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El lunes siguiente a la oficialización de las candidaturas para las elecciones legislativas argentinas, el dólar se disparó y batió un nuevo récord. En los medios de prensa y en las redes sociales, muchos se apuraron a calificar el hecho como el "efecto Cristina Kirchner" sobre la city financiera.

En realidad, el movimiento en la cotización había ocurrido principalmente por una contracción en la oferta de divisas, consecuencia de que los productores agropecuarios están reteniendo su producto ante los bajos precios del mercado internacional.

Al mismo tiempo, las acciones en la bolsa no registraban grandes cambios, lo cual parecía confirmar que, o bien el mercado ya descontaba las novedades políticas, o tal vez no le atribuía un efecto económico tan importante. Sin embargo, el reflejo había quedado instalado.

Tantos años de reacción defensiva del mercado ante políticas intervencionistas del kirchnerismo dejaron la sensación de que era normal que ante la sola confirmación de que Cristina Kirchner volverá al ruedo político haya volatilidad en los indicadores.

Hasta la propia Cristina es proclive a apoyar esa argumentación. De hecho, ya lo hizo durante todo su mandato, cuando alegaba haber sufrido una serie de corridas cambiarias a las que siempre atribuía un ánimo conspirativo. Cada suba del dólar, desde su punto de vista, era la forma en que los "grupos concentrados" oponían resistencia a las políticas intervencionistas del "modelo K".

Y, por cierto, si alguien está dispuesto a aprovechar políticamente la volatilidad financiera es el gobierno de Mauricio Macri. Tras la confirmación de las candidaturas, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, recordó que el gobierno consiguió que el dólar saliera de la tapa de los diarios.

Y atribuyó la lentitud de las inversiones productivas a la difusión del programa económico kirchnerista.

"Obviamente que cuando los inversores o aquellos que están pensando en poner una fábrica, ven la posibilidad de que Argentina vuelva a las políticas del pasado que tanto daño nos han hecho, dudan. Y eso nos trae la gran discusión: si vamos a mirar el futuro o mirar el pasado", afirmó el funcionario.

La frase deja en claro el tono que tendrá el debate electoral: para el macrismo, lo que se vota no es tanto si el gobierno merece un premio, sino que la población se asegure que no habrá un regreso al populismo económico.

Paradójicamente, al gobierno hasta le jugó a favor un reciente traspié financiero. El gigante de las inversiones globales Morgan Stanley decidió, contra todo pronóstico, mantener a Argentina con la calificación de "mercado de frontera" y postergar su promoción a la categoría "emergente", que le habría facilitado inversiones y menores tasas de interés.

El impacto inicial fue depresivo: en una analogía futbolera, el anuncio implica que Argentina continúa perteneciendo a la "divisional C" de las finanzas internacionales. Pero el gobierno vio la veta política: el informe de Morgan Stanley no critica el rumbo económico, sino que más bien lo que expresa es el temor sobre su continuidad a largo plazo.

En otras palabras, que las buenas calificaciones llegarán en la medida en que se detecten señales de que el proyecto macrista goza de buena salud.

Y esa argumentación coincidió con la difusión de las propuestas lanzadas por Cristina Kirchner en su campaña para llegar al Senado. En una entrevista televisiva esbozó el pilar de su programa, luego difundido en un documento: impulsar desde el Congreso un freno al endeudamiento externo y además revisar la deuda ya emitida.

No quedó claro qué implicaría esa revisión, pero la insinuación de que las condiciones de emisión de deuda pudieran ser alteradas –apenas un año después de que el país dejó atrás el default soberano más grande de la historia– alcanzó para generar resquemores.

Además, la expresidenta criticó la política del Banco Central, consistente en absorber dinero líquido a cambio de letras a altas tasas, lo cual en combinación con un dólar "planchado" generó la consabida "bicicleta financiera".

La crítica a esa política es tentadora: deja servida en bandeja la comparación con las finanzas de la dictadura militar de los 1970. El problema es que la expresidenta insinuó que desde el Congreso se debería poner un freno al Banco Central, que es autónomo por ley.

Además, en el capítulo de las tarifas de servicios públicos –otro tema de primer orden en la plataforma kirchnerista- se establece la necesidad de volver a "tarifas razonables". No se explica el criterio, pero se sobreentiende que se impulsaría una rebaja respecto del nivel actual, lo cual tendría el obvio correlato de costo fiscal.

La plataforma K lleva a que el propio gobierno ponga en duda el futuro. En la reciente emisión de un bono a 100 años, los inversores recibieron un documento oficial en el que se advierte que "contraindicaciones" puede llegar a tener la compra de ese título.

Y, naturalmente, se hace referencia al riesgo político. "Si la agenda de la administración Macri no puede ser implementada con éxito –incluso como resultado de la falta de apoyo político de los partidos de oposición en el Congreso–, el resultado puede debilitar la confianza y afectar negativamente a la economía y la situación financiera de Argentina", señalaba el prospecto oficial.

La estrategia luce clara. Para el discurso macrista, Cristina es sinónimo de imprevisibilidad, es la Argentina populista y enemistada con los mercados, lejos de la tónica "market friendly" del macrismo.

Y esa tónica de campaña no sólo es fomentada por el gobierno, sino que la propia expresidenta parece interesada en marcar otra vez la confrontación política como un choque de modelos antagónicos, dos visiones irreconciliables de proyectos de país.

Pero cuando se pasa del discurso a los hechos las cosas dejan de ser blanco y negro.

Los propios economistas del equipo kirchnerista admiten que, ni siquiera con un regreso de laexpresidenta al gobierno en 2019, podrá haber nada que se asemeje a un default ni a un canje compulsivo de la deuda.

Y, en la vereda de enfrente, el macrismo que durante años fustigó a Cristina por su despilfarro fiscal y su dureza impositiva, se muestra cauto y gradualista tanto para recortar gastos como para aliviar la carga tributaria.

Pero eso ocurre en la gestión de gobierno, cuando la realidad impone límites y el margen de lo factible empieza a achicarse, más allá de visiones ideológicas. Ahora, en cambio, es la hora de la campaña. Lo que se escuchará en los próximos meses serán discursos plagados de advertencias graves.

Ambos sectores se muestran confiados en su estrategia. El kirchnerismo, porque está convencido de que los votos son determinados por el bolsillo. Y, desde esa lógica, minimiza la relevancia de los debates de tipo institucional y las denuncias por corrupción.

Lo dejó en claro Fernanda Vallejo, una economista que la expresidenta designó para liderar su lista de candidatos a diputados. En sus primeras declaraciones, Vallejo dijo que la corrupción kirchnerista era "un invento".

"Por la gravedad de la situación económica siento que no es relevante hablar sobre la corrupción del gobierno anterior, no le aporta nada esa discusión a la gente, no le soluciona los problemas.

El tema de la corrupción es una preocupación de los medios; la gente piensa si llega o no a fin de mes", dijo la candidata. Toda una definición de estrategia electoral.

Sus declaraciones –que incluyeron una defensa del ex vicepresidente Amado Boudou, a quien comparó con Hipólito Yrigoyen y Juan Perón– fueron ampliamente festejadas en el comité de campaña macrista.

"Fue extraordinario. Hay que dejarlos hablar", dijo uno de los principales estrategas del gobierno, convencido de que cada intervención pública de dirigentes K mejoran las chances electorales al gobierno.

En el bunker macrista existe la convicción opuesta a la del kirchnerismo: el jefe de gabinete, Marcos Peña, sostiene que esta elección no se definirá por la economía sino por la política.

Y, en las reuniones de estrategia, se expone como prueba la marcha de apoyo al gobierno realizada en abril. En aquella ocasión, una multitud autoconvocada en las redes sociales manifestó no tanto su amor por Macri sino su rechazo a ciertos gestos desestabilizadores del kirchnerismo.

De momento, nadie se anima a pronosticar quién ganará, pero ya circulan algunas primeras encuestas y los analistas hablan de paridad en la provincia de Buenos Aires, el escenario de la batalla principal, que tendrá a Cristina como protagonista. Los primeros sondeos marcan que tanto el kirchnerismo como el macrismo superarán el 30% del apoyo.

Claro que faltan dos meses para las primarias y luego otros dos para las elecciones legislativas "de verdad".

Un tiempo que, en Argentina, es lo suficientemente largo como para que cualquier imprevisto pueda alterar el mapa.

Una incógnita post electoral

Sea cual sea el resultado de las elecciones –tanto las primarias de agosto como las legislativas de octubre– hay algo que es seguro: Cristina Kirchner volverá a ser senadora en diciembre.

El sistema electoral asigna en cada provincia dos bancas al ganador y una a la primera minoría.Como las encuestas la ubican disputando el primer puesto tiene segura su banca.

La incógnita es cómo será su nueva versión como senadora, en un contexto diferente del existente en sus primeros años de parlamentaria.

Tras ocho años como presidenta y con una influencia política que contradice los pronósticos de decadencia, la expresidenta tiene chances de jugar un rol relevante en el tramo final del gobierno.

Pero nadie imagina qué plan tiene sobre su futura actuación parlamentaria. La mayor duda es si apuntará a la unidad peronista o acelerará la ruptura con los gobernadores.

El Senado fue garantía de gobernabilidad para Macri, pero también puede ser el escenario desde el cual Cristina lance una eventual candidatura para 2019.

Marcos Peña: una opinión de peso

Marcos Peña
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En el círculo íntimo del presidente Mauricio Macri existe una convicción contraria a la del kirchnerismo.

Por lo pronto, el jefe de gabinete, Marcos Peña, cree que la elección legislativa no se resolverá por aspectos económicos sino políticos.

Que hablen los demás

Entre los allegados al presidente circula la versión de que cada vez que hablan dirigentes del kircherismo más se beneficia el gobierno.

En ese sentido, quiénes manejan la estrategia electoral del oficialismo sostienen que las exposiciones públicas de Unidad Ciudadana terminarán beneficiándolos.

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