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La Fundación Nacional del Indígena (FUNAI) encontró al hombre ya muerto, tirado en su hamaca. Pasaba la mayor parte de su tiempo escondiéndose o resguardándose en agujeros que él mismo cavaba en la tierra y por eso era llamado “El indígena del hoyo”.

La agencia explicó que el hombre falleció por causas naturales. Era el último sobreviviente de su comunidad, que pertenecía a una etnia desconocida.

Durante décadas, en las que su territorio fue atacado y en las que mataron a sus amigos y familiares, él se resistió a cualquier intento de contacto por parte de personas ajenas a su mundo. Incluso se defendía colocando trampas y hasta disparó con arco y flechas a quien fuera que se le aproximase.

Plumas de colores

FUNAI informó que hallaron al hombre muerto en su hamaca durante una ronda de monitoreo y vigilancia, y que no habían encontrado "rastros de la presencia de personas en el sitio, ni se vieron marcas en el bosque a lo largo del camino".

Además, señalaron, no había signos de violencia o peleas, ya que los utensilios que utilizaba normalmente estaban en su sitio habitual.

De todas maneras, informaron que su cuerpo será sometido a una autopsia para confirmar las causas de su deceso.

Cuando lo encontraron, ya estaba en estado de descomposición. Llevaba plumas de colores brillantes, por eso las autoridades creen que él mismo había preparado la ceremonia de su muerte.

Se desconoce su edad exacta, pero se estima que podía haber llegado a los 60 años.

En la selva brasileña se han identificado al menos 114 pueblos indígenas que viven aislados, sin mantener contacto con el mundo occidental.

"Los van a matar y no quedará ninguno de nosotros”

"Estoy preocupada por ellos. Los van a matar y no habrá ninguno más de nosotros".

Cuando Rita Piripkura habló a la cámara, lo más llamativo fue el tono de resignación en su voz.

La anciana se refería a su hermano Baita y a su sobrino Tamandua en una entrevista grabada y publicada en setiembre por la cadena británica BBC.

Ellos tres son los últimos miembros conocidos del pueblo de Piripkura, una tribu indígena aislada en el centro de Brasil que, según los expertos, se enfrenta a una "extinción inminente" debido a la tala ilegal y la ganadería en su reserva.

Mientras Rita vive en contacto regular con forasteros, Baita y Tamandua pasan sus días vagando por el Amazonas de forma aislada. Teme que incluso esta ocupación inocente pueda resultar mortal para ellos.

Perdiendo la batalla

Ubicada en el estado de Mato Grosso, una región fundamental para la agroindustria brasileña, la reserva Piripkura está perdiendo la batalla contra los madereros y agricultores que están invadiendo su territorio, a pesar de estar protegida por la ley.

Si bien los Piripkura han sufrido incursiones de forasteros durante una generación, el ritmo de destrucción se ha acelerado en los últimos tiempos.

Un informe publicado a principios de noviembre por una red de organizaciones no gubernamentales presentó pruebas fotográficas de deforestación. Distintas ONG's dedicadas a la preservación del medio ambiente y a la destrucción de la Amazonia afirmaron que se ha talado un área de casi 24 kilómetros cuadrados de bosque en la reserva Piripkura solo entre agosto de 2020 y julio de 2021.

Eso es el equivalente a más de 3.000 canchas de fútbol juntos.

Mientras otras reservas indígenas de Brasil también luchan contra los madereros, agricultores y mineros, el pueblo Piripkura se enfrenta a una situación especialmente grave.

"Están al borde de la extinción y podrían morir en cuestión de días", dijo a la BBC Sarah Shenker, activista de la ONG de derechos indígenas Survival International, con sede en Londres.

"Los invasores se están acercando a Baita y Tamandua todo el tiempo".

Existe buena evidencia de que los forasteros están invadiendo rápidamente la reserva, según Leonardo Lenin, ex coordinador de Funai, la agencia gubernamental brasileña de asuntos indígenas. Su organización ha trabajado extensamente con tribus en Mato Grosso.

A su vez, el secretario general de la ONG Observatorio de Derechos Humanos Indígenas (OPI), una de las organizaciones que redactó el informe Piripkura, dice que se ha visto deforestación en puntos hasta a 5 kilómetros de las áreas donde anteriormente Baita y Tamandua fueron vistos o dejaron huellas de su presencia.

Eso puede parecer una distancia segura, pero en el contexto del tamaño de la reserva, que tiene 2.430 kilómetros cuadrados, en realidad está muy cerca.

"Corren un grave peligro, de eso no hay duda", dice Lenin.

"También hemos escuchado información de que los inspectores de Funai y la agencia de protección ambiental de Brasil han sido amenazados por invasores".

La difícil situación de las tribus aisladas

Los Piripkura son un ejemplo de lo que los expertos indígenas llaman tribus aisladas o no contactadas: pueblos enteros o grupos más pequeños que no han tenido contacto regular con sus vecinos ni con nadie más en el mundo exterior.

Se estima que existen más de cien de estos grupos en todo el mundo, y más de la mitad están ubicados en la región amazónica.

Tal aislamiento es a menudo el resultado de enfrentamientos con invasores, y los Piripkura han tenido muchos problemas.

Decenas de sus miembros fueron asesinados en la década de 1970 por invasores o contrayendo enfermedades comunes como los resfriados, que resultaron mortales para el sistema inmunológico que nunca había encontrado ningún virus de este tipo.

Rita recuerda haber sobrevivido a una de esas masacres en la que murieron nueve de sus familiares."Ellos (los invasores) los mataron y tuvimos que huir", dijo.

Además de ir agotando el número de personas indígenas que quedan, Lenin explica que los enfrentamientos parecen haber tenido un impacto importante en el estilo de vida Piripkura.

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Brasil indígena del hoyo

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