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El equipo de médicos de la Peluffo Guiguens, además de respaldar la actuación de Ney Castillo y de exigir la renuncia del presidente de la fundación, Jorge Bartesaghi, denunciaron maltrato por parte de algunos miembros de la Comisión Directiva.

Este lunes Ney Castillo, jefe de servicios y fundador de la institución, fue destituido de su cargo por discrepancias con el presidente respecto al destino que se le dan a los fondos. Tras esto recibió el apoyo del equipo médico, de los padres de los niños y del Sindicato Médico del Uruguay. En tanto, la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) resolvió mantenerlo como funcionario de salud pública por lo que continúa trabajando en el Pereira Rossell.

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Pero la despedida de Ney y los desacuerdos en políticas de administración de los recursos no son los únicos motivos que llevan a los médicos a exigir la renuncia de Bartesaghi. Los galenos denuncian que durante los últimos años han sido objeto de “destrato” y “menosprecio”.

En este sentido, Gustavo Duffort, médico y encargado de internación de la fundación, señaló a El Observador que Bartesaghi “no tiene en cuenta la opinión de los médicos” y así toma las resoluciones.

Eso fue lo que pasó dos años atrás cuando como presidente de la institución convocó a los tres encargados de la institución, entre ellos Castillo y Duffort, para comunicarles su intención de crear un centro de Telemedicina, manifestó una fuente del centro consultada por El Observador. En la reunión, los tres médicos le plantearon sus discrepancias, aludiendo que si bien el centro era necesario, existían otras prioridades, entre ellas la remodelación del laboratorio, una sala de adolescentes para que se pueda internar a hombres y mujeres por separado y la creación de una unidad de cuidados paliativos, entre otras. Desde allí “los borró automáticamente”, agregó la fuente.

Según declaró este funcionario que prefirió mantenerse en el anonimato, el tema es que Bartesaghi “es una persona que no acepta pensamientos diferentes. Busca el apoyo y si está en contra pasás a ser enemigo a un nivel de trato bastante grosero”, manifestó.

No obstante, allegados a Castillo señalaron a El Observador que los maltratos comenzaron tiempo antes a esa reunión. Tres años atrás el presidente llamó a los médicos a una reunión para arreglar sobre el tema salarial y cargas horarias. En ella “la escena de destrato hacia la función de los médicos quedó muy clara”, expresaron. Como no se ponían de acuerdo, la conversación fue subiendo de tono, hasta que Bartesaghi les increpó que “los médicos iban (a la fundación) a dormir y que si quería los podía sustituir por otro médico cualquiera”.

Esta actitud se explica con su pensamiento de que “el paciente se atiende con protocolos y da lo mismo el médico que lo atienda”, afirmó, al tiempo que señaló que muchas veces los galenos han tenido que sufrir el desaire de escuchar al presidente afirmar que “no sirven para nada”.

En este sentido, Duffort adelantó que él lleva un año solicitándole una entrevista por temas personales y nunca se la concedió. “Estoy acá desde el 90 y nunca fui invitado a la Comisión Directiva. Es tan grande la distancia que mantienen con todos los médicos…”, espetó. Por su parte, Ney Castillo señaló a El Observador que muchas veces cuando los médicos realizan consultas, “ni siquiera nos responden”.

Este martes los médicos de la institución volvieron a reclamar la renuncia de Bartesaghi y a expresar su apoyo a Castillo. “Si lo destituyen a él, lo correcto sería que nos hubieran echado a todos”, señaló otra de las fuentes consultadas. En tanto, Duffort dejó en claro que el pedido de renuncia del presidente de la fundación es algo “irreversible” y “llegaremos (para eso) hasta las últimas consecuencias”.

El galeno se mostró esperanzado en que las autoridades del Ministerio de Salud Pública o de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) intervengan y se llegue a una solución. Esto mismo es lo que reclaman los padres de los niños pacientes de la Peluffo Giguens.

Castillo pide a Zambrano que no renuncie
Por su parte, Ney Castillo adelantó a El Observador que hablará personalmente con el vicepresidente de la institución, Gerardo Zambrano para pedirle que no renuncie. Este lunes Zambrano adelantó que no descarta presentar la renuncia a su cargo en respaldo a Castillo.

Según Castillo, Zambrano no puede renunciar porque “alguien tiene que quedar en la fundación para defender sus verdaderos intereses”.

A pesar de sus críticas, el oncólogo dijo que la permanencia de los miembros de la comisión directiva en sus cargos, no viola los estatutos de la fundación, ya que no está previsto el plazo en el cual se deban realizar elecciones.

Los apoyos más valiosos
Después del día agitado de este lunes, Castillo amaneció y se fue a trabajar como todos los días a la Peluffo Guigens.

Y es que el hecho que lo hayan cesado de su cargo dentro de la fundación, no implica que no siga trabajando en ella como funcionario de Salud Pública. De hecho, la institución funciona en instalaciones del Hospital Pereira Rossell.

Después de los apoyos que recibió este lunes de parte de los médicos de la fundación, de los padres de los niños y del Sindicato Médico del Uruguay, este martes le siguieron llegando mensajes de apoyo. Los médicos y los padres se pronunciaron públicamente a través de comunicados a favor de su gestión y en contra de la actual administración de la Peluffo Guigens.

“Algunos son respaldos formales, que me dejan muy satisfecho. Otros son respaldos personales, que me emocionan mucho y responden al trabajo difícil y complicado que uno hace en la fundación todos los días”, dijo Castillo a El Observador.

El respaldo “espontáneo” de los padres este lunes cuando terminó su conferencia de prensa, que sin estar previsto dieron su opinión sobre el tema y lo respaldaron en todo momento lo conmovieron mucho, no obstante, confesó que lo más removedor fue ver la preocupación de los niños ante el anuncio de que se iba, manifestó Castillo.

Según contó este lunes mientras sucedía todo, había un niño de 10 años que estaba siendo atendido por el departamento enfermería de la fundación, que cuando se enteró de lo que pasaba, no se quiso ir de la institución hasta que no pudiera hablar con él y que él en persona le explicara porque se iba. “El niño estaba muy preocupado y quería que yo le explicaba porque me iba. Yo le expliqué que no me iba, que lo iba a seguir atendiendo y entonces se quedó más tranquilo”, manifestó el oncólogo.
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