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El Presidente José Mujica llegó puntual a la sede de la Unión de Exportadores, con quienes almorzaría ese mediodía del miércoles 4 en el centro de Montevideo. Como es de estilo, los empresarios, representantes de distintos sectores, se fueron presentando uno a uno y mantenían un breve diálogo con el mandatario. Mujica los escuchó y habló poco. En ocasiones anteriores esa charla era sobre el dólar y la productividad, que eran las principales preocupaciones de los exportadores y en buena medida siguen siéndolo.

Terminada esa ronda de saludos, y ya instalados en la mesa, Alvaro Queijo, presidente de los exportadores, hizo una breve exposición y agradeció la presencia de Mujica. A partir de allí los anfitriones se identificaban y algunos aprovecharon para dar su visión del país, problemas a resolver y la marcha de las ventas al exterior, que este año volverán a crecer y rondarán los US$ 12.000 millones.

Llegó el turno de un empresario del sector logístico que minutos antes había estrechado la mano del presidente, contaron a El Observador participantes del encuentro. Ese empresario le pidió “un gesto” y “un esfuerzo” con Argentina, con el propósito de suavizar la relación con la administración de Cristina Fernández de Kirchner.

Mujica lo escuchó, esperó y no aguantó más. Ahí les dijo que siempre negoció con Argentina, que está seguro que ese es el camino a seguir y que las circunstancias lo llevaron a tomar una decisión que lo dejó enfrentado al gobierno K cuando autorizó a UPM a aumentar su producción anual de celulosa en 100 mil toneladas, dijeron a El Observador fuentes del gobierno y privadas.

El presidente se “desahogó”, comentó un empresario. Palabras más, palabras menos, el mandatario les dijo que ahora se quejan cuando todos lo empujaron a tomar una decisión.

Les dijo que se sintió sólo y luego lo repitió a los periodistas a la salida del encuentro. El tema con Argentina y las medidas proteccionistas ocupó buena parte del almuerzo cuyo plato principal fue cordero al vino tinto con champiñones y tomates cherry con timbal de arroz amarillo y calabacín braseado.

Cerca del presidente estaban los ministros Fernando Lorenzo (Economía) y Roberto Kreimerman (Industria), el titular del Banco República, Fernando Calloia, y el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa.

Una fuente gubernamental se preguntó qué gesto se puede tener ahora cuando desde el primer momento se apostó a la diplomacia y el buen trato con Argentina y no se era correspondido.

Algunos en el Poder Ejecutivo están convencidos de que no se podrá hacer mucho para enfrentar las trabas K, por lo que la apuesta es consolidar la integración con Brasil. Mujica, según fuentes de su entorno, sigue convencido que con Argentina hay que conversar y buscará el mejor momento para hacerlo. A los exportadores les comentó que “por ahora esperará”.

El próximo encuentro entre Mujica y Cristina Fernández de Kirchner se producirá el mes próximo en Venezuela en la cumbre del Mercosur.

Desde su espacio radial, el presidente volvió a referirse ayer al vínculo con el país vecino y concluyó que lo mejor, de momento, es dejar el tema por acá. “Recibí más de 11 pedidos de distintos ámbitos importantes pidiéndome que manejara gestualidades políticas hacia Argentina para crear un marco que contribuyera a dar salida a algunas contradicciones que obviamente existen. Lo curioso es que, no todos sino algunos de esos pedidos, venían de círculos que durante estos años, permanentemente nos estaban pidiendo exactamente lo contrario” afirmó Mujica. “Esto nos llevó a cortar por lo sano, bien o mal, y ya no tiene ningún sentido, de momento, seguir hablando de estas cosas”, concluyó.

En otros episodios de tensión con Argentina, Mujica pidió silencio para no complicar más las cosas. Mujica, con una relación desgastada con Cristina, retomará ese camino.

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