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Manos del Uruguay celebra sus 50 años con una muestra que enaltece el trabajo de las mujeres rurales

El buzo que usó John Lennon, los diseños para marcas internacionales y una series de ruanas intervenidas por diseñadores locales componen la exposición que se puede visitar en el MAPI

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04 de junio de 2018 a las 05:00

Hay olor a lana. Y ese aroma, a veces, funciona como un viaje expreso a la emoción de todo lo que viene a continuación: invierno, infancia, leña quemándose en el fuego, café recién hecho, al alba en el campo, un puchero pronto para comer, atardeceres de domingo lejos de casa y así se podría seguir conectando imágenes. La lana, para muchos, toca algunas fibras de la memoria afectiva. Y, por más insólito que resulte, no cualquiera sabe cómo huele uno de los materiales más nobles y naturales con los que trabaja la industria de la moda.

La lana está mucho menos presente en nuestros armarios de lo que creemos. Porque lo que alguien alguna vez le vendió como lana es, de pronto, acrílico. Antes, cuando la moda rápida no era tan rápida, cuando los gigantes como Zara, H&M, Forever 21 no eran siquiera un proyecto, usábamos dos, tres, máximo cuatro buzos en invierno. Eran prendas de lana que alguien había tejido –en la mayoría de los casos– con amor y cuidado; abrigos calentitos, todoterreno, perdurables, queridos, heredados.
A veces un buzo puede ser mucho más que un buzo. Las mujeres que forman parte de Manos del Uruguay lo saben. Y aquellos que alguna vez hayan comprado una de las prendas que aparecen en las tiendas con el nombre de la tejedora o la artesana detrás de ella también.

Mucho tiempo antes de que lo hecho a mano, lo local, lo natural, lo sustentable, lo justo, lo consciente se pusiera de moda, un grupo de mujeres, allá por 1968, en la profundidad de la campaña uruguaya decidió unirse y dar vida a algo enorme. La idea era que las mujeres rurales pudieran, desde sus hogares, tener un ingreso potenciando sus habilidades manuales y su trabajo artesanal. ¿Cómo nombrar, entonces, ese proyecto? Manos del Uruguay. Alguien creyó que, tal vez, era demasiado, pero el tiempo demostró que era el nombre apropiado. Las fundadoras –Sara Bessio, María del Carmen Bocking, Manila Chaneton, Dora Muñoz y Olga Santayana– crearon así una red de mujeres que formó una cooperativa que sigue funcionando hasta hoy.

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Lo que, tal vez, no sabían era que, 50 años más tarde, iban a ser más de 100 mujeres artesanas y en épocas de alta demanda hasta 200. Tampoco sabían que iban a llegar a Nueva York, a abrigar el torso de un tal John Lennon, a formar parte de la grifa de una mujer celebrada y valorada como Stella McCartney, a acompañar a la primera dama estadounidense que después se candidateó a la Presidencia. Pero, al fin y al cabo, la explicación es simple. Todas y cada una de las mujeres que forman parte de Manos aman esa trama que da vida, desde hace décadas, a un proyecto que va mucho más allá de una grifa o un local en un centro comercial.

La muestra que se exhibe en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) celebra los 50 años es, precisamente, una demostración del valor que tiene en la industria textil un emprendimiento como Manos. Y, en los tres espacios que recorren su pasado, el presente y futuro, hay –como no puede ser de otra manera– olor a lana.

Celebrar a lo grande

En una de las salas del último piso del encantador edificio que construyó en el siglo XIX Emilio Reus y que alberga ahora al MAPI se puede leer sobre una de las paredes blancas lo siguiente: "Cumplir 50 años –de lo que sea– merece una celebración. Pero para Manos del Uruguay, una organización sin fines de lucro, dentro del rubro textil, en un ámbito de cooperación femenina y democrática, el festejo debe ser a lo grande (...). Trabajamos siempre para mantenernos fieles a una idea y a un grupo humano. Gerenciamos un emprendimiento que atraviesa todo el país con la complejidad que esto significa. Y sobre todo definimos el valor del producto de lana natural, hecho a mano y a un precio justo en un mundo masificado".

Después de las palabras, aparecen algunas de las piezas más icónicas de la firma. Están los ponchos –tejidos en una lana mucho más rústica y sin muchos colores–, los sweaters que llegaron a tener la grifa de, por ejemplo, Ralph Lauren, o el sacón tejido a mano y teñido que integró la colección de 2009 de Stella McCartney. También están las fotos de las celebridades luciendo prendas de Manos y las tapas de revistas internacionales.

Y, al final de la sala, el espacio más fotografiable (o instagrameable) de la exposición. Sobre un ventanal inmenso hay dispuestas, como una pequeña puesta en escena o una intervención artística, decenas de hilados de distintas tonalidades. Allí están todos los colores de Manos con la bahía de Montevideo de fondo. Recomendación: de mañana la luz en esas salas es exquisita.
También están las máquinas con las que trabajan las artesanas y la explicación de los procesos por los que pasa la lana hasta llegar a la prenda.

Lana intervenida

La celebración de los 50 años de Manos también incluye una mirada hacia el futuro. Por eso –y como ya se había hecho en otras oportunidades en las que la lana era motivo de reunión y comunión– la dirección de Manos invitó a un grupo de diseñadores y artistas a que intervinieran uno de sus grandes caballitos de batalla: la ruana Huella. Margo Baridon, Matilde Pacheco, Ana Livni y Fernando Escuder, Virginia Sosa (responsable de Nuevo Reino), Rotunda, Lucía Ottonello de Pastiche, Agnes Lenoble, Verónica Artagaveytia y el equipo de Mirada Couture, entre otros, usaron la ruana como lienzo para plasmar su mirada e impronta en la lana cruda.

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La exposición de Manos es, en tiempos en que la moda y el diseño llegan a los museos, una demostración de que en Uruguay hay proyectos, emprendimientos, ideas que nacieron hace décadas con el mérito y atractivo suficiente como para conquistar esos espacios.
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