Mugabe, un obstinado adicto al poder
Militares dieron un golpe y el presidente vitalicio quiere dejar en su lugar a la esposa, 41 años menor
Docente, ex preso político, exguerrillero y excombatiente marxista por la independencia de la ex Rodesia del sur –una antigua colonia británica que ayudó a liberar en el sur de Africa y cuyo territorio, riquísimo en diamantes, es apenas algo más grande que el de Uruguay–, Robert Mugabe, el presidente vitalicio de la actual Zimbabue es considerado un adicto al poder.
Pero, claro, los rumores sobre su precario estado de salud, alimentaron a su vez las versiones de que Mugabe pretende dejar como sucesora a su actual segunda esposa, Grace –"Gucci", como es ridiculizada por sus enemigos–, una exsecretaria 41 años menor, quién es conocida por su compulsión al gasto desmedido, los lujos y a un desmedido placer por la ostentación (suele hacer compras en Hong Kong y París y adquirió un Rolls Royce en Sudáfrica).
Los mismos militares que lo apoyaron incondicionalmente, y con muchos de los cuales combatió desde los años de 1970 para expulsar a la minoría blanca británica que gobernaba el país, se dieron vuelta y tomaron las riendas del poder. Mugabe, que fue reelecto cada vez que se presentó a las elecciones –algunas de las cuales estuvieron bajo sospecha de fraude, porque no necesariamente ganó con la diferencia requerida– es hoy por hoy un dictador entronizado en el poder, que reprimió cualquier intento de oposición sostenible y que dejó sepultados en el pasado sus antiguos ideales libertarios.
El biógrafo Martin Meredith contó que su gran "obsesión" siempre fue el poder más que la acumulacíón de riqueza. Incluso, Mugabe dijo más de una vez que solo Dios podría sacarlo de la presidencia.
El biógrafo Martin Meredith contó que su gran "obsesión" siempre fue el poder más que la acumulacíón de riqueza. Incluso, Mugabe dijo más de una vez que solo Dios podría sacarlo de la presidencia. Aún así, los militares le dieron la espalda a partir de este martes, luego que veinticuatro horas antes los tanques comenzaran a pasearse, orondos, por la capital Harare, y se escucharan numerosos disparos.
Molesto por una supuesta deslealtad del vicepresidente Emmerson Mnangagwa, un antiguo camarada de lucha revolucionaria, que se perfilaba como su posible sucesor, Mugabe lo sacó del medio y debió irse al exilio.
Tanques patrullan las calles de la capital Harare
undefined Tanques patrullan las calles de la capital Harare.
Tanques patrullan las calles de la capital Harare.
AFP
Existe una convicción indesmentible de que con esa jugada favoreció la llegada al poder de su esposa. Pero no contó con el que el jefe del
Ejército, Constantino Chiwenga, otro antiguo aliado suyo, lo confrontaría.
Aunque es un hecho que los mandos militares dieron un golpe y tomaron el control, el jefe del Ejército lo descartó. No obstante, confirmó que el presidente está bajo arresto en su casa y que su familia está con él. Otras fuentes dijeron que su esposa huyó a Namibia.
Mientras otro general, Sibusiso Moyo, aseguró que el objetivo de quiénes dirigen el país ahora son "criminales del entorno" de Mugabe, este miércoles soldados y tanques tenían vedado el acceso al Parlamento, la sede del partido de
gobierno y las oficinas donde suele trabajar el presidente.
Pero además de la crisis política, en la que tanto la
familia de Mugabe –con su esposa y los hijos de esta a la cabeza– y algunos miembros de la cúpula militar están bajo sospecha por su creciente y vigoroso enriquecimiento, Zimbabue se debate en medio de una crisis económica que no parece tener fin.
Con un 90% de desempleo, el deterioro de las infraestructuras públicas y falta de liquidez, la población asiste a una degradación permanente de sus condiciones de vida mientras la elite en el poder sigue dilapidando dinero abiertamente.
En ese estado de cosas, el partido de gobierno está fracturado entre quienes pretenden que el poder quede en manos del destituido presidente y aquellos que impulsan la figura de su esposa, pues saben que de esa forma mantendrán sus privilegios.
Aunque controla a su partido, sus excompañeros de lucha se sienten decepcionados porque a pesar de haber nacionalizado las cinco empresas que explotan la extracción de diamantes, eso no se reflejó en una mejor calidad de vida de la población, que sigue siendo tan pobre como hace más de tres décadas.
En ese estado de cosas, el partido de gobierno está fracturado entre quienes pretenden que el poder quede en manos del destituido presidente y aquellos que impulsan la figura de su esposa, pues saben que de esa forma mantendrán sus privilegios.
El poder en bandeja
La esposa de Robert Mugabe, Grace (de 52 años) se convirtió en protagonista estelar de la crisis que detonó en Zimbabue, pues los militares afirman que realizó la purga para dejarle el poder servido en bandeja a su segunda consorte.
US$ 2.000 millones
Fueron los ingresos anuales percibidos por Zimbabue de la explotación de diamantes, un negocio que mueve US$ 15 mil millones y en el que están involucrados políticos y militares.
Fue recibido por Tabaré Vázquez
El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, se reunió en octubre pasado con el presidente Tabaré Vázquez, aprovechando su participación en la cumbre de Enfermedades No Transmisibles organizada por la Organización Mundial de la Salud.
La visita de Mugabe fue polémica, pues el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus lo designó embajador de buena voluntad en África para ayudar a la prevención de enfermedades cardiovasculares y asma en ese continente.
Pero la decisión generó controversia y resistencia entre otros miembros de la OMS y activistas, quienes indicaron que el sistema de salud de Zimbabue colapsó durante su gestión.
Posteriormente, la desigación fue revocada. Incluso, el Departamento de Estado de EEUU había criticado la nominación porque "contradice los ideales" de la ONU.