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Como se esperaba y bajo una pertinaz llovizna, la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y el gobierno del presidente José Mujica chocaron ayer por la iniciativa oficial de crear un nuevo impuesto para combatir la concentración de la tierra.

“Yo soy el único responsable”, sentenció el presidente de la República al defender la iniciativa, en tanto el presidente de la ARU, José Bonica, dijo que “la herramienta que eligió el gobierno no es idónea” y le abrirá la puerta a “los especuladores” (ver página 5).

Sin embargo, en un gesto inesperado, el presidente Mujica dijo que tiene “caja de cambio” y agregó que si los hechos le demuestran lo contrario “sería el primero que le diría al país: me equivoco”.

Después de leer un discurso escrito por el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, aun internado en el Sanatorio Americano, Mujica utilizó siete minutos para fijar su posición sobre el tema más controvertido del momento.

Es que la iniciativa oficial de crear el Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR), que gravará las extensiones superiores a las 2.000 hectáreas índice Coneat 100, cuenta con la oposición del sector agropecuario, que incluso prefiere que se cobre una tasa a la productividad antes que un impuesto fijo que no contempla los malos momentos del campo.

Bajo un cielo encapotado que restó público y colorido al cierre de la 106ª Expo Prado, el presidente de la República fundamentó su propuesta impositiva. Primero dijo que sabía que “el grueso” de las 1.100 empresas a las que “puede castigar” este impuesto “no vive de vender tierras. Tienen razón. Pero la multiplicación de capital que se ha dado en los últimos 10 años es uno de los fenómenos económicos más grandes de la historia de este país”.

Luego de señalar que el valor de la tierra en Uruguay pasó de US$ 4.000 millones a US$ 25 mil millones en los últimos 10 años, Mujica opinó que, además de un bien de producción, la tierra “es un formidable valor social” y la multiplicación de las necesidades de los hombres “le da valor independientemente de su uso”.

“Yo soy el responsable intelectual de pedirle a la gente fuerte de mi país que pongan unos pesos proporcionalmente para crear una frontera interior mejor a mi país. Lo digo sin ambages porque creo –y estoy seguro– de que pueden y deben. Porque la gran propiedad tiene responsabilidad social”, remarcó Mujica en un tono fuerte, y agregó con voz más conciliadora: “No ofendo a nadie diciendo lo que pienso”.

Adiós al 1% municipal
Al comienzo de su improvisada disertación final, el presidente había coincidido con la ARU en la necesidad de eliminar el 1% que cobran las intendencias a la venta de semovientes, al decir que, si bien no se podrá “aislar de las decisiones que se deberán adoptar en un futuro”, se trata de “un impuesto anacrónico” que castigaba a la carne “y nada más”.

Mujica se mostró partidario de que las obras de caminería rural y las carreteras se financien con el aporte de “la carga”, es decir, de los que las usan para sacar la producción del campo. En este punto hubo coincidencia con la ARU.

Por otra parte, como adelantó El Observador, el presidente Mujica leyó un discurso escrito por el ministro de Ganadería, quien también fijó su posición sobre ambos temas. En boca del presidente, Aguerre dijo que “los impuestos son imposiciones, nunca son voluntarios”, recordó que tiene “diferencias conceptuales” con la iniciativa del gobierno y aseguró que “poner un impuesto a la tierra implica bajar su valor”.

Respecto al 1% municipal, Aguerre dijo en el texto que leyó Mujica que “yo me comprometí en el Prado 2010 a estudiar la eliminación” y recordó que el Poder Ejecutivo remitió un proyecto para concretarla. “De esa manera, compensamos parcialmente los efectos que el nuevo impuesto (a la tierra) tendría”, acotó.
A la hora 12.20 se escucharon los aplausos para Mujica, al que Bonica estrechó en un abrazo que simbolizó el clima reinante.
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