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Quizás el culpable de todo sea el guionista y dramaturgo David Mamet, aunque su escena se basó en un dato real: Al Capone amaba la voz de Enrico Caruso.

Fue él quien creó la icónica imagen que está grabada en todas las retinas y todos oídos de los amantes del cine y la ópera: Robert De Niro, como Al Capone en Los intocables, de Brian De Palma, asiste al estreno de Pagliacci en el Opera House de Chicago.

En la anécdota de la obra, compuesta por Ruggero Leoncavallo, el principal rol masculino es Canio, director de una troupe de payasos, casado con una actriz, Nedda, que integra la compañía. Uno de los momentos culminantes de la obra es el aria para tenor Vesti la giubba (“Viste el disfraz”), cuando Canio debe salir a escena con la mejor sonrisa de su profesión para esconder la enorme amargura de su corazón, al saber que su esposa lo engaña con otro hombre. “Ríe, payaso, por sobre tu amor quebrado, ríe del dolor que te envenenan el corazón”, solloza el personaje de Canio.

Ese es el preciso momento de la película cuando le informan a Capone/De Niro que uno de los integrantes del equipo de Eliot Ness acaba de ser baleado y muerto (Malone, el personaje interpretado por Sean Connery). El capo —profundamente emocionado por el drama que representa Canio sobre el escenario— se seca las lágrimas con su pañuelo y no puede evitar sonreír, en una de las caras más recordadas de la historia del cine contemporáneo. En un genial paralelismo con la cara del payaso triste, el Capone de De Niro también ríe y llora al mismo tiempo.

Leoncavallo era napolitano, igual que los padres de Capone, y quizás esa sea una de las razones por las que afloraba la emoción ante la aria, conformando ese complejo perfil del mafioso: tipos rudos capaces de “eliminar” sin pudor a quien sea dejaban que las lágrimas inundaran sus ojos ante la belleza de la música.

Maridaje centenario
Desde 1893, Pagliacci se presenta en todo el mundo junto a Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni. Son dos clásicos del llamado estilo ‘verista’ en ópera: la ficcionalización de episodios sórdidos y violentos de la clase baja desde un punto de vista realista.

En este mismo formato doble se presentan este jueves en el Teatro Solís, coincidiendo con el escenario de la presencia de Pietro Mascagni, quien llegó a la capital uruguaya para dirigir Aída, de Giusseppe Verdi, en agosto de 1911.

“Fue un sábado y el público colmó la sala pese a los precios altos para la epoca: $ 3.50 la platea. También dirigió su ópera Iris. El ‘Himno al Sol’ con que se inicia esta obra, único fragmento orquestal, generó una explosión de vivas y aplausos indescriptibles (según las crónicas de la época de El Bien Público)”, anotó el periodista Barret Puig en un artículo publicado en 1991.

Si Pagliacci tiene referencias en el cine mafioso, Cavalleria rusticana no se queda atrás. El final de la tercera parte de la saga de El padrino, de Francis Ford Coppola, culmina con la interpretación de esta ópera en el teatro de Palermo, coincidiendo con el argumento de la ora, que se desarrolla en la campiña sicialiana.

Anthony, el primogénito de Michael Corleone (Al Pacino), es el tenor que interpreta a Turiddu, protagonista de la ópera. Como es una norma a lo largo de la saga, la música para los Corleone es una oportunidad para arreglar cuentas con los rivales. En el tiempo que dura la óbra, la familia Corleone a través de sus hombres de confianza (Al Neri y Vincent Mancini, sobrino de Michael, encarnado por Andy García) se encargan de ajustar cuentas con los enemigos.

Como se ve, la ópera italiana posee una enorme ligazón al mundo del hampa, que el cine se encargó de amplificar. Mañana de noche, los montevideanos podrán experimentar en sus propios oídos esa música capaz de quebrar hasta a los tipos más rudos
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