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Uno de sus entrenamientos consistió en viajar atado al techo de un Porsche a máxima velocidad. Una de sus maniobras para sortear a la seguridad de un edificio en Malasia fue disfrazarse de un hombre de negocios y escabullirse con el paracaídas y la cámara escondidos en una maleta.

Por algo al austriaco Felix Baumgartner lo han apodado "sin miedo". Y es que el hombre que este domingo se convirtió en el primer ser humano supersónico de la historia es dueño de otros récords en saltos que, aunque no hayan sido desde la estratósfera, hacen valer su sobrenombre.

El deportista extremo y exmiembro de la fuerza aérea austriaca considera que es en aire donde está "en casa". El hombre de 43 años explicó al Herald Sun su adicción a este tipo de desafíos mortales: "Todos tenemos que combatir nuestros miedos. Todos tenemos que ponernos una meta difícil de lograr. Apenas la alcanzas, te sientes más vivo. Esto es lo que hace a la vida interesante".

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