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Un preanuncio de despido con bastante anticipación le permitió a Andrés Lalanne (65) reflexionar sobre sus planes futuros. “A los 50 años estaba bastante claro que no iba a ser tan fácil para mí conseguir un trabajo del mismo nivel porque había una tendencia de las corporaciones a emplear gerentes jóvenes”, recordó Lalanne, que llevaba 23 años como gerente comercial en una multinacional.

Su determinación fue no volver a trabajar en relación de dependencia e “inventarse un nuevo trabajo”. De esa forma, descubrió “un poco tardíamente” su vocación emprendedora, y creó junto a un grupo de socios Equipos Consultores. Además desarrolló cualidades como mentor, ya que es voluntario en organizaciones como Emprecrea de Kolping y Endeavor.

Siempre recomienda a quienes atraviesan situaciones similares hacer el ejercicio de imaginarse la oportunidad de poder crearse un nuevo empleo. “Tiene que ser algo para lo que se sientas capaz, que le resulte un desafío aunque posible y también gratificante”, explicó.

Hoy, está al frente de Summa consultores e ID Retail, dos empresas escindidas de su primer emprendimiento, del que se desvinculó tras la crisis del 2002.

Además de perder el empleo, hay otras motivaciones para emprender después de los 50 años.

Claro que muchos alicientes pueden ser los mismos que los de un joven, pero existen algunas preocupaciones que comienzan a instalarse –como qué hacer con el tiempo libre cuando se acerca el retiro y qué proyectos legarle a los hijos–, y despiertan el espíritu emprendedor. O, simplemente, como consecuencia del camino recorrido, se está más maduro para afrontar un proyecto empresarial.

Sin embargo, y en un país que se reconoce envejecido, no saltan fácilmente a la vista los casos de emprendedores senior y aún menos las iniciativas que respalden su despegue.

Con más edad

Uruguay tiene en proporción más cantidad de emprendedores senior que economías similares en el mundo, según revela el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) de 2011.

Mientras este tipo de economías –que la encuesta define como “basadas en la eficiencia”– cuentan con poco más del 8% de emprendedores entre 55 y 64 años, Uruguay está próximo al 10%. Algo similar ocurre en la franja etaria de 45 a 54 años, donde las economías basadas en la eficiencia tienen en promedio 13%, mientras Uruguay presenta más de 14%.

Esta diferencia se explica básicamente porque la estructura de edades de la población uruguaya es propia de economías maduras, indicó el coordinador nacional del GEM y profesor del IEEM, Leonardo Veiga.

“Tenemos una población muy envejecida, así que es razonable suponer que los emprendedores tengan más edad que en otros países”, expresó. Otra razón es el tipo de emprendedores. En Uruguay el emprendimiento es esencialmente por oportunidad.

“Normalmente los emprendedores por necesidad suelen estar asociados a jóvenes porque son los que tienen los mayores porcentajes de desempleo. En cambio, en las personas de mayor edad los porcentajes de desempleo bajan dramáticamente. En el segmento de 50 para adelante es muy bajo”, indicó.

Según Veiga, si la comparación se hiciera con economías latinoamericanas, el desbalance en favor de Uruguay sería mayor, dado que en América Latina la población es muy joven, los porcentajes de emprendimiento son muy altos y están basados en la necesidad.

El GEM señala que 2,4% del total encuestado en Uruguay intentó comenzar un emprendimiento siendo mayor de 55 años. De los 18 a los 34 lo intentaron el 6,1% y de los 35 a los 54 el 5,8%.

Además, el 59% de personas con 55 y más años que en 2011 efectuó una acción para favorecer el comienzo de un negocio lo hizo por oportunidad comercial, mientras el 10% se movió por necesidad o por no tener otras opciones. El 8% manifestó hacerlo por una combinación de ambas, en tanto el 5% estaba buscando mejores oportunidades.

Apoyo senior

Pese al evidente desarrollo que en los últimos años ha mostrado el ecosistema emprendedor, pocas organizaciones se ocupan de atender las necesidades de la creciente población en edad de jubilarse y la mayoría desarrolla programas destinados especialmente a jóvenes.

El director ejecutivo del programa Emprecrea de Kolping, Wilder Folco, aseguró que si bien su trabajo se centra entre los 18 a 35 años, algunas veces se presentan a las convocatorias casos de emprendedores senior. Estas situaciones los ha llevado a evaluar la posibilidad de extender los límites de edad al menos a 45 años.

El programa C-Emprendedor del Ministerio de Industria no tiene una restricción de edad máxima para postular. Sin embargo, su coordinador, José Trujillo, indicó que quienes mayoritariamente aprovechan el programa tienen entre 25 y 40 años. Aún así, Trujillo señaló que se han dado varios casos de personas mayores de 50 años que se plantean la posibilidad de emprender como estilo de vida y para seguir en actividad luego de jubilarse.

Para Lalane, de Summa e ID Retail, muchos de los instrumentos están pensados para jóvenes, – "y es probable que el 90% de los que los requieren sean ellos”, pero no debería ser excluyente–. “Veo muchas personas ingeniosas, productivas y con ideas a edades bastantes avanzadas. Me parece que hay que favorecer sobre todo a los emprendmientos”, opinó.

Frente a esta situación, la nueva Red de Emprendedores Senior (Redes), inaugurada en noviembre pasado, resulta toda una innovación en Uruguay. Se dedica a impulsar la cultura y la actividad emprendedora de personas próximas al retiro o ya jubiladas, mediante proyectos, capacitación y apoyo a través de mentores, programas y eventos.

El propósito, según su directora, Julia Pou, es aumentar la plantilla de emprendedores, aprovechando a la población pasiva, con el fin de generar más fuentes laborales. “También recuperar la mentalidad que tenían nuestros antepasados gallegos, italianos y judíos, que venían buscando oportunidades y no miraban el reloj para ver cuando terminaba (la hora); veían en la capacidad de trabajar una oportunidad”, explicó Pou.

La organización trata de dar cuenta de que no todos los emprendimientos son pasibles de tener éxito, sobre la premisa de que los riesgos son iguales para todos.

Hasta el momento Redes ha implementado una serie de conferencias. “Tuvimos una estupenda con (el presidente de Infocorp) Gabriel Colla (39), que es un emprendedor superjoven y había allí personas mayores que logró entusiasmar y mostrarles que aún en su campo, el de la informática, puede haber oportunidades para aquellos no tan jóvenes”, dijo.

Bagaje valioso

Para Pou, en Uruguay hay que hacer un esfuerzo para adecuar la cultura a las tendencias del siglo XXI, dado que han aumentado las expectativas de vida.

“Cuándo la gente llega al cúmulo de la experiencia se jubila y se va, y la experiencia queda desperdiciada”, lamentó.

Las personas en esa etapa de la vida se encuentran en plenitud física y mental y con un bagaje valioso, acumulación de éxitos y fracasos, temores, pero también más armas para enfrentarlos, subrayó Pou.

Según Lalanne, otros caminos que deberían fomentarse son los del senior voluntario: la persona jubilada que ofrece su experiencia. “En Uruguay está desaprovechado. En Europa y EEUU hay organizaciones de seniors que tienen ganas de devolver el conocimiento a la sociedad. Aquí se hacen esfuerzos individuales de mentores”, reflexionó.

Sobran los motivos

En muchos casos la necesidad de emprender es sicológica. “Hay personas que se encuentran de un día para otro con que se les terminó el motivo de su vida y tenemos que ayudarlos”, explicó Pou.

En el caso de Araceli Roa (58), emprender se trataba de aprovechar una propiedad heredada y desarrollar una actividad de disfrute personal. A los 52 años, en 2005, fundó la estancia turística La Estiria, en Flores, en la que invirtió todos sus ahorros para restaurar la propiedad.

“Siempre me sentí joven y nunca pensé que tenía arriba de 50 años cuando me propuse emprender. Nunca pensé en las dificultades; al contrario, a mi edad se tiene la experiencia y la madurez que ayudan a crecer con calma y sin ansiedades. A veces los jóvenes quieren todo para ayer”, reflexionó Roa.

El caso del asesor financiero Jorge Verges (52) fue distinto. Se define como un emprendedor por oportunidad. Siempre tuvo interés en desarrollar un proyecto personal pero no había encontrado la fórmula.

Este año dio con el producto y el ramo, y las condiciones personales se conjugaron: hijos mayores que ya no dependen de él, una situación económica que permitía afrontar cierto nivel de gastos y una situación familiar que lo apoya. Fue así que lanzó Comparo y Gano, un portal web que oferta artículos y permite comparar precios.

“No estoy buscando una jubilación, sino desarrollar un negocio personal que me siga dando las seguridades y el nivel de vida que busco y quiero. No tengo problema con que se prolongue mi vida laboral”, enfatizó el emprendedor.

Ocupar el tiempo libre, es sin dudas, una de las mayores preocupaciones tras la jubilación. Para José Luis Ojeda (65) fue una razón más a la hora de decidirse a emprender. Retirado en 2005 luego de haber trabajado por años en UTE, fue convocado por la empresa para capacitar a funcionarios que manejaban equipos de grúa. El regreso fue con un emprendimiento personal.

Cuando comenzaron a llamarlo otras compañías, junto a dos ingenieros más jóvenes, formó la empresa de ingeniería y movimientos de carga Asecam. “Tenía una necesidad de ocupar mi tiempo desde un punto de vista vocacional. Son cosas que me gusta hacer y la actividad también contribuye a la buena salud”, indicó Ojeda.

Según Lalanne, con la edad las personas se vuelven más cautelosas,pero hay que tener en cuenta que el emprendedor por definición no pone la prevención del riesgo sobre aprovechar las oportunidades. “Es más difícil emprender en edades avanzadas, por ese factor de cautela, porque hay menos posibilidades de equivocarse y volver a empezar. Sin embargo es más riesgoso empezar a una edad temprana”, indicó.

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