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A punto de completar 15 años como jugador de la Primera División, Martín Palermo cumplió con una asignatura pendiente al marcar cuatro tantos en un partido con el que su equipo, Boca Juniors, consolida su postura de candidato a luchar por otro título de campeón en Argentina.

Y mucho de ese Boca hubo en esta victoria ante Gimnasia y Esgrima La Plata (5-1), porque entre sus socios estaban en el campo Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto, como en aquella ocasión.

Cuatro veces anotó tres tantos pero nunca había llegado a cuatro en un partido desde su debut en Estudiantes de La Plata en julio de 1992, pese a que ha logrado 164 en las ligas argentinas (34 con el conjunto platense y 130 con Boca), con lo cual es el máximo goleador en activo de su país seguido por el riverplatense Ernesto Farías, con 127.

El primero de ellos todavía lo pasan por la televisión y es posible que quede consagrado como el mejor del año, o como el más impactante, aquel que marcó frente a Independiente desde la mitad del campo en la tercera jornada. Otros tres los hizo frente al equipo del cual es hincha, Estudiantes, hace ocho días en la quinta.

Palermo ha superado numerosas etapas de desaciertos y de críticas, como aquella que terminó tempranamente su ciclo en la selección argentina, cuando falló en la ciudad paraguaya de Luque tres penaltis frente a Colombia en la Copa América de 1999.

El año pasado tuvo un duro bajón anímico cuando falleció su hijo seis horas después de nacer.

Pero "el loco", como le llaman en Argentina, salió adelante de estas y de otras situaciones adversas con el estilo salvaje que le caracteriza como futbolista, ese que no le permite dar nunca un balón por perdido, ese que le impulsa al buscar con insistencia el quinto gol después de marcar cuatro, como sucedió el domingo en "La Bombonera".

(EFE)

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