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La historia dice que Santos es el equipo de Pelé. Una escarapela con un enorme peso propio. Pasado el tiempo el club cayó en un pozo hasta que encontró otro diamante para poner al club nuevamente en la consideración del mundo. Y Santos pasó a ser el club de Neymar. En el medio, estuvo Robinho, pero sin el suceso del ahora jugador de PSG.

La simpatía que despertó el club paulista quedó reflejada en pequeños actos que tuvieron como protagonistas a uruguayos. Esta presentación viene porque el rival de Nacional el jueves por la Copa Libertadores, no es uno más.

Santos goza de algunos privilegios que no se le brindan a otros clubes. Por lo que los tricolores deberán estar atentos a todos los detalles.

Es cierto que los tiempos cambiaron, pero por estas tierras los recuerdos están frescos.

Las pruebas hablan por sí solas: ganó un partido que no terminó, vetaron siete años el Franzini por una pelea que protagonizó su seguridad, y se dio el lujo de fijar en 2011 una final en una cancha de escasa capacidad y con serios riegos de seguridad, lo que derivó en incidentes al final del encuentro.

Partido que ganó sin terminar

En la época de Pelé, el Santos era un protagonista de lujo del fútbol mundial. En aquellos años jugaban verdaderas batallas contra Peñarol. Una de ellas fue en 1962. El elenco aurinegro dio vuelta el partido y se armó revuelo en las tribunas. En determinado momento el árbitro chileno Carlos Robles recibió un botellazo en el cuello y cayó desmayado.

Pelé
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Inmediatamente suspendió el partido por lo que existía la posibilidad de que se lo dieran ganado al visitante. El clima en las tribunas era infernal. Una vez en el vestuario, dirigentes de Santos obligaron al árbitro a tomar una decisión, con hostilidad e insultos.

Robles volvió a la cancha y le dijo a los jugadores: "Muchachos, el partido terminó pero ayúdenme, porque sino nos matan a todos. Vamos a completar el tiempo que resta". Reanudado el juego Santos empató y se consideraba campeón de América porque había ganado en Montevideo.

"Cuando terminó el partido, para nosotros y para la gente éramos campeones. Habíamos ganado en Montevideo y empatado 3 a 3 en casa. Todo el mundo festejaba. Pero, al volver al vestuario, en el pasillo, el lateral derecho uruguayo, González (Edgardo) me dijo: 'Mirá que no valía, eh...'. Me dejó confundido. Yo entré al vestuario y lo comenté, pero no le dieron mucha importancia al tema, siguieron festejando. Al día siguiente nos enteramos que el réferi había terminado el juego con el 3 a 2 para Peñarol y que debíamos jugar un tercer partido. Pero fue mejor. Allá en Buenos Aires les dimos un 'chocolate': 3 a 0 con dos goles de Pelé y otro en el que pateó Coutinho y antes de entrar se desvió en Caetano", declaró el futbolista de Santos, José "Pepe" Macia, según reveló el sitio Pasión Libertadores.

Danubio-Santos

En el año 2005 el club brasileño volvió a ser protagonista de una serie de incidentes. En ese entonces, el club que era conocido por contar en sus filas con la estrella de Robinho, viajó a Montevideo a jugar contra Danubio en el Franzini. Y el primer lío fue por el calentamiento. Se metieron a la cancha, lo que generó malestar.

El partido fue de clima caliente y al final el futbolista de Santos, Basilio, tuvo un cruce con Pablo Melo que llevó a un intercambio de manotazos.

Entonces entró en acción la seguridad de Santos. Unas figuras enormes, que atropellaron todo lo que se puso en su camino para llevar a los jugadores de Santos al vestuario.

Un camarógrafo incluso perdió su herramienta de trabajo en el borbollón, lo que determinó que los danubianos quisieran estampar la denuncia penal contra esta violenta persona. La gente se quejó de que hasta Robinho lanzó botellas de plástico contra los hinchas.

Franzini vetado

Iluminación del Franzini
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Debido a aquel incidente, Santos ejerció tal presión que el Estadio Luis Franzini estuvo vetado durante 7 años. Defensor Sporting no pudo volver a jugar en su cancha. Y pese a que cumplía con los requisitos pedidos por la Conmebol, siempre le encontraba un pero para no dejarlo fijar el escenario del Parque Rodó.

En 2007 justamente el elenco violeta enfrentó a Santos por la Libertadores y tuvo que jugar en el Centenario.

Aquella vez tuvo un entredicho con la Conmebol debido a que Defensor fijó precios populares.

La Conmebol remitió una carta a Defensor que decía: "Hemos tenido conocimiento de la liquidación presentado por su afiliado el Club Defensor del partido jugado en el Estadio Centenario, con el Santos en fecha 5/4/07, declarando la venta de 33.898 espectadores con una recaudación de US$ 21.061.60. El porcentaje que corresponde a la Conmebol no alcanza ni para cubrir los gastos de arbitraje y control de doping, con lo que la CSF favorece a los participantes en sus campeonatos, pese a la importante cantidad de público asistente a este partido. Al respecto debemos manifestar que a futuro la Conmebol no aceptará estas liquidaciones, por entender que los precios fijados para estos partidos internacionales no condicen con los valores normales para este tipo de espectáculo deportivo".

Santos-Peñarol, la final

En 2011 se volvió a reeditar el viejo pleito entre Santos y Peñarol que llegaron a la final de la Libertadores. El partido de ida en el Centenario culminó igualado. Para la revancha, Santos puso de manifiesto todo su peso.

El 8 de junio de 2011 el presidente de Santos, Luis Alvaro de Oliveira Ribeiro, viajó a Asunción para marcar posición: quería un árbitro que le brindar seguridad y que la finalísima se jugara en Pacaembú y no en el Morumbí. De Oliveira se reunió con el presidente de la CSF, Nicolás Leoz. "Pretendo ir a Asunción para demostrar que estamos atentos. Queremos un arbitraje imparcial, una final limpia", declaró.

El 16 de junio Peñarol respondió mandando una carta a la Conmebol donde hablaba de las provocaciones del técnico de Santos, Muricy Ramalho y que la final no se podía jugar en Pacaembú por entender que el escenario no reunía la capacidad necesaria. Entraban menos de 40 mil personas.

La carta denuncia al DT de Santos: "En una actitud insólita y sin precedentes por los comentaristas de la Cadena Fox Sport, se dirigía al árbitro, mientras era filmado por la televisión brasileña, reclamándole por su actitud ante el jugador Neymar. Exigía con voz airada saber si se le iba a expulsar, luego de haber sufrido una tarjeta amarilla por una notoria simulación, que se repitió varias veces durante todo el partido. Alegaba incluso que se estaba pretendiendo impedir que, por una suspensión, el referido jugador no pudiera participar del segundo partido final".

Neymar estará en La Paz
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Neymar

La reacción de Peñarol incluye la acusación de que la actitud de Ramalho, "realmente insólita; estaba notoriamente dirigida a presionar al juez, pero también a generar en el público brasileño la sensación de estar ante la inminencia de una sanción injusta".

"El hecho se hace particularmente grave en la perspectiva del partido que debemos disputar Peñarol y Santos el próximo miércoles en el Estadio de Pacaembú, que -como es notorio- no posee una capacidad importante, al punto que Peñarol recibió la posibilidad de vender 2.000 entradas".

Agrega: "Es un estadio riesgoso, calificado así­ por la propia policí­a brasileña y con antecedentes de violencia muy negativos. En ese contexto la actitud del Sr. Ramalho merecería una seria sanción y la adopción de medidas preventivas que impidan actos dirigidos a incitar al público a desbordes que pueden llegar a ser fatales".

Líos en la final

Pese a su carta, Peñarol no tuvo suerte y debió jugar la final donde Santos quería. El clima previo fue tremendo. Antes del partido un ómnibus con hinchas de Peñarol fue emboscado y apedreado en las cercanías del estadio. Cuando todavía faltaban varias cuadras para llegar al escenario, a la unidad de transporte le rompieron varios vidrios. No hubo heridos.

Y al final del encuentro se generaron incidentes. Terminó en un enfrentamiento entre los jugadores. Muchos intentaron separar pero otros, como Luis Aguiar, la emprendió a golpes y patadas contra allegados a Santos que invadieron la cancha.

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En la zona de prensa algunos periodistas uruguayos recibieron el hostigamiento de los hinchas.

Alejandro Martinuccio dijo que "entró un hincha y provocó"; y agregó: "hay que aprender a festejar". "Nadie pensó que íbamos a llegar hasta tan lejos, pero con sacrificio y humildad demostramos que se puede", concluyó.

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