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Rusia volvió el martes a la carga contra Occidente con unas virulentas declaraciones del presidente Dimitri Medvedev, que aseguró que considera a su homólogo georgiano, Mijail Saakashvili, un "cadáver político" y que no teme una exclusión del G8 ni una ruptura con la OTAN.

"Para nosotros, el régimen actual georgiano quebró. El presidente Saakashvili dejó de existir para nosotros", afirmó.

El presidente ruso aseguró asimismo que su país "no teme" una eventual "exclusión del G8" por la crisis con Georgia, en reacción a algunos llamados en ese sentido, que calificó de "tecnología electoral" estadounidense.

El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, afirmó el domingo que Rusia se había convertido en una "autocracia" que debía ser excluida del G8, que reúne a los ocho países más industrializados del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia).

No obstante, se mostró dispuesto a hablar con la comunidad internacional "de todo tipo de asuntos, incluido de una solución post-conflicto en la región" del Cáucaso.

Estas declaraciones se producen después de que la Unión Europea lanzara el lunes una tibia advertencia a Moscú ante su injerencia política y militar en Georgia.

Pero el hecho de que el bloque se abstuviera de aplicarle sanciones, fue interpretado por Rusia como una victoria.

"Esencialmente", comentó el ministerio ruso de Relaciones Exteriores, los países que reclamaban sanciones contra Rusia "quedaron en minoría" y "una mayoría dio muestras de responsabilidad y confirmó su política de cooperación con Rusia".

"En los últimos dos años, Rusia se ha acostumbrado a los obstáculos artificiales" de estas negociaciones, según un comunicado.

Saakashvili se felicitó por su parte de la decisión de los europeos, que calificó de "paso muy importante".

(AFP)

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