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La intención de una parte del gobierno uruguayo –encabezada por el vicepresidente, Danilo Astori– de acercarse comercial y económicamente a los países del Pacífico tiene una explicación sencilla: se trata de una zona en crecimiento que tiene prácticamente la significación de Brasil en su conjunto y, lo más importante, un océano compartido con Asia, la región de mayor potencial de desarrollo futuro del planeta.

Y es una aspiración que se sustenta en números si se analiza la evolución comercial de Uruguay en la última década. Más aún en un contexto de recesión europea –mercado que supo ser destino de un cuarto de los bienes que el país colocaba en exterior hace 10 años–, y con EEUU casi estancado en términos de demanda de bienes locales.

Si bien la Alianza del Pacífico –el bloque de países que actualmente integra Chile, Colombia, México y Perú– representa una escasa significación del comercio uruguayo, existe un fuerte potencial de crecimiento que se apoya en el buen momento económico de esas economías. Además, se trata de países que pueden oficiar de paso intermedio para bienes o insumos uruguayos que podrían verse favorecidos con los acuerdos comerciales de esos países con mercados asiáticos.

Las ventas uruguayas al bloque del Pacífico crecieron de forma sostenida durante los la última década con excepción de 2009, según los datos del instituto Uruguay XXI a los que accedió El Observador. Además, esa evolución se concretó con un saldo de balanza comercial siempre favorable para Uruguay al considerarlos en su conjunto.

No obstante, el diferencial positivo en la balanza ha venido en descenso en los últimos años. En 2002, el 8,1% de las exportaciones locales tenían como destino la Alianza del Pacífico, mientras que se importaba de ese destino 4,1% del total. Ahora esa brecha se redujo y la participación del bloque en exportaciones e importaciones pasó a ser 6,1% y 5,5% en 2012, respectivamente. De los US$ 8.686,5 millones vendidos al exterior por Uruguay el año pasado, la Alianza del Pacífico captó US$ 530,1 millones. En tanto, la economía local demandó a ese bloque productos por US$ 468,3 millones, sobre un global de importaciones de US$ 8.530,3 millones sin considerar las compras de petróleo.

Pero el premio mayor para la economía uruguaya podría estar en la apertura de puertas en las costas al otro lado del Pacífico.

A impulsos de China, Asia en su conjunto multiplicó la demanda de productos uruguayos en 10 años. Hoy lo que se vende es básicamente granos y materias primas con escaso valor agregado, pero existe margen de crecimiento para manufacturas alimenticias, sobre todo en los segmentos de carne y lácteos.

En 2012 Uruguay exportó US$ 1.355 millones al bloque asiático, lo que significó 15,6% de las ventas locales. Su participación en 2002 era de 11%.

Pero la demanda uruguaya de bienes asiáticos creció con mayor voracidad en la última década. De hecho, Asia pasó de proveer el 10,9% de las compras locales en 2002 a 28,1% el año pasado, con un comercio de bienes de procedencia oriental por US$ 2.393,8 millones.

Pero hoy por hoy, el principal escollo que debe superar Uruguay para insertarse en otros procesos de integración comercial radica en la resistencia de sus socios del Mercosur. Pertenecer al bloque regional es un requisito incuestionable para Uruguay, y no sólo desde la óptica geopolítica. El Mercosur sigue siendo el mayor mercado para los bienes locales y, aunque funcione mal, representa casi un tercio de todo el comercio exterior uruguayo.

De hecho, Uruguay ha reducido su dependencia importadora de la región –que llegó a ser superior al 50% entre 2003 y 2006–, para ubicarse en 38,4% en 2012 con US$ 3.273,1 millones adquiridos a Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela, sin incluir compras de petróleo. http://www.elobservador.com.uy/extras/swfs/COMERCIO_WEB.swf
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