Los pasos decisivos de Larrañaga y Lacalle Pou
Larrañaga y Lacalle Pou se acercan a la hora decisiva, con ventaja para el líder de Futuro Nacional
Faltan cuarenta días para las internas partidarias lo que equivale a decir que faltan cuarenta días para que se devele quién será el candidato del Partido Nacional ya que la competencia en el resto de los partidos tiene muy poco misterio. Y en esos cuarenta días Jorge Larrañaga (Futuro Nacional) y Luis Lacalle Pou (Todos) deberán recorrer al menos tres etapas en las que el primero tratará de mantener la preferencia que le otorgan todas las encuestas y el segundo intentará descontar esa diferencia en una carrera contra el tiempo que terminará inexorablemente el 1 de junio a eso de las ocho de la noche.
La primera de esas etapas, que está a punto de expirar, es la que empieza cuando los precandidatos lanzan su postulación y los dirigentes se encolumnan detrás de cada líder. Es difícil saber quién se benefició más en ese trasvase de adhesiones.
Larrañaga cultivó su propia corriente política desde que en 1990 ganó por primera vez la intendencia de Paysandú –repitió el triunfo en 1995– y en los últimos meses captó, entre otros, el respaldo del senador Francisco Gallinal, y de los diputados Pablo Abdala, Verónica Alonso y Ana Lía Piñeyrúa quienes revistaban en las filas del lacallismo.
En el caso de Lacalle Pou, parte de su capital político lo heredó de su padre, el expresidente Luis Alberto Lacalle, pero se valió por sí mismo para atraer a otros dirigentes. Entre ellos están el senador Sergio Abreu y el diputado Javier García quienes antes apoyaban a Larrañaga. Cuando empezó su carrera en la interna Lacalle Pou tenía una bancada de tres diputados y hoy tiene 19 de los 30 blancos. Siete eran herreristas del viejo tronco.
Tras estos reacomodos, y luego de intensas recorridas por el interior y la capital del país, Larrañaga supera a Lacalle Pou por más de diez puntos según coinciden las distintas encuestadoras. Los candidatos seguirán hablándole a los posibles votantes cara a cara, pero el 1 de mayo comienza otra etapa y tiene que ver con el fin de la veda para la publicidad en los medios de comunicación. Allí se largará la batería de spots, jingles y mensajes varios, particularmente en la televisión y en la radio y, durante esos treinta días, los creativos que rodean a los candidatos deberán esmerarse para resaltar las virtudes propias sin que se note demasiado que también están marcando las falencias ajenas.
Así, la campaña de Larrañaga pondrá el énfasis en la idea de que tras varias batallas electorales en sus espaldas, y su experiencia en el Senado y en dos administraciones municipales, el líder de 57 años “está pronto” para asumir la Presidencia de la República.
Dirán que es la auténtica “alternativa” al Frente Amplio, que tiene un equipo de asesores sólidos y que ha demostrado haber estado al servicio de su partido en las buenas y en las malas.
Por el lado de Lacalle Pou, de 41 años y a falta de mayor experiencia política que tres períodos como diputado, se dirá que representa la renovación en un sistema político envejecido y se dejará entrever que, a diferencia de Larrañaga, nunca tuvo la oportunidad de medirse con el candidato frenteamplista Tabaré Vázquez.
Y la tercera fase de esta carrera que ya ingresó en su recta final, se cumplirá el mismo día de las elecciones cuando la gente decidirá si concurrirá a votar en unos comicios que no son obligatorios. Allí, los “aparatos” –grupos de militantes que se dedican a la búsqueda de votantes y de lograr que esos votantes lleguen hasta las urnas– cumplirán un papel importante para que las voluntades expresadas se conviertan en sufragios verdaderos.
Ellos son los que se encargan de tocarle timbre al vecino que saben afín a sus ideas y, si cabe, ponen a su disposición un vehículo para llevarlos hasta el circuito electoral que corresponda. Pero no hay aparato de tal magnitud que por sí solo sea capaz de movilizar a medio millón de personas (en las elecciones internas blancas de 2009 votaron 491 mil).
Por tanto, por más que los militantes den una mano, el resultado final tendrá el sello de la decisión ya fogueada de miles de nacionalistas.
Según un sondeo de la empresa Factum divulgado el lunes, un 65% de los votantes nacionalistas cree que la interna será ganada por Larrañaga y un 33% considera que triunfará Lacalle Pou. El 1 de junio por la noche se sabrá si la mayoría tiene la razón.