28 de mayo de 2024 5:00 hs

La primera vez que escuchó una murga tenía apenas tres meses y Alcides Ghiggia acababa de guardar la pelota en el fondo del arco de la historia nacional. Uruguayos campeones, de América y del mundo. Dianas de Nuñoa, la despedida llena de épica de Patos Cabreros, sonaba en la mitad del siglo pasado en la voz de un coro improvisado de vecinos que pasaba por la esquina de Gaboto y 9 de abril entre bombos y platillos.

Raúl “El Flaco” Castro lo escuchaba desde los brazos de su madre.

Entonces nace en él, aquella fría tarde noche del 16 de julio de 1950, marcado a fuego por la celeste alegría del barrio, el murguista. El que un día será bautizado por un borracho, en un boliche, con el apodo de Tintabrava. El personaje que el destino me tenía reservado. El hombre que quería hacer cantar al mundo. Entonces nace en él, aquella fría tarde noche del 16 de julio de 1950, marcado a fuego por la celeste alegría del barrio, el murguista. El que un día será bautizado por un borracho, en un boliche, con el apodo de Tintabrava. El personaje que el destino me tenía reservado. El hombre que quería hacer cantar al mundo.

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Ahora, 74 años después, es uno de los referentes de la murga uruguaya y está sentado en una mesa del Bar Paysandú. Canta una canción de Violeta Parra junto a una mujer que termina un café en la mesa de al lado, luego de que le dijera que es la sobrina nieta de la cantautora chilena. "Yo crecí con ustedes en la mente", le dice ella. Castro le cuenta que el tema formará parte del repertorio que hará el próximo 30 de mayo en el Teatro Solís con Tintabrava y el Bandón Murguero.

Minutos después estará sentado detrás del mostrador del panel de Todas Las Voces, el programa de debate político de Canal 4, para discutir puntos de vista con la diputada frenteamplista Betiana Díaz y la exfiscal Gabriela Fossati en un vaivén discursivo que envuelve la pantalla en horario central.

Sobre la murga, la posibilidad del regreso al Carnaval, el espectáculo en el Teatro Solís y su llegada a la televisión habló con El Observador. A continuación, un resumen de la entrevista.

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¿Cuáles son los aprendizajes de una vida atravesada por la murga?

Tuve la suerte de vivir una época maravillosa que fue en los años 60 en donde el mundo entero vivió una revolución cultural, que tenía que ver con lo que pasaba políticamente en el mundo pero sobre todo con lo que pasaba espiritualmente. Conjuntamente se suceden mojones en mi vida que me van llevando de la mano hacia la murga. ¿Y qué me enseñó la murga? El valor de lo colectivo para desentrañar los pesares de cada uno. La importancia del grupo cuando te contiene, cuando te enseña ética y cuando te enseña estética. Cuando de la opinión de varios compañeros surge otra que los representa a todos. Eso fue lo más lindo que me ha dejado la murga. Increíblemente lo expreso ahora desde una posición artística más individual, porque ahora no soy Falta y Resto, ahora soy Tintabrava y el Bandón Murguero.

Ahora sos el frontman.

Ahora soy el frontman, de un proyecto que fue toda mi vida colectivo. Lo tomo como una paradoja de la vida: lo individual es importante para que el colectivo sea importante y lo colectivo sin lo individual no existe. Entonces, como que de joven uno es incendiario y después de viejo se transforma en bombero.

De todas formas imagino que en el proceso de Tintabrava y el Bandón Murguero hay mucho de lo colectivo que permanece.

Mis obras han sido pensadas siempre para lo colectivo. Un personaje, pero siempre estaba a la mugo como metáfora del pueblo respondiendo atrás o reaccionando, a veces en conjunto y a veces en contradicción. Lo que pasa en la zarzuela, en el teatro, en la ópera. Lo colectivo para resaltar también lo individual. Esa es una enseñanza mágica de la murga, que te da fe y te hace sentir que es posible un emprendimiento entre todos que venza los egos desarrollados que produce el arte.

¿El arte siempre produce egos?

Siempre. Porque uno lo necesita.

¿Cómo se selecciona un repertorio entre más de 50 años de canciones para un show como el del Teatro Solís?

Están llorando al costado del escritorio hijas e hijos que no fueron invitadas a este espectáculo que yo amo. Por ejemplo, tengo sentadita por ahí a La hermana de la Coneja con una carita pobrecita y no va a estar en el Solís, en el barrio de ella.

¿Por qué? Hace unos días se la pidieron a Jaime Roos en la primera noche de sus shows en el Auditorio del Sodre.

No está porque capaz que no tiene que estar, porque uno no es el mismo. Es mejor que no esté porque capaz que ponerla ya fue un error en aquel momento, ¿para qué volverlo a repetir? Visto desde ahora, pero la verdad es la verdad. La única verdad es la realidad, decía Perón. Lo siento como una botoneada ahora a La hermana de la coneja, ¿me entendés?

¿Te arrepentís?

No, no me arrepiento. Pero visto desde ahora siento que yo la botoneé.

¿Y cómo llegás a esa postura? Hay un proceso de transformación desde entonces.

La murga. Mi hija primero, la Natalia –mi compañera que me acompañó 10 años, que falleció hace 3 años– y las mujeres de la Falta, que produciendo su laburo artístico mitad hombres y mitad mujeres me decían que no. Me abrió los ojos a una realidad. Fue una demostración de respeto, de cariño personal, de cada una de las compañeras que te enseñaban y te daban una mirada.

¿Cuándo fue el momento en que decidís que se quede sentada al costado del escritorio?

Cuando lo racionalizo en esta nota contigo es cuando más radical me veo con respecto a ese tema. Porque también te digo que ha sido un tema que me ha dado un sinfin de alegrías. Tengo anécdotas increíbles. Pero hay otras como Dicen que la murga es, A una Mano Paloma –que no era mía pero yo la siento como mía y nos la prohibieron juntos con [Julio] Julián–, la despedida A los adolescentes no está. Muchas.

¿Y por qué están las que están?

Porque son el corazón del corazón. Todas son, pero las que están, mamma mía. Es un espectáculo fundamentalmente político también, porque el arte de la murga es una comedia musical política y si no tiene una fuerte opinión del actor puede ser excelente pero no es la murga popular que a mi me gusta, que no quiere decir que sea la única. La murga siempre tiene que tener la reflexión, la ironía, todo lo que pasa cuando una murga canta. No tiene que ser partidaria, que son 10 pesos aparte. Tiene que dar chicote a todo lo que se mueva.

En Tintabrava y el Bandón Murguero también hay un hermanamiento de dos géneros muy cercanos, la murga y el tango. ¿Cómo se da esa búsqueda?

Una vez que decidí hacerlo me pregunté cómo presentar mi obra. Tiene que ser un sonido muy Montevideano, pero diferente. Tiene que tener mucho de murga –por lo tanto va a haber una batería de murga– pero tiene también un bandoneón imprescindible, Pedro Rumbo; un contrabajo, Diego Rodríguez; un guitarrista, Seba Rey; Martín Lazaroff en el piano y la dirección de Andrés Lazaroff. Después un coro que está integrado por Diego Bueno y por tres de mis hijos: Felipe Castro, Leandro Castro y el debut de Pedro Castro que con 20 años va a debutar en el Solís. Me llena de orgullo, es un sueño increíble. Por eso en cada canción quiero representar esa historia de Tintabrava, que se la quiero dedicar a mi gente, mi familia, mis amigos, los que me escriben y me gritan por la calle.

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Empiezo el espectáculo con una poesía que escribí hace unos años cuando me entrevistaron en El Legado: El corazón del pueblo según cuentan es un lugar hermoso, celestial, paraíso de felicidades compartidas, un deleite para quienes lo puedan alcanzar. El corazón del pueblo debe ser un hermoso lugar desde donde disfrutar la eternidad. Sería hermoso poder quedar en el corazón del pueblo. A eso le he escrito toda mi vida.

Te había escuchado decir que a lo que más le temías era al olvido. ¿Lo seguís sintiendo así?

Sí. Pero sé que es inevitable. Han olvidado a los crack, ¿no me van a olvidar a mí? Lo que pasa es que tengo la esperanza de que las canciones sean el antídoto contra el olvido. Como dice la copla: Hasta que el pueblo las canta, las coplas no son. Después que el pueblo las canta, ya nadie sabe el autor. Quedar en una canción, sin que sepa ni siquiera que fue mía, porque es como quedar en un hijo, un nieto, es la sensación de la seguridad de la eternidad, y una canción igual. Las famosas y las que no lo son, porque nunca sabe uno qué tema le pega a quién y qué produce. A veces es la gota que hace germinar la semilla de amor pero no sabes en dónde, cuándo o con quién.

Te quiero llevar ahora a la televisión, en unos minutos te vas al estudio de Canal 4.

Estoy... flasheando (risas).

Pero no es la primera vez que haces televisión. Habías estado en Todos contra mí y en ¿Quién es la máscara?, en el ámbito del entretenimiento.

Es otro tipo de programa, son programas más de divertimiento. Acá apelan al ¿intelectual? No sé. Al hombre de la calle. Trato de representar como un pedazo de la gente. Soy uno más en el tablado, digo mi opinión sin ser un erudito de nada. Dijera mi madre "aprendiz de todo y oficial de nada".

¿Y cómo llegaste a este lugar en el programa?

Fue Vivi Ruggiero, que le agradezco enormemente, una crá –no por eso, sino porque es una gran periodista– que me vio en otro programa al que había ido a promocionar justamente este espectáculo y me hicieron una serie de preguntas, yo contesté según mi criterio político y social y le pareció que podía ser una voz importante en el panel. Esto de ser panelista, la nueva moda. Y me encantó de entrada. Me encontré con dos tipos con los cuales podría haber compartido hace cincuenta años una mesa en el Sorocabana, que son Tomás Friedmann y Rodolfo Fattoruso, con los cuales tenemos diferentes maneras de ver un millón de cosas pero entendemos que la pluri-opinión es la base de un sistema de vida como el uruguayo, como el montevideano, de bancar la opinión del otro. Por lo menos somos de esa generación. Te imaginarás que con Fattoruso tengo una y mil discrepancias pero tenemos una coincidencia fundamental: los dos pensamos que el mejor jugador que vimos jugar en nuestra vida fue Pedro Virgilio Rocha y eso es una coincidencia de base brutal.

¿No te habían llamado nunca de un programa de corte político?

No, porque hay una subvaloración muy grande de la murga todavía en este país. Hay mucha gente que critica en las redes –yo me río– cómo va a estar ahí un murguista. Para mí es un honor enorme. El otro día me encontré con uno que salía en Araca La Cana que es pistero de una estación de servicio y me dijo "Flaco, que lindo que estés representando a los murguistas". Yo estoy ahí también como la voz de un tipo que tiene que tener la nariz en la realidad porque todos los años la lapicera tiene que retratar lo que pasó. Yo tengo mi opinión, hay quiénes están de acuerdo y quiénes no están de acuerdo pero la felicito a Vivi y felicito al canal también porque saben que de repente no es la dirección editorial que va con mi pensamiento, sin embargo me dejan opinar y decir lo que se me canta, que eso es muy importante.

¿Qué piensas de los programas de debate? ¿Te gustaría ver a más políticos participando de la conversación?

Son shows, pero son buenos. Es interesante por lo menos ver discutir a la gente de esta manera, respetar y ser respetado. Me gustaría que los políticos fueran porque los que van se arriesgan. Todo el mundo sabe que soy de izquierda y por suerte no tengo comprometida mi opinión con nada, porque no tengo ningún puesto político y la vida me ha dado la posibilidad de no tener patrón. No tengo obligación más que con mi ética, mi moral, y mi familia que es justamente lo que te hace llevar la ética y la moral más o menos al día. Uno tiene que pensar gracias, todos los días, gracias. "Te gustó para ser artista, –dijera mi madre– bancate la vida de artista". Ha sido muy generosa la vida de artista conmigo, capaz que sin merecerlo tanto. Haber encontrado la veta publicitaria para poder vivir de eso y ahora tener la chance de dar mi opinión política, no una vez por año como hacía con La Falta, todas las semanas. Espero que contribuya a la felicidad de los uruguayos y de las uruguayas, que lo que sea que les pueda decir tenga el suficiente sentido común y amplitud como para que alguien le sirva. Lo mismo que espero con mis canciones.

Pasa con las figuras populares que habitualmente el público cree que ya las conoce, ¿qué aspecto de vos puede descubrir la gente al mirarte en la televisión desde este nuevo lugar?

Primero que no soy un erudito de nada. Como toda la vida lo hice, me arriesgo a dar mi opinión y trato de hacerlo esta vez con más respeto. Con la Murga ya de por sí lo haces desde el payaso, entonces puedes zafarte más, ridiculizar más, ser más irónico. Pero acá dos por tres meto algún verso de murga.

En ese sentido, ¿sos más Tintabrava o más Raúl Castro en la televisión?

Yo creo que soy Raúl Castro. Tintabrava es Tintabrava. Es un viejo amargado que no quiere discutir con nadie, quiere que sea lo que él quiere que se haga y que se diga lo que él quiere que se diga. Ahí no, ahí el Flaco Castro es más condescendiente, entiende más a los otros, espera para hablar.

Volviendo al carnaval, hace unos meses en una entrevista en Seré Curioso, dijiste que estabas pensando en regresar.

Tengo un hijo, Pedro, que quiere sacar una murga. "Yo quiero salir contigo", me dijo, imaginate. Tiene 20 años, es alto como yo, 20 veces más lindo –cosa que no es difícil–, canta divino y yo me muero de amor. Además yo estoy a mis 74, no tengo mucho para esperar entonces tiene que ser ahora. Tengo unas ganas bárbaras, pero también vivo en Villa Argentina con el más chico que tiene 12 años, juega al fútbol y cuando llega el verano él quiere también estar divertido allá. Tengo que jugar yo para él, no él para mí. Pero capaz que puede haber un arreglo de venir algunos días.

¿Tiene nombre?

Todavía no, pero todos los días se me ocurre un nombre nuevo. Algunos que tienen relación con Falta y Resto y otros –que me parece que voy a ir por ese camino– que no tienen nada que ver. Después la gente dirá si se le ve el viso.

¿Qué buscás cuando te planteás la posibilidad de sacar una murga?

Transformar la realidad en alegría. La realidad eh, no la superficie de la realidad. La posta, en alegría duradera, como decía el Pepe Revolución: alegría para largo, no carcajada cualquiera. Una murga cuya opinión haga dudar sobre todo lo posible haciendo reír a la gente. ¿Será tan así como yo pensaba esto? ¿Tendrán razón estos hijos de la madre? Eso me gusta que diga la gente cuando se va a la murga. Que la gente dude, porque los colectivos están para hacerte dudar y reafirmarte en esa paradoja mágica de la vida: lo que más te hace dudar es lo que más te reafirma.

¿Cómo te sentís con la idea de volver al concurso? Porque en los últimos años la falta había salido fuera del Concurso Oficial.

Sí, ha sido siempre muy guerrera con el jurado. Lo que pasa es que yo no puedo crear pensando en el gusto de un determinado jurado. Yo creo libremente, a veces coincide con el jurado y a veces no. Aprendí que no hay que romperse la cabeza, que la competencia no es necesariamente lo único que hace desarrollar al hombre, también el aporte casi desinteresado puede hacer desarrollar sobre todo el arte. Yo no sé lo que dice el texto del reglamento, no tengo idea. Cuando puse siete mujeres y siete hombres en el coro lo primero que me dijo el Cachete Espert –que Dios lo tenga a la gloria– en Daecpu fue "estás dando ventaja, Castro". La gran mayoría de los carnavaleros lo veían así. Para mí estaba 20 años adelantado. Porque las murgas van –como un montón de cosas– hacia los paritario, el caminar juntos. ¿Pero cómo lo haces entender? Haciéndolo, es la única manera. No hay predicado mejor que el del ejemplo.

¿Se entendió?

¿Sabes cómo se entendió? Mirá el lío que se armó, si se habrá entendido. ¿Vos te pensás que pasó desapercibido? Terminó Falta y Resto toda una etapa de cuarenta y pico de años con el coro paritario. Espectacular. Está grabado a fuego para los carnavaleros la Misa Murguera. No te lo dicen mucho, es más, te dicen "más de tres mujeres no… mirá la Falta". Y eso es lo más machista que te puedas imaginar, imaginate que te digan eso. Hasta La hermana de la Coneja los mata.

Embed - 10ma Etapa - Falta y Resto

Te mencionaba las últimas participaciones de Falta y Resto en Más Carnaval, un carnaval menos reglado y otro tipo de participación. ¿Te parece que el carnaval debería ir hacia ese modelo?

Toda la vida. Estamos corriendo el riesgo de que Carnaval se transforme en mucho continente y poco contenido. Se le está dando mucha prioridad a cambiarse cinco veces de gorro y cada gorro sale cinco mil pesos. La extracción social del carnavalero, mentalmente sobre todo, tiene que ser el ingenio y no la plata. Ahora para sacar una murga tenés que ponerle cinco trajes diferentes, todos deslumbrantes y llenos de lentejuelas, ¿para ganar qué? Una copa que se oxida a los tres meses. Nadie se acuerda, queda en una foto marchita. Porque los cuadros que ganan, ganan para adentro no para afuera, para mí por lo menos. Yo gané y perdí. Perdí muchísimo más de lo que gané, sin embargo para mí yo voy invicto porque cada vez que salí gané, en cada tablado que cante gané, cada vez que me manqué cantando gané, cada vez que la murga hizo reír gané, cada vez que la murga me hizo llorar gané. Gano ahora, que gracias a toda esa historia puedo subir al Teatro Solís. Gano todo el tiempo, si se tratase de ganar. Eso se logra enamorándose mucho de lo que uno hace, que es lo que te hace resiliente. Yo estoy enamorado de lo que hago. Cuando canto llego al oasis un rato, salgo del oasis, y otra vez. Es mi vida.

Te quiero llevar a la última campaña, en la previa de la segunda vuelta electoral, salió un spot del Pit-Cnt a favor del Frente Amplio en el que decías que había que "decidir entre un país con alegría, con libertad, con carnavales” y “otro país donde ni siquiera podamos tener Carnaval”. ¿Cómo lo ves ahora, cuatro años después? ¿Lo volverías a hacer?

No renuncio a esa metáfora. Lo que pasó ahora provoca una tristeza de un país sin Carnaval. [Ndr. horas antes de la entrevista Búsqueda publicó el contenido de los chats entre el presidente del Partido Nacional, Pablo Iturralde, y el exsenador Gustavo Penadés]. Eso provoca la tristeza de un país sin Carnaval, un país que toda la vida se jactó –o toda la vida mía por lo menos, a no ser con el paréntesis del gobierno militar– de mantener la separación de poderes, que es la esencia de la Democracia que le pase esto es de un país sin Carnaval. No me arrepiento un ápice.

Hay una polémica que se repite todos los años, desde un tiempo a esta parte, y en la que siempre te has expresado sobre la posibilidad de que existan “murgas de derecha”.

Sería brutal. Yo le dije a Fattoruso que si hiciese la letra de una murga de derecha se llenaría de oro. La opinión de una murga de derecha ampliaría el mercado, pero hay que conseguir letrista. Yo se la dejé ahí tirada varias veces a los muchachos que piensan de esa manera, porque una murga es como una radio o como un diario. Capaz que al principio les cuesta más. A nosotros nos censuraban cuando nacimos, pero ahora es lo contrario. Si vos haces una buena murga que halague todos los logros… en lugar del comercial de Delgado hubieran hecho una buena murga y no hubieran tenido problema ninguno.

¿Por qué te parece que no pasa?

Todavía se nubla de forma clasista la cabeza de mucha gente con el tema de la murga. Y entonces dicen "¿yo hacer una murga?". Una vez tuve una novia –era un botija de 16 años– y dije "me voy al ensayo de los Asaltantes con Patente, ¿me acompañas?" Y me dijo: "¿Qué? ¿Murga? ¡Qué horrible!". 50 años hace eso. Hoy sigue sucediendo. La murga es viento de voces que te impulsa hacia adelante, para el lugar que vos quieras. No tiene que ser partidaria pero es la opinión editorial de un grupo de muchachos. ¿Cuántas opiniones editoriales? Tantas como gente hay. Anímense, van a tener a sponsors en pila.

Es como decía Maradona: el carnaval no se mancha. Las murgas pueden decir lo que quieran, el carnaval es el espacio en donde todos podemos hablar. No demonicen el carnaval; entren, anímense a participar en todos los carnavales que pueda haber. Debería ser carnaval todo el año en este país. Todo el tiempo todo el mundo subiendo a cantar sus penas y sus alegrías por todos los barrios, porque eso es alegría, eso es fertilidad cultural. No mostrarle a la gente grandes actores en grandes escenarios. No. En cada esquina un tabladito de barrio para que se suba el barrio a cantar. Esa es una revolución cultural que debería haber en este país. Con todo el respeto que le tengo a la candidata del Frente Amplio, Carolina [Cosse], no hubiera hecho el Antel Arena si salió 120 millones de dólares. Hubiera hecho 120 tablados de un millón de dólares para que todo el mundo se subiera a cantar y a hacer cultura. De ver ya estamos aburridos, estamos metidos en estas pantallas [levanta el teléfono] el día entero. Eso es lo que tiene que hacer un Ministerio de Cultura: hacer que la gente haga arte.

Decías que el carnaval no se mancha. Volví a lo que hablábamos de un carnaval paritario y pienso en lo que pasó con el fenómeno de Varones Carnaval. ¿Esa es una mancha?

Fue una alerta dada, creo que a tiempo, y que fue buenísimo que pasara. Éramos todos partícipes de una manera de encarar el carnaval en donde todos tuvimos muchos errores que aparecieron ahí y muchísimos que no aparecieron. Nos ha hecho reflexionar como pueblo. Nuevamente el carnaval hace reflexionar al pueblo uruguayo como lo hizo en la dictadura, esta vez con Varones Carnaval porque no te olvides que después que saltó en el carnaval empezaron a saltar los varones de todos lados. ¿Qué te quiero decir con esto? Carnaval siempre es la sociedad del grotesco, es lo que muestra primero. Cuando lo ven en carnaval después la gente reflexiona. Esa es la buena murga, esa es la buena cultura popular. Entonces, ¿qué me queda de esa experiencia? Tristeza, por no haberme dado cuenta antes, y alegría, porque otra vez el carnaval le marcó el camino a la sociedad uruguaya.

Que el letrista no se olvide. ¿Ahora, cuando escribe el letrista, de qué no se puede olvidar?

De agradecer. De agradecer al principio, en el medio y al final. De agradecer.

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