? Hay una enorme disconformidad con el gobierno que se refleja en casi todos los barrios por igual. En algunas zonas, como El Valle, se produce la ya clásica protesta de cacerolazos y trancas en las calles, pero también se profundizó la confrontación entre la policía y grupos armados de civiles.
Los enfrentamientos en el marco de la "Operación de Liberación del Pueblo" , que es la mano dura oficialista contra el crimen, está generando gran temor y malestar en la gente, porque cualquier persona puede recibir balazos de las fuerzas policiales, que entran a tiro limpio en los barrios.
De esa forma, caen los delincuentes, pero también sus familias y los ciudadanos comunes que viven en las cercanías.
Algunas de las bandas de civiles armados derivan de los "colectivos", organizaciones comunitarias que apoyan a la "Revolución Bolivariana", muchas veces incentivadas por el gobierno.
¿Cómo funcionan los comercios? En esta tierra de nadie, las bodegas (almacenes) en los cerros casi no existen más. Los operativos Mercal y Pdval, que eran frecuentes en una época, se han reducido a bolsas de comida, entregadas en mano y esporádicamente por los Comités Locales de Abastecimiento de Producción, a quienes están en una lista.
Quienes hayan participado en acciones en contra del gobierno y sean identificados, no están en esa lista. Hay delatores que los señalan, para que sean discriminados.
Además, muchos de los que reciben las bolsas de alimentos subsidiados, las revenden a varias veces su precio.
Todo eso hace que la situación sea decadente, con grandes dosis de anarquía. La gobernabilidad en el país es difícil. Y lo seguirá siendo para los sucesores de este proceso, si es que la democracia triunfa.
¿Siguen ocurriendo linchamientos, o lo que llaman "justicia por mano propia"? Hubo casos. La gente, cansada de la impunidad y para protegerse, no da tregua a los maleantes para que reconozcan sus delitos y se entreguen a la policía. También son objeto de maltrato físico.
Durante esta presidencia, la población sufrió mucho más las acciones de la delincuencia que en gobiernos anteriores.
La falta de respuesta de las instituciones llevó al descreimiento. El cuerpo policial también está contaminado de malas conductas y cuando reprime roba los celulares o bolsos de los manifestantes. Todo eso genera una combinación bastante explosiva en el país.
Los saqueos son realizados por delincuentes, a los que se suman ciudadanos comunes. En general, los primeros atracan camiones con productos alimenticios, y el resto de las personas se abalanzan solo para conseguir suministros. ¿Qué tanta hambre se pasa en los zonas populares? El hambre es terrible. Es penoso ver cómo la gente corre hacia los camiones de basura, porque los que llegan primero se llevan lo mejor. Se disputan las cosas y los niños participan.
Las marchas políticas se convirtieron en un modus vivendi de los jóvenes de la calle, porque muchos se dedican a pedirle dinero a la muchedumbre, y así van subsistiendo.
Muchas marchas terminan en fuerte violencia y muertos. Eso pasa por una combinación de factores, pero generalmente al final de las marchas se combina el arrojo heroico de jóvenes que se arriesgan (tanto que a uno le da dolor y admiración), con infiltrados que desvirtúan el sentido de las protestas, más la represión, y los delincuentes y pedigüeños que están al acecho.
Es un cóctel explosivo.
¿Qué pasó con los beneficios del gobierno para los sectores populares a través de las misiones, como la "Misión Alimentación"? La caída de los precios del petróleo y la baja de la producción afecta drásticamente a esas misiones y llegan pocos productos a las barriadas.
Ahora el agravante es que el gas doméstico está escaseando y no se puede cocinar. ¿Qué pasa con la figura de Hugo Chávez como mito? Chávez es un emblema para mucha gente, pero si me preguntaran si es un mito a la altura de, por ejemplo, Juan Domingo Perón, diría que no.
El mito de Chávez parece ser cada vez es menor. Pienso que el chavismo resurgirá como fuerza política en el futuro, no en esta realidad inmediata con escasez de todo tipo.
La disidencia de algunos líderes de la revolución chavista se repite, multiplicada, en los sectores populares.
Analistas sostuvieron que el gobierno caería cuando las clases populares se sublevaran. Es difícil saber el desenlace. Lo que sí está pasando es que la sublevación popular se da en el juego con la represión oficialista y la delincuencia desatada.
PERFIL
Alfredo Padilla, político y abogado
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Abogado y coordinador del área social de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), suele estar en contacto con la realidad de las barriadas pobres, tanto en Caracas como en otras ciudades.
El dirigente comprueba la forma en que viven las clases más desposeídas y a través de la situación social refleja cuál es la coyuntura cotidiana de Venezuela.