Con dos mitades bien marcadas, Los Teros arrancaron con victoria ante Chile 26-25 la serie de tres amistosos previos al Mundial de rugby Francia 2023.
Con dos mitades bien marcadas, Los Teros arrancaron con victoria ante Chile 26-25 la serie de tres amistosos previos al Mundial de rugby Francia 2023.
El primer tiempo dejó un muy buen sabor de boca, porque a pesar de ser los primeros minutos de rugby exigente tras una dura pretemporada, el equipo se soltó y mostró mucho volumen de juego, uno de los objetivos del equipo dirigido por Esteban Meneses para el Mundial. Sin embargo, en el segundo tiempo el ritmo cayó drásticamente. Y Uruguay pasó de dominador a dominado, aunque para ser sinceros el triunfo nunca pareció correr riesgo.
En el arranque del partido se vio mucho de lo que este equipo quiere ir a hacer a Francia 2023. Esa ambición que ya se conoce de este equipo de Meneses, pero que tiene una lógica casi de supervivencia: para este plantel y cuerpo técnico, la mejor forma de jugar contra los rivales marcados como objetivos a vencer (Italia y Namibia) pero también para competir contra las superpotencias Francia y Nueva Zelanda, es teniendo la pelota y jugando, porque mientras la tenga uno no la tiene el rival. El equipo está en el punto de maduración físico y de juego como para hacerlo. Sin locuras. Pateando donde hay que hacerlo y guardando la ovalada donde se necesita, pero al mismo tiempo, sin dudar cuando se presenta la ocasión.
En ese esquema, en el primer tiempo las cosas le salieron a Los Teros. No solo eso: mostraron que cuando lograron imponer el ritmo, cuando jugaron en el contacto o frente a él, cuando los rucks fueron rápidos, cuando se jugó vertical y dinámico, a Chile le costó mucho seguir el ritmo. Eso no es solo relevante por la rivalidad entre ambos, sino porque esa situación puede tener paralelismos con Namibia, rival celeste en Francia, algo que se ratificó en el preliminar (victoria de Argentina XV 34-27 en un partido, donde a los africanos les costó mucho la dinámica albiceleste).
Uruguay salió a jugar y lo mostró también cuando en cada penal a favor decidió ir al line en lugar de patear a los palos. Hay que aprovechar cada chance de probar, y a eso se dedicaron Los Teros.
Y así llegaron los tries: el primero de penalty try tras un line y maul que avanzaba y que generó una amarilla a Ignacio Silva. Y ya con dos amarillas en Los Cóndores (Ayarza tamién se fue con tarjeta por tackle en el aire a Amaya), el segundo: scrum, ventaja y un pase cruzado con el pie de Etcheverry a Basso, aprovechando que el wing rival se cerraba y que el pase con la mano podía ser peligroso El tercero fue de Ardao, luego de otra jugada vertical, con Péculo ganando metros y jugando en el contacto con Etcheverry. El 10 jugando en la cara de la defensa y fijando dos marcas para jugar con el wing forward, que aceleró y puso el 19-6.
Uruguay buscaba mantener la pelota viva siempre, lo que a veces generó algunos errores de manejo que impidieron un par de tries más. Pero también tenía algunas sombras, como que le costó salir de su campo cuando Chile usó bien el pie y lo arrinconó. De todos modos, la defensa funcionó bien y obligó a Chile a patear a los palos ante la imposibilidad de quebrar. Y lo otro fue el dominio chileno en el scrum, que logró sacar un par de penales.
Si Uruguay hubiese administrado el partido en el segundo tiempo (patear táctico o a los palos, jugar con los forwards) hubiese navegado sin mayores contratiempos. Pero no es así como siente el juego este equipo, y menos en un amistoso de preparación, Siguió apostando, pero los errores de manejo aumentaron. Además, Chile por fin logró enlentecer rucks,y empezó a tener posesión.
Uruguay respondía mayormente bien, sin generar nuevos y obligando a Chile a patear. Pero quizás por cansancio, quizás por ansiedad, o porque los cambios desarmaron un poco el esquema (es el momento de probar) empezó una seguidilla de penales (fueron 10 en el segundo tiempo, 15 en todo el partido) que entraron a complicarlo, hasta que llegó el descuento en una jugada rota: line chileno en 5 yardas, disputado por Leindekar, pelota al suelo, Raimundo Martinez que la encontró, avanzó y no encontró resistencia para descontar 19-11.
Uruguay siguió acumulando penales, al punto que bien podría haber sufrido una amarilla. Algunos por ir de cabeza en el ruck, otros por offside, otros por no dejar liberar. Esos fueron particularmente preocupantes: pareció haber un claro desfasaje entre el concepto de los jugadores y del juez Luke Pearce en cuanto a estar habilitado o no para pescar en elkruck, algo que habría que revisar de cara al Mundial.
Pero aun con todos esos pesares, el partido no estaba en claro riesgo para Uruguay, gracias a una buena defensa de maul (que anuló dos chances claras de Chile en 5 yardas) y en general dentro de la zona defensiva celeste. Hasta que a los 67’ Chile trasformó un scrum en el que retrocedía en una jugada de toda la cacha, que derivó en Ayarza encontrando el hueco por afuera tras penal rápido de Torrealba para poner el try del 19-18 que por primera vez prendió las alarmas en un equipo celeste que ya lucía cansado.
Pero se recuperó rápido; por primer vez apostó a jugar cerrado, a cambiar el libreto, porque a esa altura si, el peso de una victoria en el clásico no era nada despreciable: maul que avanzó, pelota afuera, penetración de Berchesi, pase a la punta a Mieres y tras un ruck, la definición de Inciarte (la figura del partido) en el pick and go para el 26-18 a los 74’. Chile lo fue a buscar, y tras varias frases en corto el try de Garafulic contra la bandera para el 26-25 con tiempo cumplido.
Será cuestión de elegir con qué mitad del vaso nos quedamos. O pensar que los errores fueron bastante visibles y por ende corregibles. En todos caso, el 26-25 a Chile fue una ventana valiosa a saber dónde está parado el equipo a un mes y medio del debut mundialista.