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En Estados Unidos viven 311 millones de personas y hay cerca de 300 millones de armas. No todos tienen una, pero lo que los números demuestran es lo fácil que es encontrar a gente que tiene o lleve armas. He hablado más de una vez con mujeres pacatas que dicen que disparan bien.

Solo por la magnitud de esa cifra, sin valorar tradiciones ni costumbres, ya es imposible prohibir las armas en Estados Unidos. Australia lo hizo en 1996 y en 2006 su tasa de homicidios había bajado el 59%.

Una de las medidas claves fue la destrucción de rifles automáticos o semiautomáticos. En dos años se inutilizaron una quinta parte de las armas que había en Australia. ¿Cuántas eran?: 700 mil. Estados Unidos debería destruir 40 millones de armas para llegar al nivel australiano. Es imposible. Pero eso no significa que no se pueda hacer algo. En 1994, Bill Clinton firmó una ley que prohibía algunos tipos de rifles semiautomáticos. Era una medida que debía renovarse al cabo de 10 años, pero en 2004 la administración de George W. Bush la dejó caducar.

Obama dijo en el segundo debate con Mitt Romney que está a favor de renovarla, pero es improbable que el Congreso controlado por los republicanos lo acepte. Esta ley evitaría que alguien disparara docenas de tiros sin tener que volver a cargar el arma, pero no habría evitado las peores tres matanzas de la historia de Estados Unidos: Virginia Tech, Newtown (a falta de los detalles definitivos) y Killeen, Texas, en 1991. Las tres se hicieron con pistolas.
Una segunda medida difícil pero que se podría debatir es vigilar más quién puede comprar armas. El permiso se obtiene en el mostrador de tiendas de armas autorizadas. Se llama National Instant Criminal Background Check System; es por tanto “instantáneo”. Según el FBI, desde que se instauró se han hecho 100 millones de comprobaciones y se ha denegado 700 mil veces, el 0,7%. El sistema podría ser mejor.

Pero esos 700 mil junto a los exconvictos o menores que ya saben que no les van a permitir comprar en una tienda normal, no deben ir al mercado negro: pueden ir a una feria de armas o por internet. Las ferias son exposiciones tipo mercadillo que se celebran por todo el país y pueden vender lo que sea a quien sea: junto con la red venden un 40% de las armas de EEUU.

Si estos permisos y vacíos legales mejoraran, el sistema no sería perfecto. El presunto autor de la matanza de Newtown usó armas legales que estaban a nombre de su madre. Según parece, sin confirmar, él tenía algún tipo de enfermedad psíquica que le hubiera dificultado conseguirlas.

Otro discreto paso adelante sería un cambio de perspectiva. El “control de armas” (algún control) es impopular en Estados Unidos, pero hay otras medidas individuales que están bien vistas.

Si alguien quiere armas, las va a conseguir. La prohibición no tiene salida en EEUU, ¿y si más armas en manos de gente respetable impidiera más matanzas? La teoría a favor de las armas es que son el mejor modo de defenderse contra locos con rifles. En EEUU, hay solo 13% de robos en casa con los propietarios dentro (en Reino Unido son 45%): en EEUU los ladrones tienen miedo de que les peguen un tiro.

El camino para lograr que lleguen más armas a mejores propietarios son las leyes que permiten llevar un revólver oculto siempre encima (algunos estados dejan llevarlo a la vista). Las leyes para llevar pistolas ocultas son mucho más estrictas que las otras: hay que pasar pruebas psicológicas, de tiro y pagar. Es más probable que las tengan gente sana, pero hay casos que prueban la teoría contraria: algunos han sacado su pistola en una discusión de tráfico.

Pero los homicidios decrecen en EEUU década a década, y ya hay 8 millones de americanos con su permiso de arma oculta. Yo me he encontrado en viajes distintos a dos tipos que iban con el arma siempre encima. Era, decían, para defenderse. Si las armas se prohibieran, los criminales estarían seguros de que sus víctimas no llevan armas; ahora eso no ocurre: robar es jugarse la vida, hay disuasión.

Aunque hay ciudades donde está bien pensar en cómo defenderse, la reacción con armas no es tan simple. Comportarse con serenidad en medio de un ataque es más difícil de lo que parece. Puede ser que acaben disparando mal, aunque es probable que en esos momentos cualquiera otra opción sea también fatal.

Quizá solo se arreglaría un problema con otro, pero las alternativas son limitadas. Aunque si los medios habláramos menos de cada masacre, la tendencia podría mejorar. El presidente Obama ha optado por no malgastar su capital político en luchar para imponer a Susan Rice como secretaria de Estado. Tiene el abismo fiscal y la inmigración como próximas batallas. Si le va bien, seguirá el cambio climático.

Obama nunca ha tenido como prioridad la segunda enmienda, que regula el derecho a tener armas. Es poco probable que cambie ahora. No hay que olvidar cómo son de vehementes los defensores de los derechos a tener armas.

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