30 de mayo de 2026 5:00 hs

De todas las canciones uruguayas sobre la selección, es difícil encontrar alguna que concentre tantos elementos identitarios como Uruguayos campeones. No solo porque sus dos ingredientes base, la murga y el fútbol, son piezas claves del imaginario nacional, sino por la lista de nombres que se cruzan en su origen y en las múltiples versiones en las que la canción ha reemergido a lo largo de su historia.

Figuras clave de la música uruguaya como Carlos Gardel, el Canario Luna, Jaime Roos y Romeo Gavioli aparecen en distintos puntos de la historia de una obra que nació como parte de un espectáculo de Carnaval y terminó convertida en un himno futbolero y patriótico. Uno que, además, en momentos como el de la previa de un Mundial, vuelve a resurgir con su chapa de clásico aunque los uruguayos sean campeones de América con menos frecuencia que antes y la idea de volver a ser “del mundo” esté cada vez más lejos en el fútbol moderno.

Ahora, a punto de comenzar una nueva Copa del Mundo, se da la coincidencia de que el torneo coincide con el centenario de Uruguayos campeones. El texto, creación de Omar Odriozola, fue compuesto en 1926, y sería en el Carnaval de 1927 que ya convertido en canción tendría su estreno en los tablados montevideanos.

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Comenzó ahí un itinerario popular que la convertiría en pieza ineludible del rico repertorio futbolero del país, primero a través de la tradición oral y luego con las sucesivas grabaciones que actualizaron la canción a la sonoridad y a los posteriores logros deportivos de la selección uruguaya.

Más allá de los Andes

1926
La selección uruguaya en el Campeonato Sudamericano de 1926 que inspiró Uruguayos campeones

La selección uruguaya en el Campeonato Sudamericano de 1926 que inspiró Uruguayos campeones

Al oeste de Santiago de Chile, del lado de la ciudad que linda con la Cordillera de los Andes, está la zona de Ñuñoa. Ahí es donde está ahora el Estadio Nacional, uno de los recintos deportivos con más historia del continente (incluso una parte oscura, con su pasado como centro de detención y tortura durante la dictadura de Pinochet).

En ese lugar estaban en 1926 los Campos de Sports de Ñuñoa. Ese predio fue la sede de la décima edición del Campeonato Sudamericano de Fútbol, como se conocía en aquel momento a la actual Copa América.

La selección uruguaya era la dominadora del torneo hasta ese momento, cuando se jugaba de forma anual (salvo por 1918, único año que no se disputó). De las diez copas jugadas, Uruguay tenía cinco, con las otras cuatro repartidas entre Argentina y Brasil.

Pero la de 1926 fue especial. Si bien Uruguay se había quedado con el campeonato en 1924, meses después de ser campeón olímpico en París, la copa que se jugó en Santiago venía con condimentos añadidos: la selección había faltado al torneo en 1925 porque el fútbol uruguayo estaba dividido desde 1922 en dos facciones y estaba en pleno proceso de reconciliación y reconstrucción.

Ya con el fútbol restaurado, el equipo volvió al Sudamericano todavía con la base de los triunfos anteriores y que se mantendría hasta mitad de la década siguiente, y fue campeón invicto y cómodo, con un triunfo contundente por 2-0 contra Argentina en el medio. Las crónicas de época destacando como el juego de pases cortos y veloces celeste fue insuperable para un equipo muy fuerte pero que recurría más a la potencia y a los pelotazos para los punteros.

El campeonato de 1926, concretado en noviembre, fue tan celebrado pese a que por aquél entonces era moneda corriente para Uruguay ganar las Copas América, que la murga Patos Cabreros decidió incluir un homenaje a los jugadores en su repaso del año el febrero siguiente.

El maestro, el mago y el pepino

Omar Odriozola llegó a Montevideo desde Paso de los Toros para estudiar escribanía, como tantos otros antes, en esa época y todavía hoy. El joven isabelino tenía alma de poeta y era un habitual de las mesas de los cafés y bares que formaban el círculo bohemio de la capital. En ese ámbito se cruzó con José “Pepino” Ministeri, uno de los murguistas más ilustres de la historia uruguaya.

Pepino, director y figura central de la murga Patos Cabreros, le pidió un texto para el conjunto. Motivado por la copa ganada en Chile, Odriozola escribió el poema Los campeones, que Ministeri se encargó de musicalizar y usar como canción de cierre del espectáculo del Carnaval de 1927, en un momento en el que todavía no existía la idea de la retirada que conocemos hoy.

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Pepino, al centro, junto a los Patos Cabreros en 1965

Pepino, al centro, junto a los Patos Cabreros en 1965

Dedicada “a todos los footballers uruguayos y a los canillitas”, para musicalizar el texto la murga apeló a un recurso tan presente en sus espectáculos en aquel momento como en el presente: el de usar la melodía de canciones preexistentes y populares para ayudar al público a generar una familiaridad más inmediata.

Mateo Magnone, periodista e integrante de la murga La Mojigata, investigó a Uruguayos campeones y a buena parte del repertorio futbolístico criollo para su libro de 2016 Uruguayos cantores. El autor explicó que la genealogía musical de la canción empieza con la melodía de La brisa, un tango de 1922 con música de los hermanos Francisco y Juan Canaro, y letra de Juan Andrés Caruso.

Ese tango, a su vez, tiene una melodía basada en una reformulación de la de otra canción, Brisas de la tarde, grabada en 1912 por Carlos Gardel, compuesta por “el Mago” y José Razzano. “Era una época donde toda la cuestión de los derechos de autor era mucho más laxa, y los artistas se ‘prestaban’ melodías”, detalló Magnone.

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La versión primigenia de los Patos resalta tanto el Sudamericano de 1926 como el oro ganado en Francia en 1924. De ahí que “los clarines que dieron las dianas en Colombes, más allá de los Andes volvieron a sonar”. Sin embargo, hay una particularidad: sin que quede claro si fue por una cuestión de pronunciación o un error, en la letra cambiaron “Ñuñoa” por “Nuñoa”.

Dame/ dame esa alegría/ de salir primero/ de salir campeón

Aunque Magnone no descarta que antes hubiera otras canciones vinculadas al fútbol en el tango uruguayo o argentino, o en el Carnaval, señala que Uruguayos campeones fue la primera canción con “impacto y reconocimiento” dentro de ese vínculo entre la música y el balompié. La investigación para su libro le indicó que en términos narrativos, el puntapié inicial de la relación estuvo ahí.

Con el entendido adicional de que hay muchísimas letras y canciones carnavaleras de aquellas primeras décadas del evento que se han perdido, la investigadora e historiadora especializada en la fiesta popular uruguaya Milita Alfaro señala que ya con el oro olímpico ganado en Colombes hubo canciones y cuplés alusivos.

Pero algo de ese rastrillaje histórico le llamó la atención. “Hay menos de las que esperaba. Es curioso, pero en ese momento el turf tenía más arraigo popular que el fútbol. Si te fijás en los diarios de la época, le dedican tres páginas al turf, y una al fútbol”. De todas formas, Alfaro aclara que había un vínculo entre el Carnaval y el deporte. En un tiempo en el que el fútbol todavía era amateur, muchos murguistas eran jugadores.

“Ya para 1930 hay muchas letras alusivas al Mundial”, agregó. “Porque además ahí estuvo el factor de que se le ganó la final a Argentina. Cada vez que estaba presente esa rivalidad, el interés del público era mayor, por la competencia permanente que sigue habiendo con ellos”.

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La selección de Uruguay en el Mundial de 1930

La selección de Uruguay en el Mundial de 1930

De todas maneras, y más allá de que fue una canción que logró perdurar —por algo esta nota hecha cien años después existe—, Alfaro explicó que en su momento “Uruguayos campeones tuvo poca repercusión, al menos según la prensa de la época, que es mi fuente principal. No había menciones en los medios a la canción, no fue un fenómeno en ese sentido”.

Donde sí tuvo impacto fue en el propio Carnaval. Ese 1927, los Patos Cabreros ganaron por primera vez el Concurso oficial, aunque compartieron el primer puesto con Curtidores de hongos, dueña de la hegemonía del certamen en esos años.

En aquella época, cada tablado tenía además su propio concurso. Alfaro tiene documentados 143 escenarios (aunque también ha encontrado fuentes que indican 165 durante ese Carnaval), y en 50 se impusieron los Patos, además de conseguir un buen puñado de segundos y terceros puestos. “Y no sabemos exactamente a cuantos tablados fueron, porque era imposible que fueran a todos, así que es una cosecha importante de premios”, detalló.

La historiadora aclaró que esos títulos no necesariamente fueron por Los campeones. “Ese año los Patos tenían un repertorio maravilloso de punta a punta, con mucha crítica política en un año de enfrentamientos terribles, tanto en la interna del Partido Colorado, entre batllistas y sectores conservadores, y con el herrerismo en el Partido Nacional. Uruguayos campones fue la frutilla de la torta de ese espectáculo”.

Para Magnone, en tanto, el valor que tuvo la canción en ese momento es que “se hizo cuando todavía faltaban muchos títulos por ganar, pero Uruguay ya era campeón de América y del mundo. Es incluso un argumento artístico a favor de esa postura de que Uruguay es cuatro veces campeón mundial, porque ya en ese momento se concebía así. No eras campeón olímpico, eras campeón del mundo”.

La lista del Mundial

En su libro biográfico Tintabrava, el murguista Raúl Castro recordó que su madre le contaba que la primera vez que escuchó una murga fue siendo un bebé de tres meses. Grupos de vecinos pasaban por la puerta de su casa celebrando el título mundial de 1950. Iban cantando Uruguayos campeones.

“La gente fue la que la preservó”, dijo Milita Alfaro sobre cómo la canción logró cruzar las décadas siendo creada en un tiempo donde si bien había grabaciones fonográficas, no eran para nada habituales.

“A nivel popular tuvo una gran pegada, y además la mantuvieron las reversiones que se hicieron en cada época, cambiándola según las circunstancias”, agregó.

Ya de entrada, una de las versiones más antiguas que están grabadas y que pertenece también a los Patos Cabreros, con Pepino en el doble rol de director y solista, se nota que es posterior a 1930 porque cambia la lista de “víctimas” uruguayas con respecto a la letra original de Odriozola.

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Mientras que Los campeones enumeraba a los otros cuatro equipos sudamericanos derrotados en Chile 1926 (“el argentino, el team chileno, el boliviano y el paraguayo fueron vencidos por el invicto team uruguayo”), esta versión registrada por el sello Sondor cambia ese verso por

A los rumanos
los yugoslavos,
los italianos y los porteños,
fueron vencidos, por los campeones
por los campeones del mundo entero

Rumanos y yugoslavos fueron cruces del Mundial de 1930, Italia de los Juegos Olímpicos de 1928, y “los porteños” (nótese que es el único rival al que se nombra no por su gentilicio correcto, sino por el apelativo despectivo con el que los uruguayos todavía hoy nombran a los argentinos, sean o no de la ciudad de Buenos Aires) fueron derrotados en las finales de 1928 y 1930.

El hasta ahora último título planetario de la Celeste motivó una nueva versión que de alguna forma, cerró el círculo musical para Uruguayos campeones. Una de las voces esenciales del tango oriental, Romeo Gavioli, la reinterpretó en clave tanguera junto a su Orquesta típica.

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Aunque su estructura y melodía son las mismas, la letra tiene cambios considerables, con un tono mucho más recargado y patriótico. Los jugadores pasan a ser “valientes defensores del Uruguay querido” que logran los títulos “para la patria amada del general Artigas”.

En esa década fue que recién Odriozola la registró en Agadu, más de 30 años de después de compuesta, y con él ya metido en otra vida, señaló Mateo Magnone. Para esa altura el autor de la letra era director del liceo de su ciudad natal y estaba consagrado a la enseñanza.

El siguiente “update” vino con la versión de Omar Romano y los del Altillo, publicada luego del Mundialito de 1980. Con un regreso a la murga, las dianas de Colombes “acá en Montevideo volvieron a sonar” cuando los “uruguayos campeones de la Copa de oro” se convirtieron en “campeones de campeones”:

Primero fueron,
los holandeses
los italianos y brasileños
todos vencidos
por los campeones
por los campeones del mundo entero

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Quizás la versión más atesorada y presente en el imaginario colectivo popular actual uruguayo es la que en 1989 salió cantada por Washington “Canario” Luna. Milita Alfaro la considera como “el último gran impacto” en el historial de Uruguayos campeones. Mateo Magnone dice que generó una cuestión de “piel e impacto” con la voz del cantante que la hace más poderosa que otras.

El otro ingrediente clave en esa versión ¿definitiva? De la canción es el trabajo de Jaime Roos como productor y arreglador del tema y del disco en el que estaba incluida, Otra vez Carnaval. Ese álbum fue el segundo trabajo como solista del “Canario”, luego del éxito de su predecesor, Todo a Momo, también producido por Jaime y secuela directa de la colaboración entre ambos en Brindis por Pierrot.

Roos ha contado que parte de lo que motivaba estos trabajos discográficos con Luna era la posibilidad de grabar a una voz en peligro de extinción. En las notas del disco recopilatorio Selladas dos, el músico señaló: “Yo no sólo consideraba que era el mejor cantante de murga de aquel momento, sino que tenía la sensación de que era uno de los últimos de su especie; que ese estilo de canto se iba a discontinuar. Sentía que estábamos produciendo cosas históricamente irrepetibles”.

Por eso, en sus dos discos hay una selección de clásicos murgueros que pertenecían a la tradición oral del Carnaval, y que en varios casos no tenían grabaciones de buena calidad. Uno de esos casos era el de Uruguayos campeones, que fue grabada como parte de un enganchado de canciones sobre la selección, junto a Vayan pelando las chauchas (hija del Mundial de 1950) y Celeste (de 1966, otro año mundialista).

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Esa elección fue hecha por Roos, que conocía esas canciones desde su infancia. Eran murgas tradicionales que no tenían ni arreglos ni acordes formales, sino que se deducían de la melodía. Las voces se arreglaban de oído.

En lo letrístico, más allá de algunos mínimos cambios en la primera parte, las listas de “víctimas” son las de la versión original de los Patos cabreros de 1927, y luego la de la grabación posterior de la murga que ya incluye a los derrotados en 1928 y 1930. Pero hay un guiño a 1950 y a Obdulio Varela agregado por Roos —que en 1992 citaría Uruguayos campeones en su Cuando juega Uruguay—.

Entre yugoslavos, italianos y porteños aparecen “los japoneses”, con los que la selección uruguaya jamás se había cruzado en un torneo oficial. La razón de esa presencia asiática es que el capitán del Maracanazo le dijo a sus compañeros antes del mítico partido final contra Brasil “¿Vamos a dejar que nos ganen estos japoneses?”

Años después, al conocerlo en persona, Roos descubrió que Varela llamaba “japoneses” a todos los extranjeros. Salvo a los argentinos, a los que por supuesto, les decía “porteños”.

En 2004, en su disco Pobres poderosos, Tabaré Cardozo retomó este clásico con una versión rockera, aunque sin perder la línea murguera, que remite inmediatamente a “programa de radio conducido por periodista deportivo ‘joven’ de 50 años”. Es una versión aceleradísima, con un riff de guitarra en primer plano, una batería implacable y un agregado propio a la letra:

En el 50
como en el 30,
los brasileros y los porteños,
fueron vencidos por los campeones,
por los campeones del mundo entero

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Luego vinieron otras expansiones del catálogo de versiones, como dos más tradicionales a cargo de la Selección Nacional de Murgas y de Alejandro Balbis, y una versión jazz instrumental registrada por Ricardo Nolé.

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Himno con minúscula

La extensa lista de versiones y reversiones de Uruguayos campeones es una de las maneras de ilustrar la permanencia y el estatus canónico de esta canción. Pero, ¿por qué Uruguayos campeones y no otra? ¿Por qué es esta la canción que se arraigó en el repertorio popular?

Para Magnone, “la sostuvo en el tiempo la correlación deportiva, que al tiempo de su creación y durante un tiempo más, Uruguay fuera la mejor selección del mundo. Tiene también un verso de arranque muy potente, además de que el Carnaval, como la fiesta popular montevideana más importante, la hace presente”.

El periodista agrega que desde lo musical, es una canción que es simple de cantar. “Es medio mantra en sus estrofas y el estribillo no se aleja tanto. Es una murga pero que, quizás por la herencia del tango que tiene, es cansina, y esa simpleza la hace rica musicalmente”.

Alfaro, por su parte, señaló que la canción se perpetuó en el tiempo porque “llegó en un momento decisivo, en una década clave en la construcción de la identidad nacional, y en el proceso de que esa identidad genere identificación popular. Ya había un relato cívico y oficial que se había ido construyendo en las décadas previas, pero había que bajarlo a lo popular, a sentimientos, a lo cotidiano y vivencial, a lo emotivo”.

20240627 FBL - COPA AMERICA - 2024 - URU - BOL - FANS Uruguay fans cheer as players arrive on the pitch ahead of the Conmebol 2024 Copa America tournament group C football match between Uruguay and Bolivia at MetLife Stadium in East Rutherford, New Jersey
Hinchas de Uruguay

Hinchas de Uruguay

Y mal que bien, el fútbol y el Carnaval de la época construyeron esa identidad, cada uno por su lado, y en casos como el de Uruguayos campeones, de la mano. Los goles, los platillos, las camisetas y los redoblantes trabajaron juntos para generar un espejo en el que reconocerse como uruguayos.

Uruguayos campeones cuenta quienes somos en un momento de un sentimiento nacional muy leve, además de que lo hace en una clave no tan solemne”, agregó Alfaro. Los uruguayos somos esto: campeones invictos que se llevan el mundo por delante, y que no son —aunque muchos vengan de ahí— ni yugoslavos, ni italianos, ni japoneses. Y mucho menos ni brasileños ni porteños.

“Canciones como esta son la patria en la calle y en la gente”, concluyó. “Son himnos con minúscula, pero que generan lo mismo que el Himno que tiene mayúscula”.

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