16 de octubre de 2023 5:01 hs

En 2021, Joe Biden nombró a Lina Khan al frente de la Federal Trade Commission (FTC), el organismo que supervisa la competencia empresarial en el país para evitar las posiciones monopólicas.

Khan, nacida en Londres y de padres indios, tenía entonces 32 años y una carrera académica sólida. Se especializó precisamente en la legislación antitrust y ese fue el motivo por el cual el presidente demócrata la eligió.

De inmediato se encendieron las alarmas en  Silicon Valley y, apenas asumió, Amazon y Facebook presentaron recusaciones contra ella por entender que sus críticas al sector le restaban imparcialidad.

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Desde su nombramiento, los dos miembros republicanos de la FTC renunciaron a sus puestos. Una de ellas, Christine Wilson acusó a Khan y a sus “colaboradores” de “despreciar el Estado de Derecho y las garantías procesales”.

Khan, formada en la Universidad de Yale, no solo se guio por los papers publicados en sus tiempos de estudiante sino que emprendió una demanda que firmó junto a 17 Estados del país contra Amazon.

La apuesta es alta porque puso la mira en la poderosa compañía que tiene como suscriptores a la mitad de los estadounidenses. En efecto, Amazon tiene 170 millones de personas como clientes mientras que la población del país es algo más de 330 millones.

El servicio logístico de Amazon garantiza una entrega inmediata de los productos que le demandan sus clientes. Sin embargo, para la FTC, esa eficacia no es suficiente para evitar su carácter de monopolio a costa de los consumidores y de los vendedores que operan a través de la plataforma.

Uno de los recursos de Amazon es penalizar a los vendedores si venden más barato cualquier producto en otras plataformas. Para David Zapolski, vicepresidente de política pública global de la multinacional, “si la FTC logra su objetivo, sería contraproducente pues se traduciría en menos productos disponibles, un aumento en los precios, entregas más lentas para los consumidores y menos alternativas para las pequeñas empresas”. El argumento de Zapolski es lo opuesto a las leyes antitrust.

En una entrevista, Lina Khan defendió su decisión de poner la lupa sobre Amazon, más allá del poderío de la compañía: “Seguimos los hechos y la ley donde nos llevan. Creemos que si hay mercados abiertos, justos y competitivos, esos son realmente los que están mejor posicionados para garantizar que el público salga ganando”, dijo.

La demanda, presentada a fines de setiembre en el Tribunal del Distrito Oeste de Washington, es el resultado de una investigación que cobró fuerza con la llegada de Khan y se convirtió en uno de los desafíos legales más importantes presentados contra la empresa en sus casi 30 años de historia.

Al momento de fundamentar la demanda, la FTC y los 17 estados que se la suscribieron, pidieron al tribunal que emitiera una orden judicial permanente que, según dicen, prohibiría a Amazon seguir con sus conductas dominantes y debilitaría su “control monopolístico para restaurar la competencia”.

“La denuncia presenta acusaciones detalladas sobre cómo Amazon está explotando su poder de monopolio para enriquecerse mientras sube los precios y degrada el servicio para las decenas de millones de familias estadounidenses que compran en su plataforma y los cientos de miles de empresas que confían en Amazon para llegar a ellos”, dijo Khan en el comunicado emitido al presentarse en los tribunales.

Khan, nacida en Londres en el seno de una familia de origen pakistaní, se trasladó con sus padres a Estados Unidos con 11 años. Estudió Ciencias Políticas en Williams College de Massachusetts donde fue editora del periódico universitario y se doctoró con una tesis sobre Hannah Arendt.

Pasados unos años, cuando cursaba su tercer año de Derecho en la Universidad de Yale, escribió el artículo que la puso en el tapete. Se llamó: La paradoja antimonopólica de Amazon (Amazon’s Antitrust Paradox).

Khan sostenía que el actual marco jurídico antimonopolio estadounidense se centra en mantener bajos los precios para el consumidor y eso no es suficiente para limitar las conductas monopólicas de las grandes tecnológicas, capaces de bajar los precios a extremos que otras industrias con muchos más costos fijos no podrían.

Al no haber mercado de precios, “el sistema legal que tenemos montado desde el siglo XIX para evitar que las empresas abusen de los competidores, los ciudadanos son presa de las corporaciones y la normativa antimonopólica no funciona”.

Nadie esperaba que un artículo académico, en el que Khan sostenía que la Ley Sherman había sido pasada por encima, se convirtiera en un grave problema para empresas de gran porte. La Ley Sherman es del año 1890 y fue la primera medida del gobierno federal estadounidense para limitar los monopolios. El nombre es por el entonces senador por Ohio John Sherman.

La falta de regulación sobre las tecnológicas sucede en los estados federales, por eso 17 de ellos se sumaron a Khan. Muchos sostienen que, si este juicio avanza, habrá una “doctrina Khan”, capaz de poner en aprietos por ejemplo a Meta y conminarla a dividirse en varias empresas, tal como establece la normativa antitrust.

En la línea de Khan también se enrola Margrethe Vestager, la Comisaria Europea de la Competencia, que lleva años denunciando las conductas de Meta y Google en la Unión Europea.

Es un escenario complejo: en 2022, las grandes tecnológicas declararon haber perdido US$ 77.000 millones, además de despedir empleados y cerrar proyectos. Sin embargo, los tecnoempresarios, que están al tope de los megamillonarios del planeta, podrán encontrarse con un escenario en el que los reguladores los obliguen a dividir sus empresas.

(Con información de agencias)

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