"Es como un conjuro y una bendición. Puedo entrar a cualquier restaurante sin reservación pero después todo el mundo se me queda mirando", le dijo Macaulay Culkin a Ellen Degeneres en su programa del domingo al hablar de su pasado célebre.
"Es como un conjuro y una bendición. Puedo entrar a cualquier restaurante sin reservación pero después todo el mundo se me queda mirando", le dijo Macaulay Culkin a Ellen Degeneres en su programa del domingo al hablar de su pasado célebre.
Fue la primera vez que el actor –que se convirtió en una pequeña estrella en 1990 al protagonizar Mi pobre angelito– se sentó en el living de la conductora estadounidense. Culkin, de 37 años, con una juventud tormentosa con arrestos por posesión de drogas, contó las experiencias más extrañas que aún tiene que vivir por la ferviente fascinación que despierta la película navideña. Desde extraños pidiéndole que haga la clásica cara de Mi pobre angelito, cuando el pequeño Kevin McCallister se agarra el rostro con las dos manos y grita por el ardor que le produce el after shave, hasta rogarle que vea a su lado el filme. Cuando Degeneres le preguntó si sale de la casa en diciembre, durante las fiestas, él contestó: "Definitivamente no. Es el momento del año de Macaulay. Cada vez intento salir menos en esa época".
La gira de late night shows que lleva adelante Culkin desde hace unos meses se enmarca en la promoción de su blog y podcast de estilo de vida Bunny Ears.