En Uruguay, la condición excluyente para que una persona sea ministro es su lealtad al presidente de la República. Basta que el mandatario decida su continuidad para que cada ministro permanezca en el cargo. Sin embargo, la dinámica política doméstica introduce otros elementos. El titular del Poder Ejecutivo debe conseguir manos en el Parlamento para votar sus leyes, y a la vez mantener calmas las aguas internas de su partido. Por ello, los cargos ministeriales, fundamentalmente, se vuelven moneda de cambio para un gobierno en la búsqueda de ese objetivo de gobernabilidad. Claro está que no es lo mismo un gobierno con mayoría parlamentaria propia y otro que no la tenga, y, en cambio, deba negociar con otras colectividades para lograr acuerdos.
Ningún presidente pudo escaparle a la cuota política para armar su gabinete
El equipo de Vázquez promete elegir a los mejores en un posible tercer gobierno del FA, algo inédito para la democracia uruguaya