20 de septiembre de 2017 5:00 hs

Hay niños que se exigen demasiado, al punto que pierden el disfrute de hacer las cosas. Suelen tensionarse muchísimo si no logran los niveles de exigencias, lo que conlleva a aumentar los índices de irritabilidad o tristeza en los diferentes contextos: en lo académico, en casa, jugando, etcétera.

Existen tres grandes pilares de autoexigencia. El primero es un perfil obsesivo, que se da a partir los cuatro años. El niño con estas características tiende a ser muy detallista y perfeccionista.

En muchas ocasiones pasa desapercibido, ya que a muchos papás les gusta que su hijo sea detallista, que se esmere por que le salgan las cosas bien. Sin embargo, a la larga puede generar un trastorno.

Por su parte, el segundo se refiere a los chicos que tienen baja tolerancia a las frustraciones, situaciones que se les hace muy difícil tolerar: una mala nota, un "no", una falla.

Y por último, están los niños que viven compitiendo con los demás. Esta situación se vinculada con el autoconcepto y la autoestima.

Diferentes investigaciones explican que el pequeño puede tener este problema por una conjunción de diversos factores.

Este aspecto de la personalidad nace por diferentes sucesos que involucran al niño. Por un lado puede ser una cuestión heredada, pero si no, tiene que ver con los modelos parentales -el ejemplo a seguir- o lo exigente que es vivir en el mundo hoy. No se valoran mucho los logros y ni el esfuerzo; se celebra más el fin y no tanto el desarrollo.

¿Cómo ayudar a un niño autoexigente?

Primeramente es importante estar seguros de que el niño tiene una autoexigencia elevada. Es decir, que presenta este comportamiento de forma frecuente. Se puede visualizar por medio de la tristeza, irritabilidad, no lograr que el pequeño se distraiga luego de un error cometido y la inconformidad.

Es muy importante que los papás se fijen antes de criticar o corregir al niño. Los progenitores deben motivar al pequeño a que lo importante es el esfuerzo y no tanto el logro. Además de que ellos como adultos deben cuidar sus actitudes.

Ayuda mucho a los papás, hacer algo con sus hijos sin esperar el resultado. Como por ejemplo, manualidades, jardinería o cocina. Asimismo, llevar actividades en donde el niño pueda apreciar a sus modelos perdiendo o cometiendo equivocaciones, ya que de esta forma se desdramatizan los errores. Lo ideal es que los adultos sepan aceptar sus errores ante el niño, así este comprende que todos se equivocan.

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