Los BRICS hacen historia y mandan al mundo una poderosa señal de fuerza
Con las nuevas incorporaciones al bloque, ahora le van a llover solicitudes de ingreso. Y Uruguay debería presentar la suya propia
Cuando el economista Jim O’Neill, a la sazón estratega de mercados de Goldman Sachs, acuño el término BRIC en 2001, inicialmente para referirse a las economías de Brasil, Rusia, India y China, lo hizo para compactar un portafolio financiero de mercados emergentes a fin de facilitarle la tarea a los fondos de inversión de los grandes bancos de Wall Street y de los llamados “Big Five” de la City de Londres. Como mucho -como ha reconocido el propio O’Neill años después-, para marcar un nuevo derrotero en la gobernanza financiera global pero, desde luego, siempre con epicentro en Nueva York y Londres.
No imaginó entonces que 20 años después, aquellas economías emergentes aglutinadas para facilitar la inversión del mundo desarrollado se convertirían en un desafío para la propia hegemonía global de Occidente.
Poco después de la publicación del famoso paper de O’Neill, con su ingenioso retruécano en el título, Building Better Global Economic BRICs, Brasil, Rusia, India y China se integraron en un bloque ad hoc, aparentemente sin muchas más ambiciones que su propia prosperidad económica cortejando a los mercados internacionales; y en 2010 sumaron al club a Sudáfrica, con lo cual ya quedó el acrónimo en BRICS.
Aquellas economías emergentes se presentaban en la prensa especializada como antiguos países en desarrollo, de aceleradísimo crecimiento y unas tasas de interés muy altas, que eventualmente podrían acercarse, incluso igualar, los estándares de vida de los países industrializados para sus ciudadanos. Pero eso era lo de menos. La clave estaba en el calificativo: emergentes.
No se suponía que estos países se convertirían en un reto geopolítico; mucho menos, que algún día intentarían formar un orden internacional alternativo al liderado por Estados Unidos. Durante más de dos décadas, se complementaron perfectamente con los países desarrollados para conformar el orden internacional llamado “multilateral”, pero en los hechos unipolar, siempre liderado por Washington, DC.
Pero aquello que O’Neill concibió como una sigla y luego devino en bloque se acaba de convertir en la principal herramienta de China para desafiar el poder de Occidente. En la cumbre que hoy llega a su fin en Johannesburgo, los BRICS han sumado seis nuevos países miembros, entre ellos, nada menos que Arabia Saudita, Emiratos Árabes e Irán, los tres principales productores de petróleo del mundo. Los otros tres nuevos miembros son Argentina, Egipto y Etiopía.
Tras esta ampliación, efectiva al 1 de enero de 2024, el bloque acaparará 40% del PBI global y cerca de la mitad de la población mundial.
El acuerdo de marzo pasado entre los eternos rivales del mundo islámico Irán y Arabia Saudita, mediado precisamente por la diplomacia china, le empieza a rendir dividendos a Beijing. Pero la incorporación de Riad por sí sola merece mención aparte por tratarse de quien ha sostenido por décadas el valor del dólar con su petróleo y, por ende, ha sido pieza clave en la permanencia de EEUU como primera superpotencia del planeta.
Precisamente la idea de China en esta cumbre de los BRICS era, por encima de todo, anunciar el lanzamiento de una moneda común del bloque. Pero India le aguó la fiesta un mes antes de siquiera sentarse a la mesa en Johannesburgo, cuando el gobierno de Narendra Modi anunció, urbi e orbi, que de ninguna manera apoyaría una divisa común.
¿Por qué es importante esta ampliación de los BRICS?
Hay una lista de 40 países que han expresado su interés por ingresar al bloque; solo 22 de ellos han presentado formalmente solicitud de ingreso. Uruguay es precisamente uno de los que ha expresado interés sin presentar solicitud.
Ahora con estas nuevas incorporaciones van a llover los pedidos formales de entrada. Y Uruguay debería estar entre ellos. Como el monumento de Churchill en Washington, que tiene un pie en Estados Unidos y otro en Inglaterra, Uruguay debería tener un pie en Occidente y otro en Oriente. Esa debe ser la clave de la política exterior del siglo XXI.
Es interesante lo que acaba de suceder en Johannesburgo porque confirma el tan anunciado cambio de paradigma. Confirma que hay una división Este-Oeste que se acerca al mundo multipolar por el que pugnan los BRICS, en esto sí, sin fisuras.
En Occidente y en Washington, Uruguay ya tiene su pie, por lazos, por geografía, por instituciones, por historia, por cultura. Y en China a su modo también por el comercio. Pero el país debe buscar integrarse a los BRICS cuanto antes, porque si se está abriendo a economías tan importantes como Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Egipto, y mucho más aun, a Brasil y Argentina que son nuestros dos principales vecinos, parece hasta un despropósito no haber presentado ya esa solicitud. Es natural que lo haga.
Ahora bien, ¿habrá más incorporaciones a los BRICS en el futuro cercano? Lo más seguro es que sí, pero también habrá fuertes resistencias. A China, que quiere erigirse en superpotencia líder, le conviene que se sumen al bloque todos cuantos quieran. Rusia la secunda en ese afán, todo le sirve a Moscú para escapar al cerco económico de Occidente. Pero India lo va a resistir a brazo partido.
De hecho, India se negaba a estas seis nuevas incorporaciones al bloque. Así como el mes pasado se había opuesto a la moneda común, el indio Modi también intentó frenar en Johannesburgo la ampliación. Un informe de Bloomberg con fuentes en la delegación india señalaba a última hora del miércoles -cuando todavía no se ponían de acuerdo- la “preocupación” de Nueva Delhi de que “un BRICS ampliado se convertiría en un simple peón de Beijing”. Hasta último momento la delegación india se aferraba a la idea de endurecer los requisitos para que no entrara más nadie al bloque. Pero al final no pudo resistir la presión de todos los demás países miembros.
El temor a que un BRICS extendido termine siendo simplemente el club de amigos de China es una idea incluso compartida entre algunos cuadros de Itamaraty. Ahora infinidad de países de todo tamaño buscarán unirse al grupo, muchos de ellos solo para ganar acceso al gran mercado chino. Y esto sin duda diluiría el poder de India y Brasil dentro del bloque. Algo que en Nueva Delhi rechazan de plano, puesto que en la visión india del mundo y de su región, si han de tener a China de socio, solo puede ser en pie de igualdad.
En cualquier caso, hay que empezar a pedir pista desde ya.