Mujer baleada tenía problemas mentales y no era una amenaza
Su madre cuestiona que los policías la mataran tras una persecución sin razón aparente
La mujer que intentó burlar la seguridad del Capitolio y huyó en una persecución de al menos 20 vehículos policiales el jueves y acabó muerta por disparos tenía 34 años, una hija y no era amenaza de terrorismo. Su identificación fue compleja debido a la cantidad de heridas que tenía en el cuerpo y la gran pregunta que se hacen los estadounidenses es por qué se expuso a la muerte de esa forma. Pero muy pocos cuestionan por qué la mataron.
Va a ser difícil aclarar con precisión qué fue lo que pasó el jueves. Hasta donde se sabe, una mujer al mando de un auto Infinit negro intentó superar una valla de seguridad, los oficiales se alarmaron y la persiguieron a toda velocidad hasta el centro de Washington y cuando la mujer se bajó del auto hubo un tiroteo que acabó con su vida. Los oficiales retiraron del auto a una bebé, su hija de 1 año, que estaba fuera de peligro, pero sin su madre.
Una vez retirado el cadáver, los policías comprobaron que la señora no estaba armada y admitieron, según consignó el New York Times, que en el momento de abatirla no sabían si representaba un peligro para el país o no. En todo caso, desalojaron el apartamento donde vivía y lo registraron en busca de pruebas que la pudieran declarar como terrorista.
En su casa ingresaron unos 100 oficiales del Servicio Secreto, el FBI, la policía de Connecticut y la policía de Stamford. También había un grupo de expertos en bombas y unos especializados en materiales peligrosos. Por si se trataba de una trampa, los efectivos fueron lo suficientemente prudentes como para hacer que primero entrara un robot a través de la ventana y luego, una vez declarado seguro, sí avanzaron por los pasillos. El resultado del trabajo de horas fue: “Un típico apartamento de dos habitaciones con nada fuera de lo común”, según declaró el jefe de Policía de Stamford, Jonathan Fontneau, y recogió el Washington Post.
A las siete de la mañana el edificio fue declarado fuera de peligro y sus ocupantes pudieron regresar, tras pasar la noche en otros sitios.
Nunca se sabrá por qué Carey se opuso a la seguridad y avanzó mientras la perseguían los policías, y esa es la pregunta que más se hacen los medios de prensa de EEUU por estas horas. Dando por hecho que los oficiales reaccionarían con celeridad –y más cuando sobre el ambiente hay una cuota extra de nerviosismo por el cierre del gobierno–, la pregunta es por qué se expuso de esa forma, y no por qué a los policías no les tembló la mano a la hora de disparar al punto de que la víctima quedara difícilmente reconocible.
Esa pregunta, de todos modos, fue puesta sobre el tapete por la madre de la víctima y por quienes la conocían. También por aquellos que se unieron a las distintas páginas de Facebook que buscan honrar su memoria y cuestionar a los policías.
Depresión posparto
Idella Carey, madre de Miriam, declaró a la cadena de noticias ABC que su hija había sufrido depresión posparto tras haber dado a luz a su hija en agosto de 2012. Según su relato, Miriam no se sentía del todo acompañada por su pareja y fue despedida de su trabajo porque no se llevaba del todo bien con los pacientes (era mecánica dental en un consultorio) y así acabó entrando en un cuadro depresivo que forzó su hospitalización.
De acuerdo con ABC, el novio de Carey y padre de su hija había llamado a la Policía dos veces el año pasado para decir que la vida de la niña estaba en peligro a causa de la madre.
Una de esas veces fue el 10 de diciembre, día en que la policía llegó a la casa y Carey les dijo que ella era la “profeta de Stamford” y tenía comunicación directa con el presidente Barack Obama, que monitoreaba su casa a través de medios electrónicos y que todos los canales de noticias podían acceder a las filmaciones de adentro de su residencia.
Siempre según ABC, en ese momento los oficiales pidieron que se le hiciera una pericia psiquiátrica, teniendo en cuenta que en su familia había antecedentes de esquizofrenia. El 21 del mismo mes el hombre volvió a llamar a la Policía para decir que su pareja había abandonado la medicación.
Pero en enero, en un encuentro con una trabajadora social, el marido aseguró que Carey estaba “100% vuelta a la normalidad”, que le habían diagnosticado depresión posparto, estaba siendo tratada y seguía las rutinas de la medicación.
Idella, la madre, declaró ayer que Miriam no tenía “historial de violencia” y que no sabía por qué había viajado a Washington con su hija. Tampoco sabe por qué burló la seguridad y menos entiende cómo acabó muerta.