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Por Philippe Rater y Francesco Fontemaggi, agencia AFP

Afecta a las declaraciones impactantes, por ejemplo sobre Corea del Norte o Irán, Nikky Haley aparece cada vez más como la voz de la diplomacia estadounidense, por encima del muy discreto secretario de Estado, el ejecutivo del sector petrolero Rex Tillerson.

Difícil es saber quién, entre la embajadora ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o el exdirector del gigante petrolero ExxonMobil, tiene hoy por hoy las preferencias del presidente Donald Trump.

Las evidencias indican, sin embargo, que es Haley la que ocupa los primeros planos, como lo ha mostrado la crisis norcoreana durante la que esta mujer de 45 años decidió golpear la mesa en varias ocasiones.

Fue esta diplomática la que dijo ante el Consejo de Seguridad de la ONU que Pionyang había ido demasiado lejos y reclamó sanciones más severas contra un gobierno que "solo suplica por una cosa: la guerra".

Estados Unidos había pedido el miércoles pasado al Consejo de Seguridad de la ONU que aplique un embargo petrolero a Corea del Norte y congele los activos de su líder, Kim Jong-Un, en respuesta a la sexta y más poderosa prueba nuclear de Pionyang.

Una resolución redactada por Estados Unidos también pide la prohibición de las exportaciones textiles y suspender los pagos a los trabajadores norcoreanos en el extranjero, en un intento de continuar cortando ingresos al régimen por insistir con su programa nuclear.

En cambio, Tillerson, de 65 años, parece omiso en este tema, y hay quienes le critican que haya mostrado más preocupación por las inundaciones causadas por el huracán Harvey en su Texas natal que por los asuntos específicos de su propia cartera.

Sus últimas declaraciones sobre el caso norcoreano, poco antes de que el gobierno de Kim Jong-un realizara el domingo pasado un ensayo con una bomba de hidrógeno, apuntaban a destacar la "contención" de que estaba haciendo gala el régimen de Pionyang.

Presencia invisible

Invisible en la Casa Blanca, donde se muestran los "militares" del equipo de seguridad nacional, y ausente de la prensa, Tillerson no logró publicar siquiera un comunicado, limitándose a informar por ejemplo que se reunió con varios de sus pares.

"A diferencia de sus predecesores, el secretario de Estado piensa que la diplomacia debe ser conducida entre bambalinas. Queremos ser eficaces, no exhibir todo en la plaza pública", teoriza su entorno.

Sin embargo, Haley no tiene esas precauciones. La embajadora ante las Naciones Unidas, estima un alto funcionario europeo que reclamó el anonimato, "es la personalidad estadounidense más influyente en política exterior".

A Haley se le atribuyen ambiciones presidenciales y no pasa una semana en la que no se hable de su probable desembarco en el Departamento de Estado, en lugar del mismísimo Tillerson.

La propia embajadora reveló a la cadena CNN que apenas resultó electo, Donald Trump le ofreció justamente el cargo que hoy ocupa Tillerson, pero que lo rechazó porque consideraba que no contaba con suficiente experiencia internacional.

Aceptó en cambio ir a la ONU para aprender. "A cambio de poder decir lo que pienso" y de "no ser un florero", remarcó en esa entrevista.

Sin asesores

En la sede de la ONU en Nueva York, donde actúa con rango de ministro (caso único), Haley ya demostró manejarse con sentido de la puesta en escena.

Al contrario de sus colegas, que a menudo aparecen flanqueados de consejeros, ella siempre acude sola a las ruedas de prensa.

Así lo hizo el lunes pasado, cuando al término de una reunión de urgencia sobre Corea del Norte fue la primera en anunciar una muy próxima decisión de nuevas sanciones contra Pionyang.

Pero Haley también estuvo en una primera línea al discutir sobre Irán.

Mientras Tillerson no oculta sus "divergencias de puntos de vista" con el presidente Trump – que había prometido durante su campaña "destrozar" el acuerdo nuclear de 2015 entre seis grandes potencias y Teherán–, Haley desplegó públicamente una detallada argumentación en la cual el presidente podría apoyarse si decidiera revisar ese pacto.

Sus posiciones sobre ese acuerdo, al que considera muy malo, le valieron duras críticas en Washington y apoyos de la derecha.

Voz fuerte y clara

"Para muchos estados delincuentes del mundo", Nikki Haley "aparece cada vez más como la voz de Estados Unidos, una voz fuerte y clara", comentó Danielle Pletka, vicepresidenta del grupo de reflexión conservador American Enterprise Institute.

En agosto pasado, mientras visitaba la sede de la Agencia Internacional de la Energía Atómica en Viena para informarse sobre la forma en que Irán respetó los acuerdos de 2015, Haley intervino a la distancia en el debate que se generaba en la ONU sobre los cascos azules en Líbano.

Abiertamente pro israelí, pretendía reforzar las fuerzas de la ONU en la frontera entre Israel y Líbano para contener al Hizbolá.

No lo consiguió, pero ese fracaso no amilanó ni mucho menos a esta exgobernadora de Carolina del Sur de origen indio.

Haley "no posee un gran espesor diplomático, pero sí tiene olfato político. Elige los casos en los que se involucra, sus combates, y deja que sus colaboradores se ocupen de lo demás", apuntan representantes europeos.

Sus críticos más virulentos dicen que vive "desconectada de la realidad" y que defiende posiciones ultraconservadoras. "Es como Trump, un bulldog", pero con un físico más seductor, observó uno de ellos que tampoco quiso revelar su identidad.

Línea dura contra el régimen de Corea del Norte

La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, ya había planteado recientemente que debería tomarse "una decisión fuerte" con Corea del Corea del Norte, luego que lanzó un misil que sobrevoló Japón, aunque no especificó en ese momento qué podría hacerse.

"Suficiente: es suficiente", afirmó la embajadora, con rango de ministro en la administración estadounidense. El disparo de misil que pasó por encima de 130 millones de japoneses "es inaceptable", agregó esa vez.

En su opinión, Pionyang violó "todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que aprobadas. Creo que debemos tomar una decisión fuerte", destacó entonces Haley ante la prensa.

Interrogada sobre la posibilidad de aprobar nuevas sanciones, evitó responder e insistió en la necesidad de "seguir trabajando" con China y Rusia, los principales aliados con que ha contado el régimen de Corea del Norte.

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