“Hace 18 años que trabajo en el sector forestal. Comencé trabajando en el área técnica, luego transité por recursos humanos hasta asumir este desafío. Nunca dudé de la profesión que quería seguir. Me fascina. Lo que a mí me mueve personalmente una comunidad rural no me lo mueve nadie en la ciudad.
Con las primeras certificaciones forestales en el año 2001 se comenzaron a estructurar las acciones de responsabilidad social. Hoy la responsabilidad social está en el ADN de la empresa. La Fundación UPM actúa en las comunidades impactadas por el negocio forestal. Los proyectos que manejamos son diversos; desde desarrollos productivos en comunidades pequeñas como Cerro del Arbolito hasta la promoción del deporte en Fray Bentos.
Hoy es un gran orgullo transferir nuestro know-how al exterior. Estamos trabajando en África, donde, si bien las necesidades son diferentes, nos mueve lo mismo: promover el desarrollo de las personas.
Tengo dos hijos: Vera de 10 años e Ignacio de 6 años. Creo que lo les trato de inculcar es, además de que sean felices, que valoren lo que tienen y que le den la importancia real a cada cosa”.