Macri, el ganador indirecto de la pelea interna del peronismo
La estrategia del kirchnerismo busca esmerilar las figuras de Sergio Massa y de Daniel Scioli
"Fundieron al país, ahora lo paran”, se podía leer en los carteles que aparecieron pegados en las paredes de Buenos Aires. En la foto, el expresidente Carlos Menem aparecía junto a Luis Barrionuevo, el dirigente sindical que, aliado con Hugo Moyano, convocó al paro general contra el gobierno de Cristina Kirchner.Para completar la imagen, la frase “+ de lo mismo” parodiaba al eslogan que utilizó Sergio Massa –“+a”- en su campaña electoral.
Nadie firmaba el cartel, pero no costaba mucho imaginar de quién era la autoría ni qué se proponía. Era evidente que formaba parte de la estrategia kirchnerista por matar dos pájaros de un tiro: por un lado, deslegitimar políticamente al paro; y por otra parte, presentar a Massa como un restaurador de las políticas que condujo Menem en los ’90.
La imagen de Barrionuevo vino servida “en bandeja” para ese fin. El sindicalista gastronómico tiene alto conocimiento público, lo cual no significa que sea popular, sino más bien al contrario. Su imagen es todo un símbolo de lo que la Argentina “progresista” desprecia.
Surgido del sindicalismo duro y de métodos violentos, Barrionuevo fue legislador durante el gobierno de Menem y se transformó en uno de sus más conspicuos defensores. El mismo se definía como “recontra alcahuete” del expresidente. Pasó a la historia su frase “tenemos que tratar de no robar por lo menos dos años en este país, si no, no sacamos al país adelante”. Una frase que no evitó que él mismo fuera acusado de corrupción administrativa durante su gestión al frente del Instituto Nacional de Obras Sociales.
Simultáneamente fue presidente del club Chacarita Juniors, y fue acusado de promover la participación de las “barras bravas” en los actos políticos.Ya con Néstor Kirchner en el gobierno, Barrionuevo se postuló como gobernador de Catamarca, en una elección escandalosa donde se lo acusó de haber quemado urnas al comprobar que el resultado le sería adverso.
Y durante años se mantuvo enemistado con el sindicalismo que lidera Hugo Moyano, a quien criticaba por su alianza con el matrimonio Kirchner.
Todas estas características lo transformaron en una figura resistida desde todos los sectores, alguien con el que ningún dirigente quería sacarse una foto. En fin, eso que en el ámbito político argentino se llama “piantavotos”.
La “estrategia Bachelet”
El protagonismo recuperado por Barrionuevo en los últimos meses, desde que consolidó su sociedad con Moyano, fue visto por el kirchnerismo como la gran oportunidad para pegarle simultáneamente a Moyano y a Massa.
Quedó en claro cuando, el mismo día del paro de la CGT, el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, definió al sindicalista como “el líder” del peronismo opositor, incluso por encima de Massa. Y hasta evitó mencionar a Moyano, en un evidente gesto de “ninguneo” político. Fue el propio Barrionuevo quien dio la teoría más arriesgada sobre la estrategia del kichnerismo: afirma que busca perjudicar a Massa porque no quiere que su sucesor en la presidencia sea un peronista sino Mauricio Macri.
Más allá del acto de honestidad que supone aceptarse como “piantavotos”, Barrionuevo manifestó en su estilo directo y explícito lo que los politólogos vienen sospechando desde hace tiempo: que Cristina Kirchner se siente cómoda confrontando con Macri y no le disgustaría verlo como presidente para intentar retener un espacio de poder después de 2015. “Ella desprecia a los dirigentes sindicales y a los peronistas y le quiere dejar la sucesión a Macri . Si hasta hacen negocios juntos”, chicaneó el gastronómico.
No suena tan descabellado. Después de todo, es la misma táctica usada por Menem en 1999, cuando retaceó apoyo a la candidatura de Eduardo Duhalde y favoreció indirectamente a Fernando de la Rúa, de manera de conservar un espacio propio desde el cual intentar un regreso en 2003.
El analista Jorge Asis –otro exintegrante del gobierno menemista- plantea que el modelo que sigue Cristina es el de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, quien logró su segundo mandato tras un interregno de un dirigente opositor.
“Para que se cumpla con el mito bacheletiano, La Doctora necesita de un Piñera que se sitúe a su derecha, que recomponga el desastre de la economía y que admita el floreo cómodo de una oposición de izquierda. Es Macri quien se parece más a la estampa de ese ideal”, argumenta Asis.
Riesgo por efecto Boomerang
Lo que todavía no está tan claro es si esta estrategia kirchnerista pueda dar resultado. Porque, si bien es cierto que la clase media argentina –que ve con buenos ojos el estilo moderado de Massa- tiene un histórico rechazo por el sindicalismo, también es cierto que en los últimos tiempos se nota una diferencia en el estilo de los dirigentes gremiales. La jornada de protesta evidenció que la agenda de reivindicaciones de la CGT tiene coincidencias con los temas que preocupan a la clase media. Este segmento no puede dejar de adherir a los pedidos de ataque a la inflación.
Un espectador cómodo
El otro protagonista de este ajedrez, Mauricio Macri, es el que parece sentirse más a gusto. A diferencia de Massa, que acepta a regañadientes el apoyo de los sindicalistas y otras figuras resistidas dentro del peronismo, Macri puede mantener su discurso de siempre sin que ello le implique aceptar alianzas incómodas. Por caso, durante la jornada del paro, Macri se benefició por partida doble. Por un lado, remarcó que compartía muchos de los reclamos, pero al mismo tiempo condenó la práctica de los piquetes. Claro que nunca aceptará públicamente que su candidatura pueda ser funcional a los intereses de Cristina Kirchner ni, mucho menos, que exista un pacto entre ambos. “A Barrionuevo le encanta decir esas frases rutilantes y rupturistas, con las cuales se consagra. Pero no voy a gobernar por decisión de la Presidenta. Nosotros vamos a gobernar el año que viene porque cada vez más argentinos sienten desde su corazón que se necesita un cambio de verdad”, afirmó Macri. Lo cierto es que en los últimos tiempos, el jefe de gobierno porteño hasta se ha permitido elogiar medidas de Cristina: “Plantea las cosas con otro tono. Es un buen camino hacia reconocer que los dos grandes problemas de la Argentina es la inflación e inseguridad y que ignorándolos no se van a resolver”. En este panorama, el que aparece como gran perdedor es el gobernador bonaerense, Daniel Scioli. Debe soportar las críticas de la oposición por su apoyo al kirchnerismo. Pero al mismo tiempo, el gobierno da continuas muestras de que no está dispuesto a darle apoyo. Esto ha quedado en claro recientemente en las dos situaciones más conflictivas de la provincia: el conflicto con el gremio docente –que obligó a tres millones y medio de escolares a empezar las clases con un mes de retraso- y el plan para combatir la inseguridad. En ambos casos, el kirchnerismo tomó distancia de la postura del gobernador. Y las críticas no se quedaron en lo declarativo, sino que implicaron el retaceo de apoyo financiero y logístico para resolver la emergencia. Por otro lado, no está del todo claro hasta qué punto Massa será perjudicado si su imagen queda ligada a la de Barrionuevo y Moyano. Es seguro que la estrategia funciona bien para el votante “progresista”. Pero no está tan claro que el votante de centro, en cambio -ese que protagonizó los “cacerolazos” autoconvocados por las redes sociales-, sienta tanta repulsión por los años ’90 y los temas que Barrionuevo está reivindicando.